Es un utilitario deportivo con un atractivo definitivamente especial. No es por su diseño, que es innegablemente anticuado y excesivamente rústico. Tampoco es ejemplo de comodidad, especialmente en el tráfico urbano, dadas las condiciones de su suspensión, concebida para superar los más inesperados obstáculos y pasar invicto los más agrestes caminos. Si bien es cierto que en otras latitudes lo buscan quienes, justamente por razones de trabajo, requieren un vehículo con estas capacidades, no es el caso de quienes de este lado del mundo lo compran para lucirlo en calles donde para nada hacen falta la tracción en cuatro ruedas, la caja de transferencia de dos velocidades y el diferencial bloqueado.

Se trata del modelo G, la inicial de Gelandewagen, de Mercedes-Benz, el todo-terreno rústico tradicional de la marca alemana, que fue desarrollado inicialmente como un vehículo militar por sugerencia del entonces Sha de Irán, a la sazón un accionista importante de la fábrica. La primera versión civil se ofreció para el año 1979 y llegó años después al mercado americano, en el 2002, como modelo G500, con un motor V8 de 5.5 litros. Nunca ha sido un modelo muy vendido, con un promedio cercano a las tres mil unidades anuales, pero no por eso deja de llamar poderosamente la atención.

Vivimos eso en carne propia por estos días, cuando tuvimos oportunidad de conducir por las calles de Miami la versión más sofisticada, más descomunalmente potente y consecuentemente más costosa del todo-terreno en cuestión: la G65 AMG. Estas tres iniciales significan que cae bajo el manto de la división de Mercedes encargada de los vehículos de más alto desempeño. En otras palabras, los motores más potentes, los acabados más lujosos, las ruedas de aleación y las llantas más anchas, la tapicería del cuero más refinado y, naturalmente, el precio más elevado.

En cuanto a planta motriz, el Mercedes-Benz G65 AMG es inminentemente descomunal. Se trata de un motor de 12 cilindros en V, con 6.0 litros de desplazamiento y turboalimentadores gemelos, que desarrolla nada menos que 621 caballos de potencia. La transmisión es automática, de siete velocidades, con tracción integral 4MATIC, y tres sistemas independientes de bloqueo del diferencial, que garantizan que, por exigente que sea el camino, el G65 jamás se quedará atorado en el barro, el hielo o la nieve.

Y si bien pueden ser muy hostiles que las cosas afuera, dentro del vehículo la comodidad no tiene límites. Y como todo en este vehículo es descomunal, el precio no podía ser la excepción, el básico comienza en los $220,400, y la versión que manejamos, con un paquete opcional, llegó a $236,325 dólares. Definitivamente, hay gente para todo.

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