Que los autos del futuro serán todos autónomos, andan diciendo por ahí, y probablemente tengan razón. Que los autos del futuro serán todos eléctricos, vienen diciendo hace ya tiempo, y aunque las políticas del gobierno presionan a los fabricantes para que ofrezcan autos cada vez más eficientes y ellos ponen en el mercado cada vez más híbridos y eléctricos, los compradores no parecen muy interesados que digamos en comprar este tipo de vehículos. Remitámonos a las cifras: hoy los fabricantes están ofreciendo a los consumidores 31 modelos híbridos; 15 híbridos plug-in, o de conectar, y 13 eléctricos. No obstante, esos vehículos logran atraer apenas al 2.87 por ciento de los compradores.

La mayoría de los que, después de haber considerado un vehículo híbrido o eléctrico, acaban comprando uno con motor convencional a gasolina, argumentan que el precio de los otros es muy alto, que la apariencia no es muy atractiva y que el desempeño tampoco los entusiasma. Con todo esto en mente, la gente de Hyundai se propuso traer al mercado un automóvil compacto que rompiera esas percepciones y el resultado es el Hyundai Ioniq del 2018, que tuvimos la oportunidad de manejar hace unos días en Santa Bárbara, California.

Vendrá con tres motorizaciones, inicialmente híbrido y también híbrido de conectar (o plug-in), y antes del fin de este año llegará en una versión completamente eléctrica. Tanto el híbrido convencional como el plug-in vendrán impulsados con un motor a gasolina, con inyección directa, 4 cilindros y 1.6 litros de desplazamiento, que entrega 104 caballos de potencia y 109 libras por pie de torsión. Ya con el motor eléctrico, la potencia aumenta a 139 caballos y la torsión a 125 libras. Ambas motorizaciones se acoplan a una transmisión automática de doble embrague, con seis velocidades.

La diferencia fundamental entre el híbrido corriente y el plug-in es que el segundo se puede conectar a la red eléctrica de 220 voltios y cargar su batería de iones de lítio y polímero, que acumula 8.9 kilovatios, y que le da una autonomía de cerca de 27 millas, sin encender el motor a gasolina. Cuando llegue la versión completamente eléctrica, que aún no hemos conducido, una carga casera completa tardará 4 horas y 25 minutos y la autonomía será de aproximadamente 124 millas.

La verdad es que el Ioniq, que tiene un precio básico comenzando en los $22,500 dólares, compite de igual a igual con otros modelos de la marca, con motor a gasolina. No sucede lo mismo con el híbrido más popular del mercado, que cuando se compara con el sedán compacto de la misma marca, resulta costando cerca de ocho mil dólares más, de manera que con lo que rinde la economía de combustible, llevaría más de una década cubrir esa diferencia. Las cuentas son muy simples: recorrer 25 millas en un auto promedio a gasolina cuesta $2 dólares con 24 centavos. En un Toyota Prius, $1.04, en un Hyundai Ioniq híbrido, un dólar, y en un Hyundai Ioniq eléctrico, 81 centavos.

Impresiona en el Ioniq el que, a pesar de su módico precio, el auto luce mucho más lujoso de lo que realmente es. Sus acabados son hechos con materiales de muy buena calidad, algunos muy novedosos, entre ellos fibra de caña de azúcar, rocas volcánicas, madera pulverizada y otros, tanto o más exóticos, que evidencian el compromiso de la marca coreana con un estilo de vida más consciente desde el punto de vista ecológico. El diseño del auto es muy atractivo, tanto por fuera como por dentro, y no por ser económico carece de aditamentos como control de velocidad de crucero inteligente y sistema de advertencia de salida de carril.

El sistema de infoentretenimiento, compatible con Android y Apple CarPlay, viene centralizado en una pantalla de 7 pulgadas estándar y opcional de 8, de muy fácil lectura. El tablero de instrumentos consiste de pantallas de cristal líquido que pueden configurarse a gusto del conductor, los botones de la consola central están ergonómicamente ubicados y su textura es tan suave como la del mejor piano de cola. Sorprenden gratamente dos muy buenas ideas: la del soporte especial para llevar la tableta y la del control del aire acondicionado para que sirva exclusivamente al conductor, de manera que no se desperdicie energía enfriando al resto del automóvil, cuando va dentro solo una persona. No me explico cómo nadie había pensado en esto antes.

La batería de un auto híbrido convencional se carga con el motor a gasolina y también regenerando energía de los frenos y del impulso del mismo vehículo, cuando no lo está empujando el motor. En el Hyundai Ioniq, el conductor puede escoger con que eficiencia se regenera esa energía, de manera que cuando, por ejemplo, el auto va bajando una montaña, el conductor puede escoger multiplicar hasta por tres el ritmo de regeneración. De esa forma se carga más la batería y se usa menos el motor a gasolina, especialmente en las condiciones de manejo urbano, en situaciones de para y arranca.

El espacio interior del Hyundai Ioniq es sorprendentemente grande, gracias a la decisión de ubicar la batería debajo de la silla trasera y el tanque de gasolina, de apenas 11 galones, debajo del espacio para los pies de los tres pasajeros de atrás. La cajuela de equipaje es amplia y la abertura de la puerta trasera permite transportar volúmenes de buen tamaño.

El auto que manejamos, el Hyundai Ioniq Limited, suntuosamente equipado, tiene un precio sugerido al consumidor de $31,500. Bastante bueno si se tienen en cuenta todas sus ventajas: económico, cómodo, práctico, atractivo y tecnológicamente muy avanzado.

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