En estos tiempos de gran demanda y escaso inventario de propiedades inmobiliarias asequibles, se presentan en el mercado fenómenos que pudiésemos decir que escapan a la imaginación más vivaz.

Ejemplos hay muchos. Pudiésemos comenzar por aquellos que, sin tener la más peregrina idea de cómo funciona la ley y el mercado inmobiliario en Norteamérica, se ofrecen como corredores de bienes raíces y agentes financieros; a veces desconociendo que se enfrentan a penas de cárcel y fuertes multas por su actividad ilícita, mientras engañan a quienes jamás preguntan porque se les muestre una licencia y confían su futuro a quien les haga un buen cuento o una promesa creíble.

Entre los vendedores de propiedades existen algunos muy creativos. Los hay quienes arreglan y pintan sus casas antes de ponerlas a la venta. Hay algunos que contratan los servicios de un decorador profesional, con el objetivo de impresionar a los posibles compradores, presentando propiedades impecables en el mercado. Y no faltan los que organizan verdaderos banquetes, para atraer a los posibles compradores, mientras abren sus casas a la consideración del público durante los fines de semana.

Pero aquellos que fingen ser dueños legales de una propiedad y se las agencian para solicitar y retener depósitos de compra, que después desaparecen con el supuesto vendedor, son extremadamente peligrosos.

Estos sujetos se las agencian para mostrar propiedades que no les pertenecen o simplemente confunden a sus posibles víctimas con direcciones inexistentes que ellos juran y perjuran pertenecen a una propiedad determinada o muestran falsa documentación de un supuesto cierre que, según ellos, por haberse efectuado en fecha reciente aún no está registrado en la instancia municipal correspondiente.

Entre los compradores también hay sus más y sus menos. Algunos aprovechan el desconocimiento de aquellos dueños que venden sus propiedades directamente, sin entrenamiento ni asesoramiento para ello, y producen cartas de precalificación sin base alguna, mientras atan la casa a un contrato y salen a piratear un préstamo, que en la mayoría de las ocasiones jamás aparece.

Los hay también que realizan ofertas por el precio total de la propiedad, con la premeditada intención de entrar en regateos posteriormente al resultado de las inspecciones; pero los peores de todos son aquellos que, sin cumplir con los depósitos de garantía requeridos en el contrato de compra venta, se las arreglan para obtener cartas que acreditan que sus depósitos están realizados.

Sigue siendo mi consejo que antes de embarcarse en un negocio de bienes raíces, siempre debe consultarse a un agente de bienes raíces que se especialice en el tipo de propiedad que se pretende comprar, a un contador y aun abogado. Sólo así podrán estar seguros de obtener los resultados que buscan.

J. A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración.” tony@ruanobrokers.com

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