Las nuevas tecnologías nos han traído vertiginosamente hasta el punto donde se ponen patas arriba las creencias nacidas con la revolución industrial hace 250 años. Existe la incertidumbre de cómo será el mañana, la influencia de las tecnologías en nuestras vidas y la concepción del mundo que ahora tenemos.

50 000 participantes se reunieron en Lisboa, Portugal, del 7 al 10 de noviembre en la quinta edición del Web Summit para discutir sobre redes sociales, programación, inteligencia artificial y su acción en la vida social, política y económica.

La Cumbre tecnológica más exitosa del mundo agrupó a políticos, empresarios, innovadores, artistas, banqueros, filósofos, y se habló no sólo de start ups y productos tecnológicos, sino que sirvió para reivindicar el lugar de Europa en la innovación global frente a la crisis abierta por el Brexit, los proteccionismos y los nacionalismos.

En uno de los debates sobre las nuevas realidades que enfrenta la política, el director general de la Organización Mundial del Comercio, Roberto Azevedo, allí presente, reconoció que el rumbo hacia la globalización genera en sectores afectados el rechazo al libre comercio y surgen abanderados de las ideas proteccionistas. Sin renunciar a la alta productividad y la innovación, tenemos que trabajar con los sectores tradicionales para incluirlos en este proceso, reconoció.

Manuel Durao Barroso, expresidente de la Comisión Europea, presente en el debate político, afirmó que es muy importante que la Unión Europea mantenga su posición en la defensa de una sociedad abierta y la economía digital. Y recalcó que los nacionalismos y los proteccionismos son unos de los mayores retos para el viejo continente.

Por su parte, el actor estadounidense Joseph Gordon Levitt, creador de la compañía de producción colaborativa Hitrecord, destacó cómo la tecnología puede impactar en la democracia en referencia a su última película en la que interpreta al exagente de la CIA Edward Snowden.

Los debates tuvieron lugar en los recintos del ultramoderno Parque de las Naciones -100.000 metros cuadrados-, en las 33 salas del Palacio de los Congresos y se diseminaron por los bares y restaurantes de la ciudad, donde entre cervezas y comidas se firmaron contratos y se concretaron estrategias de futuros negocios.

El Summit fue también una feria del pensamiento filosófico los participantes debatieron sobre la búsqueda de la vocación por la economía digital. Se preguntaron si la tecnología terminará con la democracia, trataron el concepto de Felicidad 2.0, se acercaron a la realidad virtual, a la moda de los vehículos eléctricos, polemizaron sobre el Brexit y pusieron en una balanza la moralidad y el progreso.

Esta gran feria del conocimiento reunió a los mayores compradores y vendedores de tecnología del mundo. El 65% de los asistentes eran directivos de más de 15.000 compañías tecnológicas. Asistieron, además de las conocidas Facebook, Google, Cisco o Amazon, 53.056 medianas y pequeñas empresas de todo el orbe.

Dentro de la convención se desarrolló un encuentro exclusivo para 7000 directores ejecutivos (CEO, por sus siglas en Inglés) donde estudiaron, codo a codo, cómo los nuevos software y hardware del mercado pueden transformar sus negocios.

En la sui géneris convención de Lisboa se mezclaron gurús del conocimiento, innovadores, estrellas del deporte como Luis Figo, Ronaldinho, y el jugador de la NFL Greg Jennings ante la curiosidad de 2.000 periodistas.

Cuando se celebró la primera cita en Irlanda, hace cinco años, con una participación de 400 invitados nadie podría imaginar el crecimiento y la aceptación por parte del mundo tecnológico de estas cumbres. El Web Summit de Portugal dejó, según Paula Oliveira, directora de turismo de Lisboa, más 200 millones de dólares a la ciudad.

FUENTE: REDACCIÓN

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