El presidente Donald Trump firmó el cese del programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) aprobado por Barack Obama en el 2012 y dio seis meses para que el Congreso finalmente aprobara legislación sobre los llamados dreamers.

El tiempo corre. A estas alturas muchos no saben la diferencia entre DACA y la Dream Act. DACA es una orden ejecutiva, temporal, susceptible de someterse a los vaivenes de la política. La Ley de Desarrollo, Alivio y Educación para Menores Extranjeros (Dream ACT, por sus siglas en inglés) es un proyecto de ley bipartidista para regularizar por fases a menores extranjeros; eso les otorgaría, bajo ciertos requisitos, residencia condicional y, más tarde, residencia definitiva.

Al eliminar DACA, Trump forzó al Congreso a revisar y, finalmente abordar el tema. Desde el 2001 la Dream Act entra y sale de los salones del Capitolio sin progreso alguno, a pesar de los retoques.

Pero en los últimos días pareció como si el proyecto de ley que busca regularizar a casi 800.000 jóvenes indocumentados había avanzado como nunca antes. El curso de las conversaciones entre el presidente Trump y los líderes demócratas Nancy Pelosi y Charles Schumer es una magnífica representación del estilo de negociación del magnate inmobiliario.

Bamboleo

Veamos los momentos clave de lo sucedido durante esta semana.

  • La noche del miércoles, después de una cena con Trump, los demócratas informaron de que habían llegado a un acuerdo.
  • El jueves Trump dijo que no había tal acuerdo, pero que estaba cerca.

Pelosi señaló que empezarían por la Dream Act; en cambio, Trump indicó que no le interesaba esa Ley porque incluía la ciudadanía y eso equivaldría a una Amnistía, que él rechaza.

Pelosi dijo que el Presidente había renunciado a los fondos para construir el muro en la frontera; Trump aclaró que el presupuesto para su inicio habría que colocarlo en otras leyes de este año.

Todas las partes están de acuerdo en aumentar la vigilancia fronteriza, pero difieren en los medios.

  • El viernes Trump insistió en la necesidad del muro y condicionó el acuerdo a que no exista cadena migratoria (hijos traen o regularizan a familiares indocumentados).

Precisamente, ese es el punto en que estamos. De paso por Florida, con motivo del paso del huracán Irma, Trump advirtió de que no se buscaba la cadena migratoria. "No estamos contemplando la ciudadanía o la amnistía. Estamos buscando permitir que la gente se quede aquí", precisó. Si es así, estamos frente a algo diferente al Dream Act. Por su parte, Nancy Pelosi puntualizó que no habría acuerdo si la regularización no daba paso a la residencia y eventualmente a la ciudadanía.

¿Rehenes del muro?

Los demócratas están dispuestos a conceder todo, menos el muro. Aunque Trump da la bienvenida a medidas de mayor seguridad fronteriza, insiste en el lema de su campaña. Con todo, el pulso para vincularlo con los dreamers no es gratuito: el 79 por ciento de esos indocumentados son mexicanos. Mayor seguridad fronteriza —con o sin muro— significa menor entrada de inmigrantes (y con solo amenazas la inmigración ilegal disminuyó en un 40 por ciento en los primeros meses de 2017).

DIARIO LAS AMÉRICAS intentó recabar las opiniones de representantes de los partidos Demócrata y Republicano en la Florida, pero fue imposible.

Mari Corugedo, directora de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC) en el estado de la Florida hizo estas declaraciones a DIARIO LAS AMÉRICAS.

“El tema, que forma parte de un problema mayor, que es la inmigración, ha sido muy explotado por políticos de ambos partidos. Hay mucha palabrería pero pocos hechos concretos. Espero lo mejor de estas negociaciones, pero no tengo confianza en un presidente que unos días dice 'rojo' y otros dice 'azul'. No obstante, si llegara a un acuerdo con seguridad le daría crédito a Trump y otros negociadores”

Por cierto, algunos argumentos en boca de políticos y periodistas resultan sumamente baladíes. Por ejemplo, algunos alegan que los muchachos no deben ser deportados debido a que no dominan el idioma de sus países de origen, no tienen relaciones ni amigos allí, pues solo conocen esta nación. Pamplinas. En primer lugar, si ignoran el idioma de sus padres (¿qué pasó con la educación bilingüe en California?), es algo que no embellece su Resumé. Además, se supone que los jóvenes se adaptan a cualesquiera ambientes (así lo hicieron sus padres cuando los trajeron, ¿no?) y eso de que no conocen a nadie... ¿Acaso se esfumaron sus tíos y primos, o todos cruzaron por la frontera?

En fin, todo inmigrante tiene que lidiar con otro idioma, otra cultura y hacer nuevos amigos. La razón por la cual Estados Unidos debe regularizar a los dreamers es distinta. Ante todo, económica: si bien pocos irán a parar a Silicon Valley, sí constituyen una fuerza laboral calificada que cualquier sitio en el mundo envidiaría. Un centro de análisis de la Universidad de California, Los Angeles (UCLA), calcula que si todos los elegibles resultan beneficiados por la ley, estos podrían ingresar $3.6 billones en un período de 40 años.

Además, tomando en cuenta las dificultades en el reclutamiento de soldados y oficiales en las fuerzas armadas de Estados Unidos, estos jóvenes serían muy bien recibidos en los campos de entrenamiento. Por último, aunque esencial, generalmente es gente seria, educada, responsable. El tipo de inmigrante ideal. Y, claro, existen también razones humanitarias y religiosas: aquellas que aconsejan mantener la familia unida.

¿En verdad estamos más cerca de un acuerdo? En resumen, aunque no hay un avance cierto, el hecho de que se discuta públicamente el tema de los dreamers es de por sí muy positivo. Las conversaciones deben de proseguir, con el tira y afloja natural de cualquier pacto y con el ingrediente de paradoja, incertidumbre y sorpresa que caracterizan a nuestro Presidente.

 

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