MIAMI.- La escalada verbal desatada tras el vendaval con olor a chamusquina llega después de que la indómita Corea del Norte probara con éxito dos nuevos misiles y se supiera que la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) de EEUU incluyera en un informe que ha logrado producir un cabeza nuclear de miniatura.

A la alarma del presidente de los Estados Unidos Donald Trump se le activó el intermitente rojo ante unas maniobras a las que ya debería estar acostumbrado.

De esta manera, surge el espacio para que otras naciones libres comiencen a advertirle a Washington del necesario sosiego que estas situaciones delicadas merecen. Por ello, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, afirmó que existe un "alto riesgo" de que estalle una guerra entre Estados Unidos y Corea del Norte.

Por otra parte, la canciller alemana, Ángela Merkel, criticó con dureza la retórica empleada en la crisis con Corea del Norte e indicó que no ve una "solución militar" y considera que "la escalada dialéctica es la respuesta errónea". Alemania es el país más poderoso de Europa, el territorio aliado más cercano y poderoso al conflicto, después de los socios militares naturales útiles para estos asuntos bélicos que son Rusia, China, Japón y Corea del Sur.

No obstante, el Presidente redobló el jueves la apuesta en el cruce verbal con Corea del Norte y afirmó que su amenaza de descargar "fuego y furia" no fue "suficientemente dura", después de que Pyongyang insistiera en el enfrentamiento y reiterara que está diseñando un plan para disparar misiles cerca de la isla de Guam en el Pacífico, donde Estados Unidos tiene una base militar.

“Las soluciones militares están listas si Corea del Norte actúa imprudentemente”, con ese tuit zanjó Donald Trump todo lo dicho por los expertos de defensa e inteligencia en la célebre Sala de Situación o emergencias, en la Casa Blanca.

Y añadió en su tuit: “Y confió en que el líder norcoreano, Kim Jong-un, ceda en sus amenazas para que no sea necesario utilizarlas”.

Los expertos de inteligencia dan como hecho que Corea del Norte tiene una ojiva nuclear en miniatura, pero no creen que haya sido puesta a prueba. Ese dispositivo, al lado del que ya ha posado Kim Jong-un para una foto de circulación mundial, solo funcionaría a una escala peligrosa si lograsen introducirlo dentro de uno de los misiles continentales. La alta cúpula de inteligencia de EEUU considera que para ello se están preparando con prisa y sin pausa.

Cronología de la escalada

Corea del Norte le ha dado un buen empujón a su programa de misiles este año. En febrero impulsó el primer misil y en agosto ya va por un total de 17 lanzados en 12 pruebas. En varias ocasiones los han tirado de dos en dos y su tasa de éxito ha ido in crescendo. Para el Pentágono es obvio que, con cada prueba y cada lanzamiento, la nación asiática perfecciona su tecnología.

En julio de este año precisamente los norcoreanos ensayaron su arma más avanzada, el misil balístico intercontinental (ICBM) que voló casi 1.000 kilómetros, aun siendo el primero de este tipo que lanzan. Pyongyang entonces dijo con regocijo que su poderosa arma puede llegar a cualquier lugar del mundo, incluyendo a quien considera su enemigo más acérrimo “USA”. Los expertos del Pentágono, sin embargo, sitúan su alcance solo hasta la mitad la costa de Alaska. Por supuesto que llegado a esas alturas, provocarían un daño suficiente e irreversible.

Entonces, por qué ahora, en estos primeros días de agosto ha comenzado a pasar de latente, a posible una de las amenazas bélicas más peligrosas entre dos potencias nucleares de los últimos 22 años. Existe una cronología concreta y puntual que se podría secuenciar desde que EEUU y Corea del Norte firmaron en un acuerdo para que el país asiático desmantelara su programa nuclear. Era 1994. Durante ese largo periodo de tiempo, nunca había pasado lo que en estos días, en el que un conflicto enconado ha pasado de un plano aparentemente importante a otro ostensiblemente más incendiario.

En medio de estas tensiones, Rusia, China, Francia, Corea del Sur y Alemania que, con diversos matices, mantienen intereses o determinados grados de participación en la región, ejercen de apagafuegos. Mientras, entre bambalinas, detrás del cúmulo de interés geoestratégicos y políticos y militares, otras fuerzas han comenzado a alinearse con unos y otros. Un país aparentemente ajeno como Cuba, en medio de estas tensiones, hace solo unas horas se alineó con el régimen de Pyongyang y consideró legítimo su incursión en lo que ellos consideran una carrera nuclear con grandes tradiciones norcoreanas.

Entre tanto, Corea del Norte semeja permanecer en un estado de extrañamiento de la realizad mundial. Pero la realidad es que la dinastía dictatorial de los Kim Jom-un se ha concentrado en desarrollar un programa armamentista lo suficientemente poderoso para poder sacar pecho y consolidar su peso en el mundo a ultranza.

Hablando en plata

Con sanciones de por medio, Corea del Norte seguirá redoblando sus pataletas belicistas. Si se echa una mirada atrás, es posible constatar que la secuencia de la escalada nuclear Kim Jong-un la está llevando a cabo desde seis años y confluye con su aspiración de seguir ostentando el poder sin ningún otro peligro asociado que la propia amenaza nuclear.

Los analistas coinciden es que es un dictador de manual que no tiene que preocuparse ni por leyes, ni por constituciones, ni depende de aliados internacionales para incrementar su inventario de piezas militares, que exhibe orgulloso cada 27 de julio, día que celebra la llamada Gran Guerra Patriótica de Liberación. Ha sido así desde que alcanzó el poder en 2011 al morir su padre, al que todos los compatriotas llamaban indistintamente el Querido Líder, el Amado Líder, el Gran Dirigente.

Aun siendo el benjamín de la familia, Kim Jong-un se siente heredero legítimo del poder que ostentó su padre, que a su vez éste lo heredó del suyo.

Kim Il-sung, el Amado Líder, su abuelo, luchó codo a codo con el ejército ruso y devolvió una de las pocas cosas que tiene relieve y colorido propio en aquel país empobrecido y aislado, el orgullo.

El actual dictador norcoreano sólo tiene 33 años y se ha esforzado mucho por llegar al poder máximo al que puede aspirar, imponerse como el único enemigo que Estados Unidos llegue a respetar, gracias a un supuesto arsenal nuclear por el que ha hecho más ruido que todos los alardes juntos de sus antecesores.

Michael Madden, experto del Instituto Corea-Estados Unidos de la Universidad Johns Hopkins, sostiene que "lo que Kim Jong-un quiere es mejorar sus misiles y armas nucleares y mantener al país bajo su liderazgo". O sea, consolidar su liderazgo eterno, según el canon ideológico y político de la nación más hermética del mundo.

FUENTE: Especial
 

Deja tu comentario