MIAMI.– El presidente Donald J. Trump supuestamente solicitó al entonces director del FBI James B. Comey que suspendiera las investigaciones sobre las relaciones de su exasesor Nacional de Seguridad, Michael Flynn y los rusos, reportó el diario The New York Times.

Para muchos analistas consultados por varios medios de prensa tras el anuncio, de ser cierto, el hecho pudiera constituir un intento de obstruir la justicia.

El pedido, según la nota del diario neoyorquino, se llevó a cabo el 14 de febrero pasado en una reunión en la Casa Blanca, durante la cual el mandatario también pidió a Comey que se concentrara en investigar las filtraciones a la prensa por parte de funcionarios federales, según un memorando elaborado por el director del FBI tras el encuentro.

De acuerdo con el rotativo, que cita a varios funcionarios federales que tuvieron acceso al memorando, Comey escribió que Trump le dijo: “Espero que vea esto con claridad en el sentido de dejarlo ir, de dejar a Flynn ir. Él es una buena persona. Espero que pueda dejarlo ir”, dijo el Presidente, según el NYT.

El presidente agregó entonces que Flynn era una buena persona a lo que Comey no contestó y se limitó a decir: “Sí, es una buena persona”.

La Casa Blanca desmintió de inmediato la noticia. “Aunque el Presidente ha dicho en varias ocasiones que el General Flynn es un hombre decente que servido y protegido a nuestro país, el Presidente jamás ha pedido al Sr. Comey, ni a nadie más, que acabara con la investigación, incluyendo una investigación sobre el general Flynn. El Presidente siente el mayor respeto por nuestras agencias policiales y todas las investigaciones. Esto [el artículo del The New York Times] no es una transcripción correcta de la conversación del Presidente con el sr. Comey”, indicó la Casa Blanca en un comunicado.

Flynn se encuentra bajo investigación federal que abarca también al Senado, quien le ha enviado un pedido oficial para que entregue toda la documentación en su poder sobre sus nexos con los rusos y los pagos que haya cobrado de conferencias en Moscú.

“Creo que debemos detenernos un poco más en esto. Pero mi primera reacción es sí, creo que aquí se ha intentado obstruir la justicia”, comentó a la cadena CNN el congresista demócrata Elijah Cummings.

Esta revelación de The New York Times no pudiera surgir en peor momento para el Presidente, quien se encuentra bajo fuego sobre la reunión la semana pasada con funcionarios rusos, después que el martes Trump admitió que compartió información confidencial con funcionarios rusos.

Aunque el mandatario está autorizado para ello, el gesto ha sembrado una ola de preocupación entre los aliados de Estados Unidos y funcionarios de la administración que incurrieron en contradicciones para defenderlo.

La filtración presidencial ocurrió la semana pasada durante una reunión en la Casa Blanca con el ministro de Exteriores ruso, Serguey Lavrov, y su embajador en Washington, Sergey Kislyak. Según el diario The Washington Post, el presidente compartió información confidencial sobre un supuesto plan de ataque a aerolíneas, a través del uso de computadoras portátiles, detectado por un aliado de Estados Unidos dentro de la región controlada por el estado Islámico en Irak.

La información confidencial en cuestión habría sido compartida por Israel, en el marco del intercambio de datos que suele ocurrir entre los dos aliados y se suponía que circulara dentro del círculo de aliados de Estados Unidos, que incluye los principales países europeos, Canadá y Australia. Según el diario The New York Times, citando diplomáticos estadounidenses y funcionarios familiarizados con la diseminación de la información, el gesto presidencial tiene el potencial de crear una crisis diplomática ya que Rusia es aliada de Irán y el país persa, a su vez, es un importante socio de Rusia.

En dos tuits sucesivos el martes por la mañana, Trump admitió que filtró la información pero no confirmó su carácter confidencial. “Como presidente quise compartir con Rusia (en una reunión prevista en el calendario de la Casa Blanca) lo cual tengo todo el derecho de hacerlo, los hechos referentes al terrorismo y la seguridad aérea. Razones humanitarias, además quería enormemente que Rusia dé un paso al frente en su lucha contra el EI y el terrorismo”, escribió el mandatario.

Aun así, funcionarios de inteligencia creen que, aunque está prohibida, la revelación a los rusos coloca en peligro las fuentes clandestinas en el terreno, como también abre la posibilidad de que los aliados de Estados Unidos muestren reticencias en el futuro a seguir compartiendo información. “Aquí la pregunta que hay que hacer es qué consecuencias tendrá todo esto. Creo que haber compartido algo así con los rusos representa un peligro para nosotros mismos. Me pregunto también si era la forma de transmitir esta imagen y si no pondrá al Estado Islámico en la pista de las fuentes. Hay otras formas de ‘esterilizar’ la información y hacerla más manejable”, comentó a la cadena CNN Thomas Pickering, exembajador en varios países del Medio Oriente. Es más, “no tengo razones para creer que los señores Lavrov y Kislyak sean ‘malignos’ hacia Estados Unidos pero, en el fondo, son fieles al presidente Vladimir Putin”, añadió.

Para Leon Panetta, exdirector de la CIA, “no hay forma de justificar algo así. El Presidente tiene la obligación de ser discreto en beneficio de nuestros aliados. No creo que Rusia se encuentre en esa categoría”. La exsecretaria de Estado Condoleezza Rice sostuvo que “se debe tener siempre mucho cuidado al momento de compartir información con Rusia”.

Pero la Casa Blanca se ha tratado de defender. Además de los tuits del presidente. Su asesor Nacional de Seguridad, el general H. R. McMaster, ha dado dos ruedas de prensa, en las cuales intentó tranquilizar la opinión pública. El lunes, aseguró que Trump no sabía cuál es el origen de la información y todo lo que le explicó a los rusos fue “apropiado” y “lo sé porque estuve allí”.

Sin embargo, el martes, McMaster insistió en que la conversación “fue apropiada y consistente” y “no comprometió nada porque el Presidente no sabe de dónde vino”. Otra respuesta dejó más preguntas en el aire. Instado a aclarar si la información puesta a disposición de los rusos era clasificada, McMaster no quiso dar ese paso: “No nos toca a ninguno de nosotros decir si fue o no información clasificada. Lo que decimos es que fue la apropiada”.

De todos modos, la conversación con los rusos hizo estallar las alarmas. El mismo McMaster pareció admitir que Thomas P. Bossert, el asistente presidencial de Seguridad Nacional y Contraterrorismo, recabó la ayuda de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional para contener el impacto del gesto de Trump hacia los rusos. “A lo mejor decidió hacer eso por mera precaución”, aseguró McMaster.

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