Los profesores son líderes de sus alumnos, quieran o no. Hay que facilitar a los alumnos las experiencias que les enseñarán las virtudes. Los profesores deben de dedicarle tiempo a escuchar a los alumnos. Un mundo adulto sordo ante las inquietudes de los niños o adolescentes es contrario a lo que necesitan diariamente. Los estudiantes necesitan que les tomen en serio para tomarse en serio a sí mismos. Hay que motivarlos para que visualicen cómo van a llegar a ser en el futuro. Necesitan héroes e ideales que les guíen en un mundo lleno de dramas y desastres. Los profesores deben ser capaces de motivarles hacia el bien, convencerles de sus posibilidades de hacer algo bueno. El profesor debe tener confianza con sus alumnos y darles responsabilidades.

Los profesores deben de decidirse a querer a los alumnos. Los jóvenes también necesitan el cariño de sus profesores, más aún en edades tempranas. Una educación de los sentimientos y enseñarles a querer. Hay que darle a los alumnos un orden. Los alumnos deben ser personas creativas, independientes, autónomas y libres al terminar el colegio. Enseñar a los niños el orden, el trabajo duro y la autodisciplina. Los niños deben estar rodeados por la excelencia cada día, es decir, con clases y colegios llenos de cosas excelentes. Hay que ensenarle a los alumnos cómo ser buenos amigos. Los profesores pueden enseñar a sus alumnos lo que es una verdadera amistad, con el ejemplo que dan ellos mismos y con ejemplos de personajes de la literatura y de la historia.

Los profesores deben de ofrecer programas de tutoría. Entrevistas de tú a tú con el profesor, de mucha utilidad en la adolescencia. Tener en cuenta que estas sesiones consisten en fomentar en el alumno buenos hábitos (aspectos intelectuales y del carácter), tiempos y frecuencias concretas, tener una guía para alumnos, padres y profesores de orientación en aspectos académicos. La tutoría es más que un asesoramiento profesional. Consiste en descubrir al alumno sus puntos fuertes y débiles, sus buenos y malos hábitos, animarles, orientarles para que lleven a cabo su propio proyecto personal de vida. El profesor debe ayudar al alumno a establecer metas pequeñas y accesibles al final de cada sesión de tutoría. La metodología del aula debe ser activa, ofreciendo a los alumnos la oportunidad de desarrollar cualidades de responsabilidad, entenderse con los demás y trabajar en equipo.

Dra. Sara Maria Saborido (Doctora en Educación)

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