WASHINGTON.- El 7 de agosto de 2014 fue un día memorable para Michael Flynn. Casi 500 personas acudieron al cuartel general del servicio secreto del ejército estadounidense, la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), para despedir al general de tres estrellas como director de la institución.

Flynn abandonaba el puesto un año antes de lo planeado y no lo hacía por voluntad propia. Tenía 55 años, una edad temprana para jubilarse, lo que quiere decir que le instaron para que abandonara el cargo.

El propio Flynn no sentía que se le tomara en serio. En una entrevista denunció que había advertido en varias ocasiones sobre amenazas terroristas, pero que nadie le quería escuchar.

La noche de ese 7 de agosto, el presidente Barack Obama compareció ante una cámara y explicó que había dado la orden de atacar desde el aire a la milicia terrorista Estado Islámico en Irak.

En los años siguientes, Flynn se convirtió en un duro crítico de la estrategia de Obama. Sonaba amargado y se había quedado marginado.

Por lo tanto, nadie se sorprendió cuando en febrero de 2016 aceptó el cargo de asesor en cuestiones de seguridad del candidato republicano a la presidencia estadounidense, Donald Trump, cuando en Washington nadie se podía imaginar que Trump llegase a ocupar el cargo más poderoso del mundo.

Flynn pasó a ser uno de los más leales al magnate y durante su discurso en la convención de los republicanos se unió a los gritos de los asistentes que pedían que Hillary Clinton fuera encarcelada.

Ahora el exmilitar de 57 años pasará a ocupar un puesto decisivo en la Casa Blanca. Como asesor nacional de seguridad de Trump, se convierte en la persona de confianza más cercana y más importante del nuevo presidente en situaciones de crisis y conflictos y asuntos de seguridad.

Tanto si se trata de un conflicto en el mar de la China Meridional, de una agresión rusa en el este de Europa o de un nuevo brote de ébola, el último consejo procederá de Flynn. Trump no tiene ningún tipo de experiencia en estas cuestiones, así que Flynn tendrá probablemente una gran influencia en sus decisiones.

Calificarle de controvertido, sería subestimarle. Fue un respetado miembro del servicio secreto, trabajó más de 30 años en el Ejército y se creó una reputación como comandante de las fuerzas especiales (JSOC) en Irak, que se convirtieron en máquinas de matar en la caza de terroristas.

En Irak y en Afganistán se sentó ante sospechosos de terrorismo que eran más jóvenes que él. Por aquel entonces comprendió que esos hombres poseen una forma de entender la fe muy arraigada, algo que es muy difícil de entender para los estadounidenses, según dijo en una entrevista en 2014.

Más tarde llegó a calificar el islam como una ideología política que se esconde tras una religión llegando a compararlo con tumores cancerígenos malignos. Declaró que el miedo hacia los musulmanes es racional y se mostró de acuerdo con Trump en que se debería restringir la inmigración de ciudadanos de países de mayoría musulmana.

Se puede apreciar lo mucho que le interesa desplazar a Estados Unidos del centro de la política exterior y de seguridad sobre todo en el tema de Rusia. Flynn ha abogado en varias ocasiones por poner fin al período de no relación con el Kremlin y por luchar juntos contra el Estado Islámico.

Así que puede que el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Mijail Bogdanov, se refiriera a él cuando dijo el jueves que estaban estableciendo contacto en Washington con personas que probablemente ayudarán al nuevo presidente de Estados Unidos.

De hecho, un año y medio después de su salida del servicio secreto militar, Flynn se sentó junto a Putin en una cena de gala en Moscú en la que la cadena estatal Russia Today celebraba su aniversario. En aquel momento la mala relación entre Rusia y Estados Unidos se encontraba en una nueva crisis debido a la guerra civil de Siria.

Flynn dijo que aquel día descubrió que Putin no tiene ningún tipo de respeto por el Gobierno estadounidense, una frase que Trump también ha pronunciado en repetidas ocasiones.

The New York Times apuntó que ya no se puede distinguir dónde termina la opinión de Trump y donde empieza la visión del mundo de Flynn. "Flynn ha encontrado en Trump alguien que está más que dispuesto a escucharle", escribía el diario.

Hay otro tema en el que se aprecia el empeño de Flynn en ejercer influencia. En un artículo que escribió la semana pasada, dijo que Estados Unidos debe comprender que Turquía es un socio esencial.

Según él, el clérigo Fethullah Gülen es "un mulá sospechoso que reside en Pennsylvania". A raíz de estas declaraciones, volvió a surgir el debate sobre la extradición de Gülen.

Unos días después descubrió The New York Times que la empresa de asesoramiento de Flynn se comportaba como lobbistas a favor del Gobierno turco.

Mientras tanto, también se ha especulado con que Flynn pueda convertirse en el ministro de Defensa de Trump. En tal caso, el Senado tendría que aprobarlo y con su pasado ese trámite no sería demasiado fácil.

Sin embargo, no necesitaría el permiso del Senado para ser asesor nacional de seguridad. Así que el 20 de enero de 2017, el día de la inauguración de la legislatura de Trump, se podría convertir también en un día memorable para Michael Flynn.

FUENTE: dpa

Aparecen en esta nota:

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Cree que luego del exhorto de El Vaticano y del retiro de la oposición de la mesa de diálogo, el Gobierno venezolano cumplirá con los acuerdos?

Las Más Leídas