MIAMI.– La política es el arte de la ilusión y la demagogia su mejor herramienta. Donald Trump ha viajado este jueves a Indiana a celebrar el hecho de que logró impedir la exportación de unos 1.000 puestos de trabajo hacia México, donde la firma Carrier pagaría 3 dólares la hora a sus empleados por construir aires condicionados, mientras en Estados Unidos tiene que soltar 25.

Y amenazó, durante el recorrido por las instalaciones de la empresa en Indianápolis acompañado por el vicepresidente electo, Mike Pence. “Nunca más las empresas van a poder abandonar Estados Unidos sin sufrir consecuencias. Eso no va a pasar”, dijo el presidente electo ante una nutrida concurrencia de obreros que lo aplaudieron con carteles como ‘gracias Donald’ y ‘compra Estados Unidos”.

“Solo quiero decir a todas las demás empresas de que vamos hacer grandes cosas por los negocios. A partir de ahora no hay razón para irse a ningún lado”, agregó el magnate inmobiliario.

Lo que Trump no les explicó, y la administración de Carrier Corp ha tenido la precaución de esclarecer, es que, de todos modos, parte de los puestos de trabajo sí serán enviados al país vecino del sur. Cuando anunció que había logrado impedir ese traslado el lunes pasado Trump dijo que la empresa iba a seguir manufacturando aires condicionados en Indiana. Pequeño detalle. Carrier construye aires condicionados, es de hecho una de las mejores firmas del país, pero los puestos de trabajo que serán conservados en sus instalaciones de Indiana serán los que montan estufas de aire caliente, la división de aire condicionado irá toda a México.

“Nos mantuvieron aparte. Aunque estoy optimista, lo cierto es que no sabemos cual es la situación. Se pudiera pensar que ellos (la administración) nos iban a mantener al tanto, pero no nos han dado ningún detalle”, dijo Chuck Jones, presidente de la filial 1999 del sindicato de los Trabajadores del Acero.

Un portavoz de Carrier admitió a la cadena Fox que la empresa aceptó el acuerdo porque desea “mantener las mejores relaciones” con una futura administración Trump.

De inicio, ni Trump ni nadie dio detalles sobre como un presidente electo, sin poderes ejecutivos de ningún tipo, pudo impedir una empresa de llevar adelante sus planes de reordenamiento laboral. Pero la verdad salió a flote.

El acuerdo no le va costar nada a la empresa, de hecho sale favorecida. La factura será pasada a los constituyentes, porque el estado de Indiana se comprometió a darle a Carrier facilidades tributarias, con la reducción de impuestos estatales, y una subvención durante 10 años. Y quien es el gobernador de Indiana: el mismo vicepresidente electo Mike Pence.

No está claro desde cuando un gobernador tiene autoridad para reconfigurar un sistema nuevo de impuestos o subvenciones estatales sin pasar por el Congreso local, y mucho menos la autoridad de un presidente electo sin haber aún asumido el cargo.

Pero eso parece ser un detalle menor en la gira ‘del triunfo’ que ambos han iniciado este jueves por varios estados. No hay duda, la política es el arte de la ilusión. Y en al caso de Trump parece ser el indicio de una forma de gobernar. Como si fuera el consejero delegado de una empresa que se llama Estados Unidos de América.

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