MIAMI.– Parece haber una diferencia entre el pensamiento del candidato republicano y el presidente-electo. Ahora para Donald J. Trump las cosas sencillamente no son blanco o negro, sino que existen los medio tonos, los grises, y la realidad de gobernar impone un pragmatismo donde antes afloró lo radical.

A poco más de dos semanas de las elecciones, el magnate inmobiliario ya ha cambiado algunas de sus promesas emblemáticas y sus seguidores más extremistas no están nada contentos.

Durante el segundo debate presidencial, Trump no se anduvo con rodeos al decirle en la cara de su rival demócrata, Hillary Clinton, que si llegaba a la Casa Blanca lo primero que haría seria nombrar un fiscal especial para investigar el caso de los correos electrónicos y enviarla a prisión.

“Deberías ir a la cárcel. Si gano, voy a dar instrucciones a mi secretario de Justicia para designar un fiscal especial que investigue tu situación”, le espetó el candidato republicano. Desde entonces, en los mítines de campaña sus seguidores no se cansaron de corear: “¡Enciérrenla!, ¡enciérrenla!”.

Pero ahora, el ya presidente-electo ha cambiado de opinión y Clinton no va ni siquiera a ser investigada. “No tengo ningún interés en provocar dolor a los Clinton, realmente no lo tengo. Ella ha pasado por mucho, sufrió bastante y no estoy interesado en provocar dolor. La campaña fue muy despiadada”, dijo Trump el martes durante una reunión con ejecutivos y periodistas de medios de comunicación. “No es algo que tenga muchas ganas de hacer. Hemos pasado por un periodo muy duro”, agregó.

La reacción al apaciguamiento no se hizo esperar. Los conservadores radicales, conocidos como ‘alt-right (o derecha alternativa)’ fueron muy críticos. “Promesa rota”, tituló el diario digital Breitbart News, precisamente de donde provino el ahora asesor especial de Trump en la Casa Blanca, su estratega de campaña, Stephen Bannon.

Ann Coulter, conocida comentarista conservadora, fue particularmente incisiva en su cuenta Twitter. “Pensaba que habíamos electo a (Trump) como presidente. ¿O será que le entregamos el FBI y el Departamento de Justicia? Su trabajado es escoger a esa gente, no hacer el trabajo de ellos”.

¿Se acuerdan del Muro, esa pared impenetrable que el presidente-electo prometió construir en la frontera con México? Pues ahora parece que no será más que una cerca, al menos no en su totalidad. Trump hizo del muro uno de sus caballos de batalla desde el mismo día del lanzamiento de la campaña y con esa promesa logró sumar millones de estadounidenses a sus esfuerzos presidenciales. “En algunas partes será un valla”, dijo el presidente-electo esta semana.

El cambio de política ha dejado al ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, literalmente colgado de la brocha gorda, ya que tras la noche electoral aseguró con toda seriedad ante la cadena Fox que el muro sería construido a “como dé lugar, incluso a través de una orden ejecutiva” porque “el presidente no va a romper una promesa de campaña”.

Lo mismo ha pasado con los inmigrantes indocumentados. Si durante la campaña, para Trump el futuro sería la deportación de 11.3 millones de personas, a partir de ahora la idea es “atrapar a lo que son criminales y tienen antecedentes, quizá 2 o hasta 3 millones y los vamos a sacar del país” o “los vamos a encarcelar”. Una postura muy parecida a la manifestada por Clinton durante los tres debates presidenciales.

Pero el asunto que más ha impactado es el ‘Obamacare’. El presidente-electo no dejó de recalcar durante la campaña que “mi primer acto presidencial será firmar una orden ejecutiva para borrar el Obamacare y crear un sistema alternativo más justo”.

Entretanto algo cambió. Al día siguiente de la victoria, Trump realizó una visita de cortesía al presidente Barack Obama en la Casa Blanca y salió de la reunión con una visión diferente. Ahora, el ‘Obamacare’ tiene cosas buenas que hay que mantener. Una de ellas es impedir a las empresas de seguros rehusar extender una póliza a clientes con antecedentes clínicos. “Resulta que eso es una de sus fortaleza, también la cobertura de menores que viven con sus padres. Es cierto que le agrega algo a los costos pero vamos intentar mantener”, dijo el empresario neoyorquino, tras conversar con Obama.

Trump también ha cambiado en otras cosas. Ahora los musulmanes ya no serán prohibidos de ingresar a Estados Unidos sino sometidos a un escrutinio riguroso y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) seguirá siendo el más poderoso aliado de Estados Unidos.

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