La política internacional constituye un fenómeno curioso.  Por un lado, los medios y los políticos apuntan sus focos en una dirección; por otro, las grandes decisiones se adoptan en la penumbra. 

Ese es el caso del Transatlantic Trade and Investment Partnership negociado por la administración Obama y la Unión Europea (UE). El TTIP pretende crear un área de libre comercio que incluiría a Estados Unidos y a la Unión Europea. Se trataría de un coloso económico, al que incluso China se vería atraída porque la competencia resultaría punto menos que imposible. 

Sin embargo, en Europa el TTIP – cuyas negociaciones se han llevado a cabo con sumo secreto – provoca enormes resistencias. Las razones son numerosas, pero me voy a centrar en tres: la alimentación, la medicina y la administración de justicia.

En primer lugar, la UE tendría que desarbolar una legislación alimentaria estricta. Júzguese, por ejemplo, que hay carne que se vende en Estados Unidos que, por el contrario, en la UE se considera no apta para consumo humano. En segundo lugar, en la UE rige, en términos farmacológicos, el principio de prevención.  En otras palabras, una medicina debe ser probada antes de su comercialización. 

En Estados Unidos no rige ese principio prefiriéndose más bien que sean los tribunales los que, con posterioridad y si se producen daños, establezcan las responsabilidades. 

Entre las consecuencias se encuentra el que en la UE el número de fármacos prohibidos sea, aproximadamente, diez veces más que en Estados Unidos o que sean inaccesibles tratamientos que en esta nación se despachan sin receta médica en los supermercados. 

En tercer lugar, el TTIP privaría a las naciones europeas de buena parte de su soberanía judicial, ya que las grandes transnacionales exigen que sus conflictos con los Estados no se ventilen en los tribunales ordinarios, sino mediante consejos de arbitraje. 

Así, el coloso económico surgido del TTIP sería gigantesco e incluso frenaría cualquier intento de expansión de una China que en 2014 superó el Producto Interior Bruto de Estados Unidos. 

Sin embargo, implicaría para la UE una menor seguridad alimentaria y sanitaria al reducirlas al nivel estadounidense y privaría a sus gobiernos del recurso a la justicia frente a las ilegalidades posibles de las corporaciones multinacionales.   Con Obama fuera de la Casa Blanca y con un avance de los partidos nacionalistas en Europa, no va a ser nada fácil que el TTIP llegue a firmarse.  Sea o no así, ¿cuántos programas de televisión ha visto en los últimos tiempos que aborden el tema?  ¿A cuántos políticos ha escuchado referirse a la cuestión?  Y, sin embargo, si se firma cambiará nuestras existencias de una manera que no imaginamos.        

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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