¿Es el senador Marcos Rubio uno más de la familia?
Basándose en las pocas evidencias de culpabilidad que los propios gobiernos de EEUU y Cuba tienen sobre los ataques sónicos a 22 diplomáticos norteamericanos, el senador pidió de múltiples maneras la expulsión del personal de la embajada de Cuba en Washington.

Hablando de esa otra familia que es el pueblo al que uno pertenece, entonces, categóricamente, no. Cada vez que el Senador Marcos Rubio habla sobre Cuba parece estarse remitiendo a una porción amorfa de tierra colmada de alienígenas alimentados por ósmosis.

Tal abstracción lo hace pensar exclusivamente en los cubanos corpóreos con los que suele cruzarse en sus campañas y en las actividades frecuentes de su agenda de senador de Estados Unidos.

El senador, basándose en las pocas evidencias de culpabilidad que los propios gobiernos de EEUU y Cuba tienen sobre los supuestos ataques sónicos a 22 diplomáticos norteamericanos, pidió de múltiples maneras la expulsión de funcionarios de la embajada de Cuba en Washington. Se lo pidió a Donald Trump, presidente de Estados Unidos y al Departamento de Estado a través de comunicados, declaraciones y tuits.

Aunque muchos cubanos de allá necesitan la democracia y lo saben, unos cuantos millones, también la necesitan pero nunca les han otorgado el derecho a ejercerla. Existen cientos de matices por los que hacer leña del árbol caído resulta mezquino, mucho más si ese árbol forma parte de un jardín del que muchos toman sombra.

EEUU retiró al 60% de su personal, dejando en la incertidumbre a miles de familias de allá y de aquí y retirando la esperanza de una vía de diálogo con la única nación capaz de darle un vuelco económico a "aquello".

Ayer Estados Unidos terminó expulsando a 15 de los casi 20 funcionarios de la embajada de Cuba en EEUU. Según el canciller cubano de exteriores, Bruno Rodríguez, allí quedó un solo cargo con firma para atender todas las necesidades requeridas por cubanos radicados o de visita en el exterior, sin embargo, Rubio opinó que fue "la decisión correcta" y lo celebró texteando como quien abre abre una botella de Champan bien frío.

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Ni siquiera se puede decir que un 1% de cubanos de dentro tenga twitter o pueda usarlo. Su regocijo apunta entonces hacia La Casa Blanca, olvidando así las necesidades de esa familia multitudinaria que es el pueblo donde están tus raíces.

Si el suelo patrio y toda esa parafernalia que significa compasión por los habitantes de una nación fallida, no lo han conmovido nunca, ahora mucho menos. Intentar hacer política con el tema Cuba como argumento de fondo, amerita pensar en global y no en local. Más, pensando en local, el senador se ha sumado al tema de los supuestos ataques acústicos a diplomáticos norteamericanos como si estuviera poseído por el espíritu tuitero de la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Además, aún poseído, cuestionó vía tuit la labor del Departamento de Estado en un tema delicadísimo, cuya investigación aún está en curso. Desde el punto de vista político y diplomático, ese es un fallo grave. Salvando todas las distancias, solo hay que ver el controvertido juego que tiene su mentor, Trump, con Puerto Rico.

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Y es que, cuando se trata de Cuba, el Senador Marcos Rubio suele hablar desde un único prisma, el de sus percepciones. En ese caleidoscopio en blanco y negro, los cubanos o estamos por aquí hablando fatal de todos aquellos que aguantan alegremente el hambre, la miseria y las mentiras impuestas por el régimen, o no estamos.

Acaso no sería naif decir que al acusar al régimen de escamotear la libertad de expresión a todos los cubanos, se está reconociendo que miles de personas viven atrapadas en una realidad de la que no pueden escindirse sin ayuda.

Pues bien, & acaban de volar el único puente transitable entre los cubanos y la libertad.

Despúes, como son abrumadoras las evidencias de que la Isla está gobernada por una recua de oficiales verdeolivo que no son dignos de un minuto de sus neuronas, declaró en un medio televisivo que en Cuba se sabe todo y que por tal razón no es creíble que no estén al tanto de los ataques a los diplomáticos de EEUU y de Canadá.

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Que no diga Rubio que carece de olfato político, porque hizo una candidatura presidencial en la que subió y cayó cual meteorito que ha terminado posándose en el patio trasero de la Casa Blanca, independientemente de que haya sido con categoría de paje exótico.

El caso es que desde que Donald Trump, vio los caminos abiertos para jugar con la su misma baza el tema cubanoamericano, consulta a Rubio como si de un oráculo tropical se tratara. Sin una agenda real, sin estrategia. En definitiva, el senador, al trazar sus tácticas políticas camino a la Casa Blanca ha ido alejándose de los cubanos que siguen viviendo, naciendo y creciendo en la Isla.

Para que Cuba sea país, tiene que seguir teniendo cubanos y para eso, deben conformar familias y seguirse alimentando, trabajando, aspirando. Sin cubanos, Cuba no es Cuba, y aunque estas frases parezcan plagadas de obviedades, parece que es necesario ponérselas delante a Marcos Rubio, el senador que quiere representar a una gran mayoría republicana colmada de latinos...y cubanos.

La estrategia de Rubio tienen determinadas coincidencias con los adláteres del régimen. Rubio está sentado en la abstracción de una Cuba sin cubanos y el gobierno de la Isla sueña con tener solo súbditos.

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Escribir tuits con el ánimo de lanzar a Cuba al abismo, no es salvar a los 11 millones de cubanos atrapados en una terrible encrucijada de depauperación política, económica, e ideológica. Más que a sus raíces familiares melancólicas, para sus campañas políticas, debería apelar a aquellas que tienen en cuenta a Cuba como nación y no como división asimétrica de cubanoamericanos y cubanos que no representan ni representarán jamás un voto. Puede ser que, entonces, comience a pensar como un estadista con el evolucionado sentido de la representatividad que pretende vender.

Los cubanos de dentro están entretenidos luchando el día a día, sin tiempo, medios de comunicación, u oportunidad de consolidar una estrategia nacional de oposición, sin poder constituir partidos o sustentar la labor de nuevos líderes salidos del pueblo. Hasta el momento, tanto en sus campañas como en sus asesorías furtivas o sosegadas, Rubio ha obviado la realidad de Cuba, y por eso más que una esperanza para el camino hacia la democracia en Cuba, podría estar convirtiéndose en un obstáculo, en un meteorito exótico tirado en el patio de la Casa Blanca.