Desde el tiempo de los mambises hasta la fecha, los cubanos nunca han hecho nada de forma autónoma, no tenemos esa capacidad, siempre hemos necesitado ayuda intelectual y material del exterior.

El dictador Castro se afincó al poder gracias al apoyo monetario y la inteligencia militar que la URSS le brindó. Esto quiere decir que el dictador primero que la disidencia, que ahora él y sus seguidores critican, fue un mercenario de los soviéticos. Y sin que se nos sonroje la cara ni se nos corran las pinturas, tenemos que aceptar que la disidencia hoy recibe apoyo económico en metálico y en forma de boletos aéreos y gastos de viajes. Esto me consta y no por ello tenemos que reprocharles nada.

Lo que sí hay que opinar y criticar siempre es, lo que a nuestro entender creemos que se está haciendo mal, y entre otras cosas, creo que tienen que corregir esa monotonía de hacer día tras día lo mismo, que si todos los domingos a marchar y recibir golpes en el mismo lugar, que si todos los miércoles el té literario, que si gritamos libertad y esperamos mansamente por el esbirro de turno para que venga, nos golpee y nos detenga, o lo que sea. No hombre, no.

Tienen que dinamizarse y estar por todos lados, cambiar el esquema. Yo creo que si la disidencia hiciera un trabajo semejante al de los testigos de Jehová, fuera más efectiva, y ya hubiera sumado a más cubanos para su lucha en las calles. Porque nadie se llame a engaño, a la dictadura hay que emboscarla en las calles con multitudes, no con pequeños grupos protestando.

Lo único que puede tumbar la dictadura es un levantamiento popular espontaneo que tome las calles y paralice el país como el maleconazo del 5 de agosto de 1994. Todo lo demás son payasadas que rayan en la atracción turística y el chismorreo popular, dado que el cubano en materia de política se lo toma todo a la ligera, con miedo y con sorna. Y ya para qué hablar de esos sofisticados proyectos que piden o intentan pedir derechos y libertades en forma de suplica y susurro, desde que son redactados ya están condenados al fracaso porque los dictadores se burlan y desestiman cualquier petitorio que no constituya un peligro real y físico para su trono.

Cuba necesita para estos nuevos tiempos una disidencia valiente, pero a la vez inteligente y centrada en convocar e implicar la sociedad civil y todo esto hay que hacerlo al menor tiempo posible, antes de que la isla se desborde de turismo americano y los hoteles se dupliquen o tripliquen si esperamos y aplazamos como lo hemos hecho hasta ahora. Entonces será ya muy tarde y el país se convertirá en un lupanar mugriento e irrecuperable.

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