JORGE A. GARCÍA
Especial

MIAMI.-Vi a Raúl Castro frente a las cámaras de la Televisión Cubana dando a conocer la noticia del deceso de su hermano. Según sus propias palabras: “fallece a las 10: 29 horas… y su cuerpo será cremado en las primeras horas de mañana 26 de noviembre de 2016…”

Para mí este mensaje encierra muchas dudas. No creo en la veracidad de la fecha. Afirmo que muere antes, sobre todo a raíz de los preparativos y ejecución de la Maniobra Militar Bastión 2016. Y aunque muchos fuimos de la opinión de que el móvil de estos ejercicios era el hecho de que Donald Trump gana las elecciones en los Estados Unidos, lo cierto es que usan de parapeto el evento democrático para ocultar la verdadera naturaleza de su escaramuza beligerante. Así logran poner a prueba sus fuerzas represivas para abortar cualquier intento de estallido social a producirse en la isla ante la muerte de Fidel. El hecho de mostrar algunos juguetes militares, carcomidos por el tiempo, es una manera de desviar la atención con el mismo cuento de un ataque enemigo.

Raúl Castro, nuevamente juega con los sentimientos de mi pueblo. Desboca sus mentiras hasta con la muerte de su hermano. El miedo lo lleva, incluso, a extender su mitomanía hacia los países amigos.

Fidel muere el mismo día pero 60 años después que zarpa del puerto de Tuxpan en México, en el yate Granma con 82 criminales a bordo para iniciar el fracaso de su revolución cubana.

Con la muerte de Fidel Castro muere también el “castrismo” como fenómeno social. En tanto abrigo dos emociones muy opuestas al sentido común. Primero: siento dolor; dolor porque muere alguien que se va indemne, sin enfrentar un tribunal justiciero que lo condene por su extenso obituario de muertes; por el daño cometido contra mi pueblo; por subvertir los valores del cubano y su patrimonio histórico-cultural. Y deja en ruinas todo lo bello que quedaba en pie de cuando Cuba era una República. Segundo: siento alegría porque muere un ente a los que algunos llaman ser humano; si bien para mí es otra especie, semejante a un virus, que no solo extermina a la nación cubana, también a una buena parte de la humanidad cuyo mal llega a contaminar otros pueblos de África y de América.

De momento seguirán las miserias, las penurias, la falta de todo; la pobreza en grado sumo; la represión acentuada por el temor a perder el control de una nación. El azote, visto como nube infecciosa se irá borrando, poco a poco, de la faz de la Tierra. Los vientos de paz que ya vienen soplando la empujarán hasta disolverla o ser tragada por algún hueco negro.

Ahora el cubano tiene por delante la posibilidad de devolverle a Cuba su democracia. De momento hay que ponerle frenos a los impulsos; porque la dictadura tiene tendidas sus trampas a fin de exterminar cualquier asomo desestabilizador en la isla; los cubanos de la diáspora vamos a hacer lo que el cubano de intramuros no puede. No me quedan dudas que desde anoche todas las fuerzas represivas en la isla están movilizadas en alerta máxima, y desplegadas por las calles dispuestas a arrancarle la vida a cualquier opositor, disidente o desafecto.

Sin embargo a corto plazo vislumbro un nuevo porvenir. Cuba le queda grande a Raúl Castro. Carece del carisma y los deseos de continuar gobernando. Si bien algunos críticos afirman que el Partido le pedirá una extensión de la fecha de renuncia como gobernante del país, pienso que él hará lo contrario.

Ahora sin su hermano queda libre de tomar las decisiones que le venga en ganas. Ya no tiene a nadie desde la cama que le apunte con su dedo; ya los acólitos de Fidel pierden el símbolo que los mantuvo chupando de esa teta. Los pocos Comandantes de la revolución que quedan vivos no tendrán otra alternativa que recogerse a sus casas en espera que les sobrevenga el ajuste de cuentas o la muerte. El tristemente célebre batallón que cuida la vida del Comandante en Jefe, si no es desactivado sufrirá un marcado desmembramiento en sus filas. Y una figura joven; bien sea puesta por el dedo de Raúl, fruto de un arreglo político o devenido de las aulas de una escuela élite para gobernar, no tendrá la misma filosofía de los líderes de la Sierra Maestra. Asumirá las riendas de la nación cubana desde otro prisma donde sobran los pensamientos renovadores, los anhelos de reforma, y la mentalidad del hombre contemporáneo por los caminos de la Democracia.

Anoche tuve el privilegio de ver repetido el 1ro de enero de 1959, el alboroto del cubano de entonces era manifestado por las calles de Cuba ante la huída del tirano Fulgencio Batista y el recibimiento a los barbudos venidos desde Oriente, encaramados como pordioseros en camiones y blindados. Hoy 57 años después veo la otra cara de la moneda: las calles de Miami inundadas de jóvenes que a pie o desde sus autos en interminable caravana expresan su júbilo por la muerte de Fidel.

A modo de cierre les dejo una reflexión final: A los sesudos de la inteligencia cubana se les escapa colocar la muerte de Fidel en el contexto de una fecha favorable a sus intereses y escogen una que habla por sí sola. 25 de noviembre de 2016. “Black Friday” Viernes negro en los Estados Unidos; el día posterior al “Thanksgiving Day”, Día de Acción de Gracias.

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