MIAMI.- Tras el paso del huracán, y sólo cuando las autoridades locales declaren que el peligro ha pasado, comuníquese con su agente de seguro, dentro de las 72 horas siguientes a la tormenta, para reportar los daños y tome en cuenta las siguientes claves.

  • Documente las pérdidas materiales en su vivienda o propiedad con fotografías.

  • Su póliza de seguro podría incluir alimentos, efectos personales y hasta hospedaje, según los beneficios adquiridos cuando usted solicitó la protección.

  • Junto a usted habrá muchas personas, tal vez miles, en una situación similar, y el proceso de reclamación podría demorar días, semanas e incluso meses.

  • Si no tiene seguro de propiedad, esté al tanto de la llegada de los agentes de la Agencia Federal de Emergencias, conocida por sus siglas en inglés FEMA, para solicitar ayuda del Gobierno estadounidense.

  • No pierda la paciencia ni la cordura. En la Florida la mayoría de las viviendas están protegidas por la aseguradora Citizens y el Gobierno estatal asegura que hay dinero para afrontar los daños.

Costo

  • Hoy los floridanos pagamos casi seis veces más que hace 25 años, cuando ocurrió el fenómeno del huracán Andrew.

  • Según los datos suministrados por National Association of Insurance Commissioners, la asociación nacional que contabiliza los gastos y las ganancias del negocio de los seguros, los propietarios en la Florida pagan una media de 1.991 dólares al año.
  • Quienes residen en Miami-Dade pagan mucho más que aquellos que habitan en el resto del estado floridano, adonde la fuerza de ciclones no llega porque viven alejados de las costas. “Quienes viven en Miami-Dade pagan entre 3.000 y 8.000 dólares al año”, subrayó a DIARIO LAS AMÉRICAS el presidente de Access Insurance, Mario Moreno, en Miami.

El monto a pagar es una escalofriante cantidad de dinero que pone los pelos de punta a quienes reciben la factura cada 12 meses. Es una cifra que tiene en cuenta la situación geográfica, además del valor del inmueble y el año de construcción, así como los aditivos de protección contra los temibles vientos, como los paneles de metal.

“Sabemos que el costo de la vida ha subido vertiginosamente en los últimos años, pero no sólo han aumentado los precios de los productos que consumimos, sino, además, ha aumentado el valor de los servicios y los materiales que utilizamos, en caso de destrucción natural, para reponer [materialmente] lo que teníamos”, señaló.

También el valor de los salarios ha aumentado, pero, como es usual, el incremento de los sueldos, para la gente de a pie, no es proporcional al alza de los precios del consumo y las necesidades prioritarias, en la mayoría de los casos.

“La mayor parte de la culpa del alto precio que pagamos por los seguros no radica precisamente en el alza del costo de la vida, sino en el manejo de los fondos disponibles y la ausencia de un programa estatal, bien pensado, sea nacional o regional, que ayude a costear los gastos de la destrucción”, matizó Moreno.

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