MIAMI.- Cuando el rabino argentino Mario Rojzman salió de la embajada de Israel en Buenos Aires al mediodía del 17 de marzo de 1992 no imaginaba que sería la última vez que pisaría aquel edificio neoclásico de la esquina de las calles Arroyo y Suipacha.

Había ido allí en la mañana a escuchar los reportes de unos enviados especiales sobre unas conversaciones de paz entre israelíes y palestinos que tenían lugar entonces en Madrid. A la hora del almuerzo, un amigo le dijo: “che, vamos a almorzar afuera, que la comida está horrible”.

Un rato después, recibió una llamada de su secretaria: la embajada había explotado. Se hablaba de muchos muertos, de destrozos en una iglesia y una escuela cercanas. La policía había perimetrado el lugar. Todo era caos y confusión.

Rojzman, cuenta a Diario Las Américas, quedó desconcertado. Le dijo a su secretaria que no podía ser, que había salido de allí hacía nada. En su desesperación, colgó el teléfono y marcó un número que conocía bien. “Lo primero que hice fue una estupidez: llamar a la embajada. Lógicamente, nadie respondió”.

Un almuerzo, el azar o su dios, el Dios de Israel, habían salvado su vida. En la práctica, de no haber aceptado la invitación de su amigo, él hubiera podido ser una de las 22 víctimas con nombre u otro de los siete cuerpos que nunca se lograron identificar; con suerte, otro de los más de 240 heridos.

Por un cuarto de siglo el recuerdo de aquel día lo sigue atormentando. Lo persigue la memoria de quienes aquel martes de finales de verano en Buenos Aires no pudieron salir vivos, como él, de la embajada; pero, sobre todo, la de su amiga de muchos años Marcela Droblas y la de Mirta Saientz, la hermana de su cuñado. “Pero a todos los recuerdo, dice, los conocía todos”.

Los efectos del atentado para la comunidad hebrea argentina e internacional no terminaron aquel día de marzo, asegura Rojzman. “Fue también la caída de un mito, el de las embajadas de Israel como lugares seguros, como espacios imbatibles. Desde entonces ningún lugar podría ser seguro para los judíos”.

El rabino recuerda que, a partir de esas fechas, creció el miedo entre los judíos de Buenos Aires. Muchos padres cambiaron a sus hijos de escuelas, muchas familias abandonaron el país. “Eran días de mucha incertidumbre”, dice.

A 25 años de aquellos hechos, el consulado de Israel en Florida organizó una conmemoración en una sinagoga de North Miami Beach para recordar también a las víctimas del primer atentado terrorista de la historia de Argentina y el peor realizado contra una sede diplomática israelí.

La celebración, a la que Rojzman fue invitado para contar sus experiencias de aquella tarde, junto a otros líderes espirituales y políticos de Miami, se une a la campaña “Paz sin terror”, promovida por la embajada hebrea en Buenos Aires.

Los cónsules en Miami de Israel y Argentina

Para el cónsul de Israel en Florida, Lior Haiat, la fecha no es solo motivo de evocación a las víctimas, sino también una oportunidad para recordar que los responsables de aquellos hechos todavía no han sido juzgados. “No podemos parar hasta que Irán y Hezbolá sean llevados ante la Justicia”, dijo.

El gobierno de Israel atribuyó a ese estado árabe y a la organización islamista la responsabilidad del atentado, aunque un cuarto de siglo después ninguna investigación oficial sobre el caso ha sido publicada. Aunque existen varias teorías, aún se desconoce, incluso, la forma en la que tuvo lugar.

Haiat recuerda que cuando prestó servicios diplomáticos en Buenos Aires hace más de 15 años el primer lugar al que lo llevaron fue en la plaza que hoy se ubica donde antes estuvo la embajada. Desde entonces, dice, aquel hecho marcó su carrera y su vida.

El cónsul argentino en Miami, Marcelo Martín Giusto, reconoció que todavía hay muchas preguntas que permanecen sin respuestas sobre aquellos hechos de marzo de 1992. “Nosotros, los argentinos, no somos indiferentes a este dolor, por eso estoy aquí esta noche”, afirmó.

La Corte Suprema de Argentina inició una investigación tras los sucesos, pero la causa no fue elevada a juicio hasta la fecha.

Para el rabino Rojzman conmemoraciones de este tipo constituyen llamados de alerta para salvar la memoria y combatir el terror al que él mismo sobrevivió, casi por azar, aquella tarde hace 25 años.

“El pueblo judío no es mejor ni peor que otros pueblos; pero creo que sí tenemos mejor sentido de la memoria. No podemos estar tranquilos mientras existan personas en el mundo que cada día se levanten pensando en matar a otros por pensar o creer en cosas diferentes. Lo que sucedió contra los judíos en Argentina, contra la embajada, puede pasar contra cualquier ser humano en cualquier lugar del mundo mientras exista el terrorismo”, afirma.

Atentado Argentina 1992

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