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MIAMI.- Dilcia Ruan es uno de esos seres cada vez más escasos en el mundo, que al hablar irradia lo que podríamos calificar de un “positivismo contagioso”. De origen venezolano, mirada penetrante, culta y alegre, no por casualidad es la “mano derecha” del internacionalmente conocido coach Ismael Cala, en la fundación que lleva su mismo nombre.

Si un factor ha sido determinante en el éxito del reconocido periodista y motivador de origen cubano es la sagacidad de rodearse de personas de un talante excepcional. Dilcia Ruan es una de ellas.

Al conocer un poco del pasado Ruan será más fácil entender por qué Cala delegó en esta madre de dos hijas el manejo de una organización sin fines de lucro, que en tres años ha logrado posicionarse a lo largo y ancho del continente americano mediante alianzas estratégicas con instituciones regionales.

Sus inicios

A los 16 años incursiona en lo que denomina “el mundo de lo social”. Fue en Guatire, en las afueras de Caracas. El centro de rehabilitación Hogar Vida Nueva presentaba el testimonio de un hombre que vivió gran parte de sus días en el negocio del narcotráfico. Las vivencias del que era un “jefe de pandilla” la marcarían para siempre.

“Ahí todos contaban lo que les había ocurrido. Todo me parecía tan extraño, pero al mismo tiempo me dije que por uno que se rehabilite, vale la pena este trabajo”, cuenta Dilcia.

En adelante vendrían muchas más experiencias, termina la educación secundaria, asiste a la universidad y luego se decide por el trabajo social. Había recibido grado en Marketing, pero las herramientas aprendidas empezó a utilizarlas en sus labores diarias, ayudando a personas con adicciones.

Ella es consciente de algo muy importante en la vida: “Uno debe hacer lo que realmente le gusta”.

Más tarde trabajó en prevención con Venezuela sin límites, organización de fortalecimiento institucional con una amplia trayectoria en su país y a nivel internacional. Estuvo unos 10 años con esa institución, entre 2004 y 2014, impulsando programas para niños, adolescentes y empresas.

El nuevo reto

Con un par de décadas de experiencia en planes de prevención y control a las adicciones, Dilcia llega a los Estados Unidos “como esposa de mi esposito, porque a él le propusieron montar su negocio de muebles en Miami”. En otras palabras, no tenía en mente seguir por esa línea, al menos hasta que sus dos hijas Andrea (23) y Eugenia (21) lograran insertarse en la cultura americana.

Pero la venezolana no estaba dispuesta a quedarse entre cuatro paredes mientras a su alrededor los problemas sociales tocaban a su puerta.

“De un momento a otro empiezo a desarrollar lo que conozco en Miami, temas de interacción entre padres e hijos, todo lo que es el tema digital, riesgos en redes sociales, y el tema de la adicción a las tecnologías, pero para trabajar con los padres, porque hacerlo con adolescentes es muy complejo en este país. También escribí un libro y me certifiqué como coach”, dice.

La conexión entre Ismael Cala y Dilcia Ruan la hizo Mireya Blavia de Cisneros, presidenta de Venezuela sin límites. “Me dijo: Ismael necesita una persona como tú”.

A ponerse las botas

Desde que se trataron por primera vez nació una compenetración que solo es posible entre quienes tienen un mismo sentir. Dilcia conocía el trabajo perseverante de Cala. Acercarse a él le abría un mundo de posibilidades.

“Yo no estaba buscando trabajo y me siento a conversar con él. Su idea era propiciar liderazgo para adolescentes, promover liderazgo de emociones para no tener riesgos ante las adicciones, fortalecer instituciones que trabajan con niños con discapacidades cognitivas y conseguir becas, cosa que nunca había hecho”, recuerda.

Solo bastó una reunión. “Empecé a apoyar a Ismael. Yo soy embajadora [de la fundación]; ese es mi rol”.

Pilares de la fundación

Para Dilcia, lo que está haciendo Cala con su fundación es una expresión de responsabilidad social para corresponderle al entorno de manera recíproca.

Y explica: “Ismael no solo quiere llevar un mensaje a la gente que paga por sus servicios, sino a todos aquellos que no tienen para pagar como niños, adolescentes y jóvenes, a quienes hay que proteger para que no sean víctimas de problemas sociales”.

Para que eso no suceda, la organización de Ismael Cala opera sobre tres pilares fundamentales: fortalecer instituciones, ofrecer liderazgo emocional y conseguir y entregar becas. ¿En dónde? América Latina, el Caribe y la población hispana de los Estados Unidos.

Para esta organización y su creador, el aporte dirigido a América Latina es muy importante porque es ahí donde está creciendo Cala Enterprises, la empresa de donde devenga sus ingresos el afamado motivador.

“Esto es muy sencillo. Cala quiere retornarle parte de lo que gana a las comunidades y por eso tenemos el programa de becas en línea con universidades de EEUU para jóvenes que pueden estudiar desde sus casas en nueve países”, señala.

Otra forma de retorno es el fortalecimiento institucional. En Centroamérica, una firma pidió que Cala les dictara charlas a sus ejecutivos y los dueños de la compañía hicieron un aporte significativo que finalmente fue entregado a la organización Passion Asociacion Guatemala.

En este sentido, la fundación hace alianzas locales, beneficia a instituciones pequeñas “un poco desconocidas, serias, que trabajen con mística” y luego se cerciora de que esas organizaciones crezcan en cuanto al número de voluntarios, aliados comerciales y visibilidad en los medios de comunicación.

La tercera forma de restituir a la población vulnerable parte de lo que percibe la empresa de Cala es a través de un programa de liderazgo juvenil que se articula con lo que el comunicador hace todos los días, que es promover “liderazgo emocional”.

En este aspecto, el enfoque va dirigido a entrenadores que se convierten en multiplicadores. “Este programa lo empezaremos en firme el próximo año en un país que todavía es una sorpresa”, puntualizó.

“Arte & Cala”

Otra de las actividades sobresalientes de la fundación es una cena de gala y subasta de arte a beneficio de los programas sociales, en donde se presentarán más de 25 artistas plásticos, la Siman Orchestral Foundation y el flautista Huascar Barradas, acompañado del cantante Louis Amanti.

El evento se realizará el viernes 3 de noviembre, bajo el nombre “Arte & Cala”, en EAST Miami, en el 788 Brickell Plaza.

Además de la cena, la gala incluye una “subasta silente” en la que participan artistas latinoamericanos, consagrados como nobeles, que contribuyen con esa causa humanitaria.

En la ceremonia serán subastadas obras de Nina Fuentes, Carola Bravo, Pietro Daprano, Muu Blanco, Eduardo Edo Sanabria, Rafael Muci, Toña Vegas, Nidia del Moral, Carlos Tirado, Adriana Dorta, Martin Schoffel y Luis Miguel Briceño YARUM.

También de Carlos Martínez León, Alexandra Poleo, Magui Trujillo, Daniel Adrian, Sandro Ward, Andrea Siervo, Evelyn Valdirio y Arlene Valarino, Luis Gómez Rincón y Karelis Ollarves.

Los interesados pueden obtener detalles en el sitio web www.calafoundation.org .

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