GETHZAIDA GABAZUT
Especial

Como parte de un trabajo de curso para la asignatura Gramática Avanzada del Español —programa de Maestría de la Nova Southeastern University—, presenté un cuestionario a tres autoridades en la materia: los licenciados Pedro García Albela, periodista, profesor de La Universidad Habana y excorrector de El Nuevo Herald; Jesús Hernández, editor de noticias locales de DIARIO LAS AMÉRICAS; y Adela Junco, lingüista, excorrectora de El Nuevo Herald, a cargo de la sección Bien dicho.

Cada uno nos ofrece su visión particular acerca de la calidad del español que se usa en los medios de comunicación y en la sociedad, el fenómeno del espanglish y el papel de la escuela en la enseñanza y mantenimiento del idioma.

¿Cómo evalúan ustedes la calidad del español de los medios de comunicación miamenses? ¿Existe una variante miamense del idioma de Cervantes?

Pedro García Albela:

Luego de más de siete décadas oyendo hablar y de casi el mismo tiempo leyendo español, o castellano, en muchas de sus disímiles variantes —del caló al lunfardo, del “asere” al paisa, de la mexicana a la chilena, incluyendo, por supuesto, a la habanera, la santiaguera, la “pinareña”, y así otras cuantas— me parece a mí que la que se ha ido delineando en los medios de comunicación miamenses —en los audiovisuales con mayor presencia e influencia— es de las peores, entre varias razones por esa mezcla o hibridación tan singular de diversos “españoles” latinoamericanos con el inglés, y no precisamente con el mejor inglés estadounidense.

Y de esto que acabo de escribir se desprende, obviamente, que sí, que existe una variante miamense de ese español doblemente hibridado, que en su forma extrema y más desagradable se convierte en espanglish.

Jesús Hernández:

El uso de la lengua española en nuestra ciudad, que tanto auge alcanzó a partir de los años 60 con la llegada de la inmigración cubana, está inevitablemente influenciado por la presencia del idioma inglés que prevalece en la vida pública de la nación y la afluencia del habla de las naciones hispánicas que conforman la sociedad miamense. El concepto de un “español miamense”, que hasta hoy está dado mayormente por palabras y frases traducidas literalmente del inglés, no está apoyado por una estructura gramatical mínima que lo sostenga y, por lo tanto, en mi humilde opinión, debe ser catalogado como “vocabulario localista”.

Adela Junco:

No creo que la ‘calidad’ de los medios en español de Miami sea muy diferente a aquella de países hispanos, cuyos periodistas son todos nativos del lugar y han estudiado toda su vida en él. Por citar un ejemplo, sé que lectores españoles se quejan de la ‘mala calidad’ de El País del mismo modo que miamenses lo hacen de El Nuevo Herald. Errores se cometen constantemente en la lengua escrita —a veces unos peores que otros— y si hablamos de la oral, pues siempre encontraremos muchos más aunque menos citados por aquello de que “las palabras se las lleva el viento”. Ahora bien, aquí tenemos una circunstancia que nos hace más vulnerables debido al crisol de nacionalidades que coexisten y que nos exponen a gran variedad de regionalismos y preferencias de vocablos, giros, expresiones, verbos, sustantivos, adjetivos, en fin, hablas e idiolectos de prácticamente todos los países de habla hispana, lo que nos obliga a ser más cuidadosos. Por otra parte, en cada país, en cada región, en cada ciudad y hasta en cada barrio de cualquier país y ciudad del mundo existen siempre particularidades muy propias y de diversa índole que distinguen a sus hablantes de otros que hablan la misma lengua. Así pues, existe sin duda alguna un ‘español de Miami’, caracterizado no precisamente por determinado ‘acento’, sino por la inserción de palabras inglesas españolizadas, calcos, préstamos, palabras híbridas conformadas por ambas lenguas, falsas cognadas, etc.

¿Los medios de comunicación poseen libros de estilo, o se rigen por guías de la Real Academia española (RAE) o Fundéu, para no incurrir en errores gramaticales?

Pedro García Albela:

Hasta donde yo sé, ni en los principales medios escritos —diarios, semanarios, revistas— ni en los audiovisuales, se preocupan demasiado, más bien puedo decir que nada en absoluto, de utilizar manuales de estilo, libros de gramática, reglas de ortografía. Mi experiencia personal de un lustro en El Nuevo Herald como corrector de estilo me permitió vivir de cerca esta realidad. Incluso cuando, al final de esa etapa, la dirección del diario decidió prescindir de los correctores, la razón aducida fue que esa función era obsoleta, y tanto, que en los periódicos norteamericanos no existía... La triste verdad es que la única regla de “estilo” que se aplica con todo rigor es la interdicción de las llamadas malas palabras (que ya ni la Academia las llama así, sino “malsonantes”). Y es que no se han enterado aún de que las verdaderas malas palabras, y en general las malas expresiones, son las incorrectas o disparatadas que se oyen o se leen tan a menudo en los medios.

Jesús Hernández:

Hay medios de comunicación, principalmente en la prensa escrita, que consultan las reglas de la RAE o Fundéu y aplican las normas establecidas. Otros espacios, como la radio, la televisión y la publicidad en general, optan, en muchos casos, por el uso de palabras y frases que son frutos de la fusión del español y el inglés, sin prestar mucha atención, por omisión o desconocimiento, a la salud de la lengua española en la ciudad.

Adela Junco:

Todo medio de comunicación que ‘se respete’ posee un Manual de Estilo o Guía que pauta las preferencias de uso del medio en cuestión. Por otro lado, dada la globalización en que vivimos en la actualidad y la consiguiente interacción de Academias de la Lengua de todos los países de habla hispana, se ha llegado a un amplio intercambio y cierta unificación y aceptación de regionalismos y tendencias de los diferentes países que, debido a la casi frenética interacción de personas a través de las redes sociales a una escala mundial, corren desenfrenadamente entre países y continentes. Y es precisamente la Fundéu, instituida como la “más reciente posición de la RAE”, la que ha asumido el papel de aclarar sin dilación y al punto cualquier duda de cualquier hablante en cualquier momento, ofreciendo una explicación acorde con las reglas y orientaciones de la Academia.

Tanto en los medios como en el mercado, uno escucha la mezcla de palabras y expresiones en inglés y español. ¿Consideran aceptable el llamado espanglish?

Pedro García Albela:

Ya antes califiqué al espanglish (que así aparece en el DRAE, con cursivas) como una forma extrema y la más desagradable de esa mezcla o hibridación del español —previamente ya entreverado— de Miami con el inglés, y obvia, por tanto, decir que considero inaceptable su uso en los medios. Pero ahora puedo agregar que deberían dar un paso más, y no sólo declararlo “non grato” y se acabó, sino llevar a cabo una sistemática tarea de concientización acerca de su obsolescencia, su mal gusto, su superfluidad. ¿No te parece a ti, no nos debe parecer así a todos los privilegiados con poseer esta bella lengua castellana o española?

Jesús Hernández:

Esta práctica está dada principalmente por palabras y frases innecesarias, cuyas correlaciones ya existen en la lengua española, como “aplicar por un empleo”, “alterar ropa”, “va a correr para alcalde” o simplemente “déjame saber”. Representan, además, incoherencias y disparates que proceden de la traducción literal de vocablos ingleses y no denotan necesariamente la evolución propia y popular de la lengua española que observamos en otras sociedades. Por tanto, el uso de esas palabras o frases en los medios de comunicación es inadecuado porque estimula la propagación de un vocabulario que es incorrecto.

Adela Junco:

El concepto del Spanglish o Espanglish y menos usado ‘Ingleñol’ se deriva del uso de falsas cognadas, españolizaciones, conjugaciones de verbos ingleses con desinencia correspondiente al paradigma de verbos españoles, mezcla de palabras en inglés y español, salpicada de frases comunes coloquiales de una u otra lengua, según el conocimiento de quien habla uno u otro idioma con más o menos dificultad pero que por lo general siempre predomina el más conocido. Hace algunos años resultó una verdadera epidemia, pero diría hoy en día es utilizado principalmente por personas que en realidad no hablan inglés, pero se les ‘pegan’ fórmulas coloquiales de uso frecuente, o hijos de hispanos cuya lengua madre es el inglés. Es una forma de hablar de bajo nivel y gremial, a veces entre jóvenes y de ‘ambientes’, más bien constreñido a ciertos idiolectos y, por tanto, un fenómeno social que simplemente existe. Tan aceptable como las malas palabras, formas o manifestaciones soeces, maldiciones, imprecaciones, etcétera. Un fenómeno de idiolectos, pero una especie de variante que cumple con una de las reglas de la comunicación entre individuos en el hoy reconocido “español de Estados Unidos”.

El Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa ha dicho: "Internet ha liquidado la Gramática". ¿Coinciden con esa opinión?

Pedro García Albela:

La expresión de Vargas Llosa me ha hecho recordar el chiste acerca del pan y su “facultad” para hacernos aumentar de peso —engordar, dicho en una escueta palabra—, que lo oí decir muy cómicamente al genial humorista español Leo Harlem en uno de sus monólogos: “dicen que el pan engorda; eso es mentira; tú coges un pan, lo pones ahí, y ahí se queda igualito que cuando lo pusiste, no engorda para nada: el que engorda es uno después de que te lo comes”...Y algo semejante pasa con eso de que “Internet ha liquidado la gramática”; es falso; tú entras en Internet a hacer tus cosas de internauta, abres por ejemplo tu correo o tu word, escribes un texto equis, o y griega o zeta, estás usando por consiguiente la gramática, y esta se queda ahí igual que antes; Internet no le ha hecho nada: en verdad, los que la han liquidado, o mejor (peor), están tratando de liquidarla, son algunos de la misma especie de los ¿periodistas? de quienes ya hemos hablado, incluso escritores, también alguno que otro, y asimismo, por supuesto, una gran mayoría de la masa anónima de usuarios de las redes sociales.

Jesús Hernández:

Incluso los grandes avances tecnológicos y científicos portan probabilidades de efectos secundarios que pudieran ser negativos. De hecho, siempre existió la “mala gramática”, sólo que ahora la herramienta de internet es pública y todos tenemos acceso a ella.

Adela Junco:

Coincido absolutamente con Vargas Llosa, y no solo la gramática: el ‘texteo’ a través de celulares es aún peor…

¿En qué medida la escuela puede contribuir al mejoramiento del español que se habla y escribe en Miami?

Pedro García Albela:

La escuela, las escuelas, podrían contribuir en gran medida, en toda la que se propusieran quienes las dirigen para mejorar, como tú apuntas, el español que se habla y escribe en Miami. Es sólo una cuestión de voluntad educativa, vamos a decir. Pero yo no sé si algo así podríamos esperar que sucediese próximamente o más allá. Tal vez tú misma y otras personas preocupadas y bien capacitados como ustedes puedan empujar con fuerza, y con insistencia, en esa dirección. Ojalá.

Jesús Hernández:

La escuela puede contribuir mucho, si adquiriera, adquiriéramos, conciencia de la importancia del idioma. Hay muchas maneras para estimular el buen uso del idioma, principalmente a través de la lectura y la escritura. Y cito un ejemplo: en la ciudad de Quebec, donde el francés quebecuá impera ante el inglés, la autoridad municipal, apoyada en académicos, vela por la escritura en lugares públicos y notifica a los infractores. En el caso de Miami las condiciones no están dadas para establecer un cuerpo público supervisor, pero sí podemos exhortar a los medios de comunicación a establecer una norma de “control de calidad”. No olvidemos que los comunicadores, además de informar, influyen y desempeñan el cargo de “instructores públicos” del habla, la escritura y el conocimiento.

Adela Junco:

Podría contribuir muchísimo, como los programas de enseñanza de idiomas en Europa, en un mundo cada vez más integrado en todos los aspectos de la vida social, intercambios cultural y científico. Pero la realidad es que mientras en otros estados (y países) donde hay menos hispanohablantes que aquí se han creado muy buenos programas de enseñanza bilingüe en primaria y secundaria, en Miami se han ido suprimiendo y cada año amenazan a los maestros con despedirlos.

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La autora es estudiante del programa de Maestría de la Nova Southeastern University gabaget5@gmail.com

 

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