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MIAMI.- La vida de Aldo Amenta pasó literalmente del paraíso al infierno la madrugada del 7 de noviembre de 2015. Una mala jugada del destino casi le ocasiona la muerte, en una piscina en donde sufrió severas lesiones que lo tienen postrado en una silla de ruedas, de la que no ha podido levantarse para volver a llevar una vida normal.

Este venezolano de 25 años, estudiante de ingeniería eléctrica de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), sobrevivió al accidente que sufriera en casa de un amigo, en Pinecrest, el pequeño municipio en Miami-Dade, en la que compartían varios jóvenes, pero un mal clavado le causó una fractura en la cervical que lo ha dejado lisiado, sin facultades para caminar por sí mismo.

Aldo recuerda el momento del accidente como lo peor que le ha pasado durante su corta vida. En síntesis, una noche de juerga, adrenalina a mil entre muchachos, calor infernal en Miami, cuatro de la madrugada, piscina de aguas sugestivas y pasó lo que nadie esperaba.

“No estábamos haciendo nada malo. Sólo nos habíamos tomado un par de cervezas, como todo el mundo hace. Vi la piscina en el patio de la casa de un amigo, y decidí entrar al agua para quitarme el calor. El problema es que no calculé bien y caí de cabeza, y mire como estoy ahora”, relató el estudiante.

En efecto, Aldo sufrió un severo golpe que lo dejó semiinconsciente. “No podía moverme después de eso, sentía que me ahogaba, ya me faltaban las fuerzas, pero, gracias a Dios, mi hermano, que también estaba conmigo, logró sacarme del agua”, explicó.

Pero después vendría lo peor. El joven estuvo dos semanas en coma inducido debido a una complicación que le sobrevino tras una neumonía causada por los químicos del agua de la piscina. Al despertar, se vio rodeado de máquinas, cables y estaba “entubado”. Había sido intervenido quirúrgicamente y se encontraba en el hospital Jackson Memorial.

Cuando descubrió que tenía medio cuerpo muerto, que no podía caminar, que no podía ser el mismo de antes, el estudiante se sintió en un laberinto sin salida. Cuando niño había tenido pesadillas, “como todo el mundo”, pero –según sus palabras– jamás pensó que uno de esos malos sueños se haría realidad. No poder caminar ha sido su peor pesadilla.

Una madre que lucha por su hijo

Sin embargo, Aldo tiene una madre que da la vida por él y que a partir del penoso incidente no ha cesado en su propósito de buscar un remedio para el problema que aqueja la movilidad de ese hijo que algún día espera ver recibiendo grado en la FIU.

María de los Ángeles Pozanco, quizá haciendo honor a su segundo nombre, se ha encomendado a todos los entes divinos para pedir por el restablecimiento de la capacidad motora de Aldo, y cree que está en camino de lograrlo por su propia voluntad, la de su familia y la de decenas de personas caritativas que están ayudando en esta causa.

Reconoce que no ha sido una tarea fácil. Todos los días despierta temprano, junto a su esposo Roberto Amenta, quien también está comprometido con la recuperación de Aldo, para llevarlo a una serie de terapias en un gimnasio de Doral, en donde le han dado una tarifa especial a raíz de su condición.

De repente, la voz de María de los Ángeles comienza a quebrarse y sus ojos parecen envueltos en una aureola rojiza. “Quiero ser fuerte, quiero que no me falten las fuerzas para sacar adelante a mi hijo, pero soy un ser humano. Ante todo, soy una madre que sufre al verlo en esa silla de ruedas, pasando por esas circunstancias”, señaló.

De hecho, la vida de esta mujer sufrió un giro de 180 grados como consecuencia de la contingencia que mantiene a su hijo Aldo alejado provisionalmente de los estudios universitarios. “Nosotros teníamos una mueblería, de ese negocio vivíamos, pero debido a esto nos quedamos sin ese sustento, porque primero está él y después cualquier otra cosa material”, afirmó.

Para ella, este episodio es una “película de horror” en la que no quisiera ser una de sus protagonistas. Acto seguido, habla de fe y perseverancia, del cariño que mucha gente le ha profesado a su hijo, de la buena vibra que le transmiten algunas personas, pero al recordar a aquel chiquillo inquieto, que no paraba de correr y saltar en las calles de la Caracas de su niñez, María de los Ángeles estalla en llanto. No pudo hablar más.

Otros apoyos

Pero Aldo no solo tiene una buena madre. Roberto Amenta ha dejado a un lado su vida de comerciante para dedicarse en “cuerpo y alma” a la búsqueda de una cura al mal que aqueja al primero de sus dos hijos –el segundo es Roberto Ángel– del matrimonio con María de los Ángeles, con quien completa 30 años de vida en pareja.

Desde su punto de vista, todos en la familia han conocido más a fondo el valor de la vida gracias a la perseverancia que el muchacho le está poniendo a su recuperación. Aldo fue sometido a un primer procedimiento con células madre, que le practicó el médico cubanoamericano Ramón Castellanos, pero urge una segunda intervención. “El problema es la falta de dinero”, agregó.

Roberto considera que un caso como el de su hijo les cambia la vida a todas las personas en un núcleo familiar. Ahora los Amenta son una familia mucho más unida. “Yo creo que a todo hay que sacarle provecho en esta vida, y esto nos ha servido para trabajar juntos y que cada quien ponga un poco de su tiempo, o todo su tiempo, en la rehabilitación de Aldo”, opinó.

Entretanto, Miguel Vicente Hernández, entrenador ad honorem del estudiante, considera que nada es imposible y que las lesiones sufridas por el joven venezolano pueden corregirse con terapias constantes y una dosis de mucha paciencia.

“No todo está perdido. Él tiene voluntad. Yo sí estoy seguro de que lo que él más necesita es tiempo y un poquito más de apoyo para lograr la recuperación”, acotó.

Campaña

Conscientes de la carencia de recursos económicos para restablecer las condiciones motrices del joven estudiante universitario, su familia y amigos cercanos decidieron recurrir a la solidaridad de la gente de buen corazón.

De tal manera, existen varios medios digitales para realizar donaciones que servirán en el proceso de rehabilitación total de Aldo Amenta. Se ha recurrido a cuentas en Facebook, Youcaring y Gofundme con ese propósito altruista, a las que puede acceder escribiendo el nombre Aldo Amenta en el lugar indicado.

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