MIAMI.- Las preguntas no faltan: “¿Y qué pasaría si un huracán categoría 4 o 5 nos pasa por encima?”, “¿Estamos realmente preparados?”, “¿Es que puede existir verdadera preparación para un fenómeno tan monstruoso?”.

Está claro que nadie se ha cruzado de brazos. El Condado y las ciudades pusieron en vigor sus medidas desde antes de que Irma se asomara por Los Cayos. Sin embargo, uno se pregunta si los planes de contingencia parten de premisas inexactas o demasiado conservadoras. Porque después de cuatro días de un fenómeno que apenas nos rozó con su aliento, hay todavía miles sin electricidad, un tercio de los semáforos apagados y toneladas de desechos en las orillas de las calles.

Diario Las Américas quiso recoger la opinión del alcalde del Condado, Carlos Giménez, y de su vocero Mike Hernández, pero fue imposible contactarlos.

Indagamos con el alcalde de la Ciudad de Miami, Tomás Regalado, acerca de las tareas de limpieza y recuperación. “Todos los recursos de los departamentos de Obras Públicas y de Basura, además de tres compañías privadas contratadas, se han puesto en función de esta tarea. Estamos recogiendo 400 toneladas diarias de escombros. Continuaremos el trabajo el sábado y domingo”, detalla. “Hoy jueves se han sumado 10 camiones con grúas especiales para recoger troncos muy grandes. Y ya el domingo tendremos 40 camiones adicionales de compañías privadas”. Y prosigue: “Esperamos terminar la semana próxima”.

400 toneladas diarias

Quizá se quedó corto, le comentamos, a juzgar por la cantidad de ramas que se ven en las calles. “Para nada. Las grúas que sumaremos el domingo son industriales y eso nos dobla la capacidad de recogida”, replica”. “¿Y hay alguna prioridad para ciertas zonas o vías?, preguntamos “Claro, primero las avenidas y calles principales para que el tráfico pueda fluir normalmente; después, los barrios residenciales. La Ciudad de Miami está dividida en doce zonas y en cada una de ellas hay equipos de limpieza”, concluye.

Sin embargo, las personas se impacientan. Mariela Fernández transita a diario por Coral Way en camino a su escuela, donde es maestra de Español. Se pregunta cuándo recogerán los desechos, porque en algunos tramos la vía es sumamente estrecha. “Las ramas ya están secas y aún no las han recogido; si esto es así en una vía tan importante como esta, ¿qué dejaremos para los barrios? Frente a mi casa hay montones de basura y escombros”.

Francis Suárez, comisionado de la Ciudad de Miami y aspirante al puesto de la Alcaldía en las elecciones de noviembre, me cuenta que ha estado ocupado en problemas que dejó el huracán. Suárez, que aún no tiene electricidad en su casa, afirma que “la prioridad es acondicionar las calles para que los camiones de la FPL puedan pasar y restablecerla”. Él junto a sus colaboradores y un grupo de voluntarios de su distrito se dieron a la tarea de retirar los troncos que bloquean las calles y arrastrar las ramas hasta las orillas. “Hay mucha voluntad y energía en la gente y quise aprovecharlas para algo muy concreto: ayudar a los esfuerzos por la limpieza. La respuesta ha sido formidable”, argumenta.

Pero la gente del distrito de Suárez que carece de fluido eléctrico y pasa por los rigores del calor miamense piensa en otro tipo de energía. Carlos González, que vive en Shenandoah, está en ese grupo y se muestra enojado. “Los cables de electricidad se caen no tanto por la fuerza del viento como por los golpes de las ramas. Cuando estas se rompen arrastran los cables. En el 2016 las cuadrillas de la FPL, como en otros años, salieron a podar los árboles. Este año no fue así y desconozco las razones. Quizás quisieron ahorrar, pero lo cierto es que hay muchos como yo sin electricidad”.

Hialeah se recupera

El alcalde Carlos Hernández refiere que la Ciudad de Hialeah ha estado trabajando en la recuperación y limpieza desde el primer día. “Nos hemos concentrado en despejar las vías para que pueda fluir el tránsito. Primero, las calles principales y luego las de los barrios”, apunta. “Todavía no hemos recogido nada, salvo algún caso excepcional. A partir del lunes empezaremos”, amplía. “¿Y cuándo terminarán?”, precisamos. “No te lo puedo decir con exactitud. Será lo antes posible. Ya Hialeah vuelve a la normalidad. Poco a poco. Los negocios están abriendo y la gente se desplaza por las vías”, asegura.

La Ciudad de Coral Gables se caracteriza por sus árboles antiquísimos, paseos verdes y cuidados jardines. Allí los estragos de Irma afectaron fuertemente la vegetación. Hablamos al respecto con el alcalde, Raúl Valdes-Fauli. “La destrucción ha sido grande; todos los ficus se cayeron. Hemos limpiado las vías principales (Le Jeune, Coral Way) y otras aledañas para facilitar el tránsito y en breve llevaremos los árboles hacia ciertos sitios donde serán molidos. La coordinación ha sido muy difícil y estamos trabajando intensamente”, sostiene.

Pudimos conversar también con el comisionado de esa Ciudad, Vicente Lagos.

“Mira, primeramente abrimos las vías a fin de que pudieran pasar los camiones de la FPL, los bomberos y la Policía. Pero aún no hemos recogido los despojos, que son inmensos. Calculamos que hay 170 mil yardas cúbicas de basura, rama y troncos. Eso nos puede llevar de 3 a 4 semanas de trabajo”, indica Lagos.

“¿Eso no demora demasiado?”, cuestionamos. “Sí, eso es algo que debatiremos en la reunión de la Comisión de este jueves. El Condado dispone de cerca de 15 empresas, locales y ya verificadas, para emprender ese trabajo. Sin embargo, vamos a contratar a una compañía, Ash Britt Enviromental, con sede en el Panhandle, para que se ocupe, y sus primeros camiones solo llegarán el domingo. Me han dicho que se debe a exigencias de FEMA, pero es algo incorrecto, a mi juicio. Necesitamos actuar ahora, porque hay mucha gente afectada”, enfatiza.

“¿Qué pasa con los viejos robles de Coral Gables?”, nos interesamos. “En algunos casos, trataremos de colocarlos en su lugar, si eso es posible. En otros, habrá que retirarlos y sembrar nuevos”.

Días más, días menos las cosas volverán a su lugar y habrá electricidad, internet y calles limpias. El peligro es que la normalidad nos paralice. Aquí va una propuesta como antídoto: ¿No sería oportuno considerar soterrar los cables de electricidad y telefonía? Sale caro, sí, pero no tanto como los gastos que ahora la situación nos obliga.

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