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Si hay algo que destacar en la personalidad de Indira Leal, entre muchas de sus virtudes, es la forma de ver la vida de esta actriz, directora y productora de teatro y televisión. Para la polifacética venezolana, nacida en Caracas, que siempre se muestra alegre y jovial, la palabra “fracaso” no existe en su vocabulario.

Indira creció en su ciudad natal rodeada de arte y literatura, gracias a la marcada influencia de su padre. Más tarde, en el liceo Simón Rodríguez y en el José Manuel Ponte descubriría su pasión por el teatro. Después estudió artes en la Universidad Central de Venezuela (UCV), y descartó de tajo la posibilidad de convertirse en bióloga. Desde entonces, no ha parado de trabajar en el medio artístico.

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Sus inicios en el mundo de la actuación se dieron con las agrupaciones Contrafuego y Rajatabla, mientras recibía formación en guión, producción y dirección de cine en el Ateneo de Caracas y la UCV. En Venezuela, participó como actriz en más de 30 obras de teatro e innumerables proyectos de cine y televisión. Su rostro es inolvidable para muchos venezolanos y admiradores de otras nacionalidades.

Llegó a Estados Unidos hace siete años y desde hace tres cambió “el frío del Norte” por el veraniego clima de Miami. En el estado de New Hampshire y en las ciudades de Boston y New York, logró establecer en corto tiempo eventos que, junto a sus maletas, se trajo a la Capital del Sol: el Venezuelan Film Festival y Cinema Venezuela.

Al llegar a Miami se encontró frente a un mar de posibilidades. Su experiencia y amplios conocimientos la llevaron a “reinventarse” y pronto hallaría el espacio para hacer lo que siempre ha hecho. Por eso no se arrepiente del paso que dio siguiendo los acordes de su esposo, el laureado músico José Ramón Duque, a quien califica como su “confidente, amigo y socio de muchas locuras”.

Cree que en el mundo del teatro y la televisión los actores encuentran serias dificultades pero, a pesar de ello, considera que se puede vivir de esa actividad. Para ella, lo importante es no parar de hacer cosas. En su mente tiene una premisa muy clara: Miami es una ciudad para que la abraces, si no, ella no te abraza a ti. Todo el tiempo elogia a la cálida urbe del sur de la Florida, que la recibió con los brazos abiertos y agradece la receptividad que ha tenido entre la gente cada día.

Además del Venezuelan Film Festival y el Cinema Venezuela, que organiza anualmente, Indira realiza microteatro, en el Centro Cultural Español, y también un festival denominado Breves y Cortos, en el Paseo de las Artes, de Doral. Allí tiene un pequeño teatro, al que asiste un alto número de personas. Desde que se radicó en Miami, el público ha podido deleitarse con más de 40 obras puestas en escena.

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Pero hablar con alguien nacido en Venezuela, sin importar su condición social o económica, y no abordar el tema de la crisis que padece ese país sudamericano, es como asistir a una de las tantas presentaciones de Leal y no terminar ovacionando su enorme talento.

Considera que para cualquier actor “llorar amargamente” ante lo que está padeciendo el pueblo venezolano, no requeriría de mayor esfuerzo. No hay noche que no piense en sus familiares que aún viven en Venezuela y asegura que algunas mañanas despierta sobresaltada, con lágrimas en los ojos.

Indira, como muchos otros que tuvieron que abandonar su país, celebra el viraje que le confirió a su vida al traerla a Miami y confiesa que no olvidada a sus hermanos venezolanos.

 

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