Por Friedemann Kohler (dpa)

MOSCÚ.- En agosto de 1937 comenzó la época más oscura de la Unión Soviética: el dictador Joseph Stalin ordenó el asesinato de cientos de miles de presuntos opositores. Para la Rusia de hoy, recordar los tiempos del Gran Terror no es fácil.

El cementerio de Levashovo es un lugar impresionante. Los pinos se alzan sobre el suelo accidentado lleno de colinas y tumbas. En las fosas comunes situadas en la periferia de San Petersburgo están enterradas 19.450 personas. Muchas de ellas fueron asesinadas en los años 1937/38, cuando el terror del dictador soviético alcanzó su peor momento.

Entre agosto de 1937 y noviembre de 1938 fueron detenidos en la Unión Soviética unos 1,5 millones de presuntos enemigos del pueblo, traidores o espías, de los que 680.000 fueron ejecutados. Y en Rusia hay muchos lugares como este, donde los verdugos del entonces servicio secreto NKVD enterraron a sus víctimas: Butovo y Kommunarka, cerca de Moscú, Sandarmoh y Krasny, en la región de Carelia, en el norte de Rusia...

Según el historiador Robert Conquest, en San Petersburgo, entonces llamada Leningrado, el Gran Terror causó 45.000 víctimas. No hay registros precisos de enterramientos en Levashovo, pero probablemente en este lugar están sepultados el filósofo religioso Pavel Florenski y el poeta Boris Kornilov.

"Una vez al año venimos aquí para homenajear a los muertos", dice Irina Tyrul, de 84 años. Esta rusa de origen letón descubrió en las actas que su padre, Alfred Tyrulis, asesinado en 1944, fue enterrado en Levashovo, y colocó en su memoria un pequeño monumento sepulcral. En tiempos de la Unión Soviética, la ubicación de las fosas comunes fue un secreto cuidadosamente guardado, pero desde el año 1989, Levashovo es un lugar conmemorativo. Los deudos de las víctimas les han devuelto sus nombres con fotos colgadas en árboles, cruces y piedras.

El actual Gobierno ruso prefiere hablar lo menos posible del terror estalinista, dice Tyrul. Rusia conmemora este año el centenario de la revolución de febrero y la revolución de octubre. En medio de estas fechas, el sangriento verano de 1937, hace 80 años, es un incómodo tercer aniversario. "El Gran Terror es un momento clave en el debate sobre Stalin y sobre lo que significa su legado para el desarrollo actual del país", dice a dpa en Moscú el historiador y biógrafo de Stalin Oleg Jlevniuk.

Para los antistalinistas en Rusia, las víctimas del terror son una prueba contundente del carácter criminal del régimen de Stalin. El otro bando, en cambio, subraya el papel de Stalin como vencedor del fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Y la coyuntura política favorece más bien al segundo bando: el presidente Vladimir Putin no quiere demasiadas críticas. "Una demonización desproporcionada de Stalin es un recurso para atacar a la Unión Soviética y a Rusia", afirmó ante la cámara del realizador estadounidense Oliver Stone.

En varias ciudades rusas se han erigido en los últimos años monumentos a Stalin. Por el contrario, a quien pide un debate abierto sobre el pasado estalinista le ponen trabas. El prestigioso investigador Yuri Dmitriyev, de la asociación Memorial, que descubrió las fosas comunes en Carelia, ha sido llevado a los tribunales acusado de pornografía infantil.

Es imposible pensar en el régimen soviético y en Stalin sin el fenómeno de la violencia, señala Jlevniuk. En 1937 coincidieron varias olas del terror: conocidos funcionarios del Partido Comunista fueron condenados en simulacros de juicio, el Ejército Rojo fue objeto de represiones y el viceministro de Defensa Mijail Tujachevski fue pasado por las armas.

Sin embargo, las operaciones masivas comenzaron con el decreto No. 00447 del NKVD del 30 de julio de 1937 "para la represión de antiguos kulaks, criminales y otros elementos antisoviéticos". Según Jlevniuk, Stalin quería neutralizar a todos sus rivales y enemigos por temor a que la Guerra Civil Española y el rearme de la Alemania de Hitler derivaran en un conflicto bélico internacional. "Se trataba de aniquilar una Quinta Columna, que en realidad solo existía en el pensamiento de Stalin".

La persecución afectó a campesinos, ex funcionarios zaristas, seguidores de partidos no comunistas, sacerdotes y creyentes, que fueron arrestados, torturados y condenados por "troikas", tribunales integrados por tres jueces. A cada república soviética y a cada región se le indicaba cuántas personas tenían que ser arrestadas y cuántas ejecutadas. Y cada órgano de poder local pedía que le asignaran cuotas aún más elevadas para quedar bien ante Stalin y el jefe del servicio secreto, Nikolai Yezhov.

Las operaciones masivas también se dirigieron contra minorías nacionales como los ruso-alemanes, polacos, letones, estonios, finlandeses, griegos, iraníes, coreanos y chinos. Durante 16 meses fueron asesinadas cada día en la Unión Soviética unas 1.400 personas. Stalin puso fin al Gran Terror de forma abrupta, tal como lo había comenzado. Jlevniuk cree que el dictador tomó esta decisión ante el desplome de la disciplina en las fábricas y en el Ejército y porque el daño causado a la economía se había hecho demasiado grande.

Sin embargo, los asesinatos continuaron en menor medida hasta la muerte de Stalin en 1953. En Levashovo fueron enterradas las últimas personas ejecutadas en 1954. En este cementerio, de 11 hectáreas, cada grupo étnico perseguido ha recibido su propio monumento.

Tyrul, su esposo y una sobrina de Vladivostok se paran delante de cada monumento en el cementerio. En la escuela la insultaban llamándola "hija de un enemigo del pueblo", recuerda. Le prohibieron hacerse profesora y solo le dieron permiso para trabajar en un jardín infantil. "A pesar de todo, gané una medalla como maestra preescolar en Rusia".

FUENTE: dpa

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