BERLÍN.- El terrorismo ha cambiado las prioridades de cara a las elecciones generales en Alemania el próximo 24 de septiembre.

Si en la campaña para los comicios de 2013 los grandes temas eran el salario mínimo, la crisis financiera y los rescates de países europeos altamente endeudados, cuatro años después, y de nuevo con Angela Merkel liderando las encuestas, los temas económicos apenas son mentados por candidatos de uno u otro partido.

En vez de Grecia o de la sostenibilidad de la deuda pública, el discurso político en Berlín gira ahora en torno a laseguridad.

"El terrorismo islamista genera nuevas amenazas. La situación de seguridad ha cambiado en Alemania y en Europa", señaló recientemente el ministro del Interior, Thomas de Maizière.

La barbarie yihadista dejó su estela en Alemania con tres atentados en 2016, el más sangriento perpetrado el pasado diciembre en un mercado navideño de Berlín en el que fallecieron 12 personas.

En este contexto, el reciente estudio "Los miedos de los alemanes" sitúa al terrorismo como el mayor temor de laciudadanía del país.

Los partidos lo saben y por eso no es casualidad que en los carteles electorales de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel, bajo la imagen de una canciller sonriente, aparezca el mensaje "Seguridad y Orden".

Hace dos años, los ataques perpetrados en Niza, París y Bruselas ya hacían presagiar que el fantasma del terrorismo no tardaría en personarse en la potencia europea.

"Podemos decir que Europa, y por lo tanto también Alemania, está en el punto de mira del terrorismo islamista. EnAlemania partimos de un riesgo elevado de atentado", advirtió en varias ocasiones Holger Münch, director de la Oficina de Investigación Criminal de Alemania (BKA).

Las investigaciones de los servicios secretos reforzaron los temores al revelar que entre los cerca de 900.000 refugiados que entraron en Alemania en plena ola migratoria de 2015 se habían mezclado islamistas utilizando identidades falsas.

Las alarmas se activaban mientras el partido ultraderechista y populista Alternativa para Alemania (AfD) encadenaba victorias electorales en los comicios regionales con un discurso xenófobo y antiislam que identificaba inmigración con terrorismo.

El mensaje del miedo calaba con facilidad en una sociedad que se sentía horrorizada al comprobar que los terroristas que atentaban en suelo alemán habían sido acogidos como refugiados.

La conmoción fue todavía mayor cuando se constató que Anis Amri, el joven tunecino que embistió con un camión a lamultitud en un mercado navideño de Berlín segando la vida de una docena de personas, utilizó 14 identidades diferentes en Alemania.

Era la prueba definitiva de que el sistema presentaba demasiadas vulnerabilidades. Era el flanco débil que laultraderecha había encontrado para atacar a los partidos en el poder.

“Estos son los muertos de Merkel”, se apresuró a decir el eurodiputado de AfD Marcus Pretzell la misma noche del atentado que posteriormente fue reivindicado por la milicia terrorista Estado Islámico (EI).

A marchas forzadas y con la vista puesta en la gran cita con las urnas, Alemania fue desprendiéndose del halo de buen samaritano que emocionó al mundo. Las imágenes de bienvenida en las estaciones de tren fueron sustituidas por comparecencias políticas en las que se anunciaba mano dura con los inmigrantes que cometiesen delitos en Alemania o amenazasen la seguridad nacional.

Se agilizaron así los arrestos y las expulsiones de extranjeros potencialmente peligrosos, que las autoridades cifraron en unos 600. Se introdujeron tobilleras electrónicas para vigilar a presuntos terroristas y se dio luz verde al decomiso de los teléfonos móviles de refugiados con el objetivo de determinar su identidad.

Berlín además inauguró un nuevo centro de coordinación antiterrorista y con los votos de la gran coalición de Gobierno (integrada por la CDU de Merkel y el Partido Socialdemócrata como socio menor) se relajó la hasta entonces restrictiva ley de protección de datos para autorizar una mayor videovigilancia en lugares públicos.

Todo, mientras Angela Merkel repetía un nuevo mantra: "Es necesario defender la forma de vida de las sociedades europeas y no acostumbrarse al terror".

En este mismo mensaje insistió la canciller el pasado fin de semana en el único debate televisivo en el que se midió a su principal rival en las legislativas del 24 de septiembre, el sociademócrata Martin Schulz.

Un cara a cara en el que ambos aspirantes parecían más preocupados en frenar el discurso de los ultraderechistas de la AfD que en defender sus propios programas.

La dirigente aprovechó prácticamente toda su intervención para reconciliarse con los votantes por los errores cometidos durante la ola de refugiados y para comprometerse a aumentar el número de agentes de policía.

De la economía, apenas un par de referencias. Porque ha llegado un punto en el que Merkel se puede presentar a unas elecciones permitiéndose el lujo de presumir de logros económicos sin ni siquiera referirse a las cifras que avalan tales éxitos. "Ustedes me conocen", suele decir. Y con eso, a su juicio, basta.

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