KRNJACA.- Roseyín Domínguez es cubana, tiene 32 años y lleva siete meses con su marido y su hija en una pequeña habitación en el centro de asilo en Krnjaca, en las afueras de Belgrado, con la esperanza de una vida nueva y mejor.

"He abandonado Cuba por cuestiones de política, de represión y porque no estoy de acuerdo con el Gobierno que está", explica en declaraciones a Efe.

"Mi vida, tengo pensado que mejore mucho. Todo depende del esfuerzo que yo le ponga de aprender el idioma (serbio), de buscar un buen trabajo, de superarme mucho más en esta vida", asegura la cocinera, oriunda de La Habana.

Hace ocho meses la familia emprendió el incierto viaje a través de Rusia y Montenegro, países donde los cubanos no necesitan visado para ingresar como turistas.

Ante la imposibilidad de seguir hacia un país de la Unión Europea, piensan por ahora quedarse en Serbia, donde han pedido asilo político y están a la espera de una respuesta.

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Un refugiado cubano cocina para el resto de sus compañeros migrantes en un campañento en Serbia.
Un refugiado cubano cocina para el resto de sus compañeros migrantes en un campañento en Serbia.

En Serbia no han sentido represión ni discriminación por ser mulatos, aunque su sueño sigue siendo llegar a España, no solo por el idioma, sino también "por las libertades que hay allí".

"Hay muchísimos cubanos en España ahora mismo, y sería como volver a mis raíces", cuenta Roseyín, que por razones de seguridad prefiere que ni ella ni su familia sean filmados ni retratados.

El caso de esta familia cubana no es único en Serbia. En los centros de refugiados del país hay en la actualidad 86 cubanos, explica a Efe Mirjana Milenkovski, la portavoz de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en este país.

Entre los años 2013 y 2015 se registraron 13 refugiados cubanos por año, pero en 2016 su número subió a 92 personas, destaca.

"En su mayoría desean ir a España, algunos pocos a otro lugar, como Francia. Y una decena ha solicitado asilo en Serbia", explica la portavoz de ACNUR.

Serbia está en el centro de la llamada "ruta de los Balcanes", por la que llegaron a pasar 100.000 personas al mes en 2015, aunque desde marzo del año pasado este camino hacia el centro de Europa esta oficialmente "cerrado".

No obstante, cientos de refugiados logran entrar cada mes en Serbia con la ayuda de traficantes de personas, por lo que actualmente se encuentran unos 7.700 inmigrantes "varados" en el país, ante la imposibilidad de seguir hacia el centro de Europa.

En Krnjaca, donde se encuentra la familia de Roseyín Domínguez y otros dos cubanos, hay un millar de refugiados, el 80% de ellos afganos y el resto de Siria, Irak, Somalia, Burundi y otros países.

Domínguez asegura que a pesar de las diferencias culturales no ha tenido ningún problema con los demás refugiados hasta ahora.

Pasa los días leyendo junto con su marido, mecánico automotriz y técnico de electricidad, y juega con su hija Adriana, de 10 años. A veces van a Belgrado, que está a unos 20 kilómetros.

En La Habana vendieron su piso y desembolsaron unos 6.000 dólares para el viaje y otros gastos para llegar hasta Europa. Toda una fortuna para esta pequeña familia.

A pesar de no haber logrado aún su objetivo -llegar a España-, no se han arrepentido "ni en lo mínimo".

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Varios migrantes cubanos se mantienen en uno de los campamentos de refugiados en Serbia, en espera de poder llegar a España.
Varios migrantes cubanos se mantienen en uno de los campamentos de refugiados en Serbia, en espera de poder llegar a España.

En otro pabellón vive Jenly Herrera, un enfermero cubano de 33 años de edad, que ya lleva nueve meses en este centro.

"Pedí asilo político (en Serbia) por los problemas que sufrí en Cuba por ser homosexual", explica a Efe.

"A mí y a mi pareja nos maltrataban mucho, nos humillaban, nos discriminaban. Somos pacientes de VIH. No nos daban medicamentos, no nos querían en los centros de trabajo. Fue muy duro", recuerda.

Jenly Herrera dice que empezó a trabajar en varios hospitales cubanos como enfermero, pero siempre lo acabaron echando al enterarse de que estaba infectado con el virus del VIH.

"Qué le queda a un homosexual si no salir a la calle a prostituirse. Esto pasa en Cuba", asegura este enfermero, que por miedo a posibles represalias tampoco quiere ser retratado ni salir en imágenes de televisión.

Mientras que la familia de Roseyín Domínguez no tiene problemas con los demás habitantes del centro, Jenly Herrera asegura que sí nota recelo por su homosexualidad. "A veces han escupido delante de mi puerta", asegura.

En primera instancia las autoridades serbias han denegado su petición de asilo, y ahora está a la espera de la respuesta de su apelación. Si le rechazan, quiere irse a España.

"España es un país bueno para nosotros, que somos gays. Allí hay matrimonios gay, hay más libertades, nos tratan como seres humanos que somos", dice con brillo en los ojos.

FUENTE: Snezana Stanojevic / EFE

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