BARCELONA.- A la espera de certezas sobre resultados y consecuencias políticas, el referéndum soberanista que intentó celebrar este domingo Cataluña en la jornada más tensa de las últimas décadas en España dejó ya dos perdedores: el país en general y la región en particular.

La incapacidad de ambas partes para evitar durante años la escalada y para resolver con diálogo una crisis de consecuencias imprevisibles explotó minutos después del inicio de la votación con la imagen de votantes ensangrentados, cargas policiales y cientos de heridos. Una mancha difícil de borrar en la imagen internacional de España.

"Violencia en el referéndum: decenas de heridos", fue el titular principal en el portal del semanario alemán Der Spiegel junto a una foto de un policía nacional lanzando proyectiles de goma. "Cataluña: 38 heridos por cargas policiales", destacó también en portada la edición online del francés Libération.

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El británico The Times mostró a un votante con flores junto a un policía bajo el rótulo: "Violentos choques en Cataluña en la apertura de las urnas de una votación suspendida". Los videos y fotos -algunos falsos- de enfrentamientos y excesos de policía y manifestantes se expandieron velozmente por las redes sociales de todo el mundo.

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Analistas y políticos en Madrid y Barcelona sabían desde hace semanas que la imagen proyectada al mundo resultaría, más que un accesorio de la jornada, la clave para interpretarla.
Analistas y políticos en Madrid y Barcelona sabían desde hace semanas que la imagen proyectada al mundo resultaría, más que un accesorio de la jornada, la clave para interpretarla.

También líderes europeos comenzaron a hacerse eco de lo ocurrido. "Más allá de las opiniones sobre la independencia, todos deberíamos condenar las escenas que estamos viendo y llamar a España a cambiar el curso antes de que alguien resulte gravemente herido", pidió la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon.

El primer ministro de Bélgica, Charles Michel, escribió en Twitter: "¡La violencia no puede ser nunca la respuesta! Condenamos toda forma de violencia e insistimos en nuestra llamada al diálogo político".

La repercusión global no es un detalle: analistas y políticos en Madrid y Barcelona sabían desde hace semanas que la imagen proyectada al mundo resultaría, más que un accesorio de la jornada, la clave para interpretarla.

El referéndum en sí llegaba a su fecha de celebración virtualmente desmantelado por los diversos golpes policiales y judiciales que sufrió su organización desde que el Tribunal Constitucional lo suspendió a principios de septiembre en cuanto fue convocado.

Sin censo, reconocimiento nacional o internacional, junta electoral, campaña opositora o mínimo de participación, el Gobierno catalán de Carles Puigdemont apostaba todo por lograr una foto: la de largas colas de ciudadanos esperando a votar para mostrar al mundo el anhelo del pueblo catalán por decidir su futuro.

El Gobierno de Mariano Rajoy quedó así en una encrucijada: limitarse a medidas disuasorias y arriesgarse a que se repitiera esa imagen ya exhibida en otra consulta -también supendida- en noviembre de 2014 o usar las fuerzas de seguridad para impedirlas. A juzgar por los votantes y policías heridos, optó por lo segundo.

La "número dos" de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, defendió la actuación policial como "proporcionada": "El Estado de derecho funciona y tiene herramientas para hacer que las leyes se cumplan", explicó. Pero el resto de fuerzas políticas lo vieron diferente.

"Porrazos, empujones, ancianas arrastradas. Lo que está haciendo el PP (Partido Popular) a nuestra democracia me repugna. Corruptos, hipócritas, inútiles", lanzó Pablo Iglesias, líder del partido de izquierda Podemos, en Twitter, donde la etiqueta #RajoyDimisión fue de las más usadas en España.

Si los incidentes cuestionan la estrategia del Gobierno en Madrid, tampoco puede considerarse que beneficien a Puigdemont. Su referéndum soberanista, el proyecto que dominó de forma exclusiva el mandato que comenzó en 2016, se convirtió en una votación improvisada sobre la marcha, a escondidas de la policía y sin garantías.

"El Estado español, en una nueva operación de represión contra la población que quiere ejercer su derecho a votar, no ha impedido que mucha gente haya estado votando", comentó hoy. Pero ni siquiera él mismo pudo votar en el local que tenía asignado porque fue bloqueado por la Guardia Civil española y tuvo que desplazarse a otro colegio.

La jornada de violencia y tensión deja sobre todo una sociedad enfrentada y crispada tanto en España como en Cataluña, donde los sondeos indican que algo más de la mitad de la población rechaza la independencia, pese a que más de un 80 por ciento quiere votar en un referéndum legal. Una herida que costará cerrar y que no puede alegrar a nadie, ni en Madrid ni en Barcelona.

FUENTE: dpa

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