Publicado el 07-31-2010
El engaño viene de lejos
Por el Rev. Martín N. Añorga
de alivio para el empobrecido y avasallado pueblo cubano. Raúl Castro se convirtió en la versión moderna de “don Rafael del Junco”, y Fidel Castro, recordando su estrepitosa caída en el mismo escenario el 20 de octubre del 2004, quizás aconsejado por sus amigos bacalaos, no quiso regresar a la escena del delito por miedo a otra venganza remota del por él traicionado, Che Guevara.
El caso es que le correspondió al titulado “primer vicepresidente: del Consejo de Estado”, José Ramón Machado Ventura, pronunciar el discurso de la ocasión. El Acto, llevado a cabo en el parque memorial dedicado al Che Guevara, y que supuestamente era una exaltación del fatídico 26 de julio, fue dedicado a Simón Bolívar y al “bicentenario del inicio de las luchas por la independencia en nuestra América”. El belicista presidente Hugo Chávez, a pesar de su necrófilico sentimiento por Bolívar tampoco estuvo presente. El miedo a que lo maten o le roben el puesto es superior a su sentido de la lealtad.
El discurso del “comandante” José Ramón Machado pasó por alto las gestiones del Cardenal Jaime Ortega, que se quedó con las ganas de que lo mencionaran, y no se refirió a la libertad y al destierro de presos políticos, ni al insistentemente demandado canje de los llamados “cinco héroes” encarcelados en Estados Unidos por espionaje, por presos quebrantados en las infames celdas castristas.; pero no tuvo otro remedio que utilizar la palabra “cambio”.
Para Machado Ventura, recadero de los hermanos Castro, el cambio en Cuba, si es que alguna vez se produce, tiene que ser “decisión del gobierno, sin injerencias de gobiernos extranjeros ni presiones foráneas”. Es decir, más de lo mismo, y quedan “fuera del juego” los personajes como Inácio de Lula Silva, Leonel Fernández, Rafael Correa y los dos grandes frustrados en este esquema, Moratinos y el Cardenal Ortega..
Es hora ya de que aprendamos la lección y dejemos de agarrar las ilusiones como si se tratara de colas de cometas. El engaño y la perversión de la tiranía cubana han envejecido por más de medio siglo de práctica, y no se resignan a ceder el paso.
No cometamos el error de dejarnos engañar de nuevo. El engaño viene de lejos y no ha cambiado su disfraz.
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