Publicado el 08-27-2010
La Irresponsable
Abstención Electoral
Hay que insistir en que la abstención en las elecciones constituye, aunque la ley no lo determine así, un delito de carácter cívico y de moral política. El hecho de que ese delito no sea objeto de un castigo, no significa que no deba ser sancionado moralmente por la sociedad. Ya se sabe que gran parte de esa sociedad es culpable de ese delito.
Representa una desidia o indiferencia irresponsable que el ciudadano que tiene derecho al voto no entienda ese derecho como un deber también. Y es deber, porque puede llegar el momento en que la abstención alcance proporciones que pueden llegar a ser absolutas, con lo cual el sistema democrático moriría. Y sería víctima ese sistema de sus propios ciudadanos y no de una arbitrariedad determinada por la fuerza bruta de las armas o de una rebeldía civil incompatible con la normalidad social.
Ya se sabe que se está muy lejos de que la abstención sea absoluta, con lo que se llegaría a esos extremos. Pero, en cierto modo, debe tomarse en cuenta que alcanza proporciones desprestigiantes para la democracia esa abstención que se observa constantemente frente a las elecciones, especialmente en las que no son generales. Cuando se trata de las elecciones generales, siempre hay abstención, pero en menor grado. Si alguien considera que tiene el deber de votar en una elección general donde está en juego la presidencia de la república, por ejemplo, debe considerar que el mismo deber tiene en el sentido de votar por todas las consultas electorales, desde la más baja hasta la más alta. Esas consultas representan un deber para cada ciudadano.
Constantemente se observa que un día de elecciones que no sea de elecciones generales, los colegios electorales están vacíos, y el movimiento de personas alrededor de ellos es casi insignificante hablando en términos generales. No parece en modo alguno que sea un día de elecciones en un país como los Estados Unidos de América donde el voto se emite libremente y se escruta con honradez. Los resultados de cada elección obligan a todos, a lo que votaron y los que no votaron. Y si los que se abstuvieron de ejercer ese derecho son víctimas después de resultados desfavorables deben aceptar, al menos en la intimidad de sus conciencias, que su abstención contribuyó a esos resultados.
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