Publicado el 08-28-2010
La Urbanidad, la Seguridad, el Sentido Común y los Choferes
Se ha dicho que el sentido común es a veces “el menos común de los sentidos”. Y parece que hay mucho de verdad en esta afirmación que debería de ser absurda. Hay muchos choferes, más de lo imaginable, que constituyen una amenaza pública manejando sus vehículos en calles y carreteras. En medio de un gran tráfico dentro de una ciudad más o menos complicada, ahora hay que enfrentarse a choferes que desconocen las normas de la urbanidad para desenvolverse entre gente civilizada y que constituyen un peligro para la seguridad de mucha gente, con el agravante ahora de que los choferes van hablando por teléfono y, peor todavía, eso que le llaman “texteando”, o sea enviando mensajes escritos por teléfono. Ante ese tipo de choferes, de nada sirve que otros vehículos usen las señales para salir de una senda y entrar en otra, por ejemplo, porque ni se enteran de eso y, si se enteran, no le hacen caso. Hay que aclarar que en estos tiempos el chofer no es necesariamente sólo un oficio, sino también toda persona que conduce un vehículo propio o ajeno.
Normalmente, por instinto de conservación, más allá de lo que implica el sentido común, la urbanidad y el respeto a las leyes del tránsito, cada chofer debe evitar sostenidamente incurrir en errores que puedan producir un accidente. Asimismo, deben manejar sus vehículos en forma que permita, frente al error o la temeridad de otros, frenar el vehículo o hacer lo que sea preciso para evitar el accidente.
Las autoridades tienen el deber de vigilar el tránsito con mucha cautela en forma permanente, vinculando esta labor a la seguridad pública en forma fundamental. El sistema de multas constituye en gran parte una especie de freno para los transgresores de las leyes del tránsito. Sin embargo, no es un freno suficiente para evitar que un conductor temerario viole las leyes de tránsito y las leyes naturales que controlan el instinto de conservación.
Desde el momento en que una persona comienza a aprender a manejar automóvil, debe estar adiestrándose en todo lo pertinente a saber cumplir con las reglas oficiales del tránsito y, más aún, las que emanan de la propia manera lógica de pensar de una persona normal. Y dentro de esa normalidad se encuentra, obviamente, lo que se define como prudencia que es, más que una costumbre, una virtud.
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