Publicado el 08-31-2010
Sin Seguridad,
no Hay Libertad
Hace muchos años, entre 1953 y 1965, por ejemplo, la seguridad en la zona metropolitana de Miami era importante, significativa. Había una confianza colectiva de que los robos, los asaltos y los asesinatos eran cosa que relativamente existían, pero no constituían una especie de acontecer “normal” en la ciudad. Hay quienes sostienen la tesis que una ciudad que crece en población por sí sola aumenta la delincuencia. Eso es relativo. Es obvio que tiene importancia negativa el aumento de población, pero si ese aumento de población va acompañado de tolerancia de las autoridades con respecto a los delincuentes, el problema se agrava en forma alarmante.
En la primera etapa de cuando comenzó a aumentar la delincuencia se organizó la policía privada para cuidar tiendas, talleres y negocios en general. Al principio se lograron resultados más o menos satisfactorios. Sin embargo, algún tiempo después esas medidas resultaron no ser suficientes para controlar los robos y los asaltos. Por supuesto, aumentaban los delincuentes y los agentes de la autoridad, o sea la policía, no guardaban proporción con la cantidad de delincuentes. En esa época había policía que se desplazaba en motocicletas sin que eso representara un peligro para la vida del policía. También había policías montados a caballo en algunos lugares, y también había policías, como en el barrio de Allapatah, que hacían vigilancia a pie alrededor de algunas manzanas. Todo ese sistema de seguridad tuvo que eliminarse porque la vida de los policías estaba en grave peligro por la agresividad de los criminales. Esto significa que los crímenes han aumentado en forma alarmante, que va más allá del argumento de que la población es mayor en cantidad.
Si no hay un mínimo razonable de seguridad pública, aunque haya democracia no necesariamente funciona la libertad. Y esto es así porque si no hay seguridad para transitar por las calles, aunque esto no sea prohibido, no se puede ejercer ese derecho porque es jugarse la vida. Lo mismo sucede si a alguien se le ocurre, por ejemplo, sentarse en el portal de su casa por un rato. Y lo mismo ocurre en los grandes estacionamientos de sectores comerciales donde de la tienda al automóvil hay que correr muchísimo peligro. En esos casos la libertad, que no está coartada por las autoridades, no se puede disfrutar razonablemente bien.
Hay que hacer todo lo posible en medio de muchas dificultades, por restablecer un mínimo razonable de seguridad en las vías públicas del Condado Miami-Dade.
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