Publicado el 09-01-2010
Un diálogo permanente
III Parte
Por José Ignacio Rivero
Yo quería decirle General Campos Marquetti que a pesar de los sufrimientos, de los golpes, de la catástrofe y de la experiencia que debíamos haber adquirido en todo este trayecto triste y doloroso, no habíamos adelantado todo lo que debíamos. Y quería decirle lo que yo sé que usted sabía de sobra, que si algo positivo se ha hecho en esta larga jornada de sufrimientos y tristezas lo han hecho los que yacen hoy en sus tumbas, después de haber pasado por el horrible y vandálico paredón de fusilamientos. Lo han hecho los que se jugaron la vida en la gesta heroica de Playa Girón menos esos brigadistas que se llenaron en estos días de indignidad al reunirse en Cuba con el asesino de la Paria.
La Brigada ha dado un ejemplo de decoro. No es igual dialogar con el perverso para salvar vidas que fueron a salvar a nuestra Patria que dialogar con el maldito celebrando la fecha de la traición a la Brigada. Algo positivo y digno lo han hecho los que han pasado por las cárceles comunistas y los que aun permanecen en ellas por enfrentarse a la tiranía. Y lo han hecho los que en el destierro viven permanentemente pensando en Cuba, sin alejarse ni un ápice de la causa, como lo hacen muchos porque la misma molesta a sus bolsillos, que quieren proteger por encima de todos los demás valores.
Es triste y amargo todo esto y muchas cosas más que yo quería decirle si el diálogo se hubiese reiniciado en estos días. Pero la muerte y su avanzada edad impidieron que continuásemos hablando. Pero como sé que usted me oye con el alma desde el Cielo, y como también sé que me oyen en el destierro los compatriotas que saben escuchar de buena fe, porque no se conforman con vivir en la libertad sin el rescate de su tierra, le digo lo que siento y lo que veo, y no me cansaré de decirlo mientras lo vea y lo sienta así, porque de la misma manera que Ud., querido General, me dijo con valentía, inteligencia y patriotismo sin par que hacia falta la guerra grande para lograr la victoria, y que quería ir a ella con las manos en las armas, como lo hiciera tantas otras veces, yo estimo que también hace falta, que es imprescindible otra guerra grande: una guerra que estremezca la sensibilidad de los que permanecen insensibles por la cobardía, la indecisión y el egoísmo frente al dolor de la patria.
Estoy plenamente de acuerdo con usted General. Para la lucha, para la guerra, (que se puede hacer de muchas maneras) lo más importante que hay que ver en el combatiente es el presente. Pero también es importante, para que todo el mundo participe en esta guerra, en esta cruzada santa, que revisemos algo de nuestro pasado, para que esa experiencia nos enseñe a vivir y a actuar mejor en el presente y en el futuro, y nos devuelva algún día la vida que perdimos por nuestras terquedades, cobardías y errores injustificados.
Amado General, concluyo estas palabras, conmemorando nuestro 20 de Mayo glorioso, la muerte de José Martí en Dos Ríos y la fecha de su fallecimiento honrando a la Patria en el Parlamento de los Estados Unidos, pidiéndole que desde la Gloria ruegue al Todopoderoso para que se cumplan todos los nobilísimos planes que usted elaboraba en el exilio para la liberación de nuestra patria. Pídale a El que su ejemplo nos sirva para estrechar nuestras filas con dignidad y patriotismo y pídale también que todo lo demás que usted me reveló aquella noche inolvidable en su humilde cuarto en el exilio --de lo cual no debo yo hablar-- se realice pronto y a plenitud ahora con la participación de todos los buenos cubanos, sin vetos, sin exclusiones. Pero sin los que en Cuba y en el exilio pueda quedarles aún en su organismo algo o mucho del virus de la evolución castrista.
Es de bien nacidos morir librando batallas efectivas por la vida de nuestra causa. Y de mal nacidos vivir sin hacer nada efectivo por la resurrección de nuestra patria, envilecida vilmente por el comunismo y sus seguidores.
¡Morir como ha muerto usted por la Patria es vivir!
La muerte con su fuerza sobrenatural, suele impedir muchas cosas. Lo único que no podrá impedir -¡ni la muerte!- es que el legado heroico del glorioso mambí que usted nos dejó, el ejemplo de su valentía, la prédica de su patriotismo se conviertan en el decálogo de la dignidad de todos los cubanos en el destierro.
(joseignaciorivero@gmail.com)
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