Jose Angel Buesa
Publicado el 09-01-2010
Centenario de Buesa
Por Luis Mario
Este jueves 2 de septiembre se cumplen cien años del nacimiento de José Angel Buesa. Y yo recuerdo que el 12 de agosto de 1978, publiqué en Diario Las Américas el soneto “Yo volveré algún día”, de José Ángel Buesa. Lo hice a pedido del autor, con quien sostenía una amistad ya de varios años, y quien nunca antes me había solicitado la publicación de ninguno de sus poemas, ni lo hizo después. Resulta que en un acto celebrado en Miami, al que asistió el poeta, una jovencita había mutilado un soneto suyo, al recitar solamente once versos, y para más descalabro, con cambios deplorables en el texto del primer serventesio...
Buesa me decía en su carta fechada en Santo Domingo en el mes de julio, refiriéndose al poema, que “me interesa que se sepa cómo es, en realidad, porque la gente no entendió lo que yo quise decir, -ni yo tampoco, al oírlo. Aquí te va, ahora”. Plenamente justificada la petición del amigo, di a conocer el soneto en su versión correcta. Es una pieza donde se demuestra una vez más su maestría versificadora, esta vez apoyada solamente en dos rimas. Helo aquí:
Yo volveré algún día, vivo o muerto.
Pero ese día, de cualquier manera,
será mi corazón como un desierto
que repentinamente floreciera.
Ese día, que un día será cierto,
alguien verá, como por vez primera,
el viejo libro nuevamente abierto
y la sombra del álamo en la acera.
Y no me importaría que lloviera,
ni que se oscureciese el mediodía,
sabiendo que habrá sol en la bandera;
y, como sé que un día será cierto,
por mucho que demore todavía,
yo volveré ese día, vivo o muerto!
Y el día llegó. Tristemente ya muerto el poeta y sin que todavía “haya sol en la bandera”, porque no se ha recuperado la libertad. Pero llegó el día. Como tras la caída del Muro de Berlín ni siquiera la ortodoxia castrista ha podido mantener su hegemonía, ya en 1997 Carilda Oliver Labra publicó una antología en Cuba titulada Buesa, con un valioso prólogo en el que le dice al poeta de Oasis: “...la poesía, José Ángel, no se corrompe ni destruye sino que escapa de la materia, es lo que permanece; energía definitiva, germen del todo, y tú estás en ella: vivo ya para siempre”.
Además de la selección de poemas de Buesa publicada por Carilda Oliver Labra, en el barrio habanero de Santos Suárez quedó inaugurada una biblioteca independiente con el nombre de José Ángel Buesa. Allí se ofrecen seminarios que divulgan la obra de autores cubanos sistemáticamente silenciados por el régimen.
Por otro lado, un antólogo del prestigio continental de Francisco Montes de Oca, incluyó a Buesa en su extraordinaria obra de 900 páginas, Ocho siglos de poesía en lengua castellana, segunda edición de 1997.
En cuanto al destierro, Buesa nunca se ha ido de él. Académicamente, el profesor de Chicago State University, Jorge J. Rodríguez-Florido, escribió en 1986 la ponencia “La ruta de José Ángel Buesa”; los declamadores radiales mantienen vivo ese espíritu de poesía recitable; múltiples publicaciones se hacen eco de la misma producción y, en España, la Editorial Bretaña publicó otra antología de Buesa bajo el título de Nada llega tarde, así como otra edición de Oasis.
Y todo esto me hace recordar un artículo publicado hace años en La Habana, de cuyo autor me reservo el nombre, porque hoy día es un disidente admirado y respetado por todos, incluso por mí. En ese artículo se hablaba de “la promoción y difusión de traficantes de la literatura, que en los últimos años de la seudo república tuvo su máximo exponente en el supuesto poeta y seguro negociante José Ángel Buesa”. El ataque al poeta era despiadado. Se le acusaba de “miseria literaria” y “baratija lírica”, y al final llevaba hasta una velada amenaza de paredón de fusilamiento: “Hay que hacer desaparecer entonces esas marcas de nuestras conciencias de la misma forma radical que la Revolución ha borrado las otras”.
La respuesta de Buesa fue publicada en Santo Domingo, y entre otras ideas decía: “Ese artículo significa varias cosas –aparte de su incitación a un lavado cerebral colectivo o la amenaza del paredón para mis lectores sobrevivientes allí: significa que una ideología puede ser impuesta, pero no un sentimiento; significa que la poesía no es verdadera ni falsa, sino sencillamente, que es o no es; significa que es inútil pretender una aceptación popular con métodos impopulares, ni en 20 años ni en 500; significa que, sin una auténtica emoción humana, no es posible emocionar a nadie, y significa, sobre todo, que los textos de Marx serán eficacísimos para hacer revoluciones, pero no para hacer poemas”.
Lo que el tiempo ha ido borrando en Cuba es, precisamente, la Revolución, que de protectorado soviético se transformó en una cosa híbrida de capitalismo extranjero y opresión interna. Y en medio de esa Cuba que durante cuatro décadas practicó la defunción por decreto de todos los valores cubanos no afectos al régimen, ya fueran empresarios, artistas, científicos, literatos, músicos, deportistas o poetas, en los oídos absurdos de la nomenclatura castrista va penetrando de nuevo la voz de Buesa, un poeta que vivió exiliado los últimos 19 años de su vida, y que al preguntársele por qué abandonó Cuba, contestó: “Cuando cualquiera está autorizado para preguntar y es obligatorio responder que sí, eso resulta francamente intolerable”.
Por eso se fue de la patria donde dejó una siembra que no se malogró con el olvido. Pero ahora, al cumplirse cien años de su nacimiento, vuelve José Angel Buesa Buesa. Y vuelve para quedarse a esperar la libertad completa de Cuba, que también regresará.
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