Publicado el 06-18-2011
Simplemente,
Fráncfort
Por Jesús Hernández JHernandez@DiarioLasAmericas.com
Unos prefieren a Berlín y otros a Munich en Alemania, pero Fráncfort, o Frankfurt am Main por aquello del río que atraviesa a la ciudad; cuenta con el aditivo de una historia que se remonta a los viejos imperios y una pujanza económico cultural que la destaca. Un destino que se ha ganado a pulso un lugar en el mapa y hoy cuenta con el servicio sin igual del súper avión A380 desde Miami.
Fráncfort de siempre
Fundada por la tribu germana de los francos, Fráncfort fue parte del Imperio romano, aunque por poco tiempo. Convertido más tarde en punto neurálgico del tráfico comercial entre el Mediterráneo y el Mar del Norte, la villa del río Meno fue morada de Carlomagno (800–814) y testigo de la fundación del Imperio carolingio. Lugar donde el rey alemán era elegido durante el Sacro Imperio Romano Germánico y los emperadores coronados. Banquetes festivos que tenían lugar en el Römer, una esbelta edificación con fachada escalonada que mira a la plaza Römerberg y alberga al gobierno municipal desde hace seiscientos años.
De hecho, la plaza Römerberg es el centro neurálgico histórico de Fráncfort. Un sector que fue severamente destruido por los bombardeos de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial.
No obstante, el Römer sobrevivió el castigo de las bombas y junto al resto de las edificaciones fue reconstruido a imagen y semejanza de lo que siempre fue. Una joya de la arquitectura medieval germana que muestra algunas influencias góticas y una singular imaginería tallada en piedra que la destaca. Imagen complementada por la existencia de otros edificios antiguos colindantes que albergan tiendas de regalos, restaurantes y bares donde la cerveza nacional es el mayor aperitivo.
A unos pasos de allí, está el Kaiserstraße en medio de una ciudad repleta de automóviles BMW, Mercedes Benz y Peugeot. Una arteria urbana muy ecléctica que desemboca en la estación de trenes y busca el equilibrio entre viejas y nuevas edificaciones que lucen sus alturas. Una amplia avenida que acoge a hoteles, bancos y tiendas, así como restaurantes y muchas terrazas, entre los que se destacan algunos negocios dedicados al placer de la sensualidad y otros turcos, quienes representan la mayor agrupación de inmigrantes en el país. Un lugar donde la ciudad parece agrupar toda su esencia y abunda el carácter jovial, aunque algo sobrio, del típico alemán que habla inglés sin inconveniente alguno.
Sobre el lado sur del río, donde Francfort muestra su imagen más residencial, está Sachsenhausen con sus calles cubiertas de árboles y repletas de mansiones que anuncian la elegancia típica germana. Un distrito que tiene algunos de los mejores bares y museos más importantes de la ciudad por inquilinos.
Fráncfort, que estuvo a punto de ser la capital alemana cuando Berlín no podía serlo, representa de manera especial el denominado “milagro económico alemán” tras la destrucción del país durante la última guerra. La ciudad alcanzó rápidamente el prestigio de ser el centro financiero del país y posteriormente el de enlace aéreo europeo con su gran aeropuerto.
A Fráncfort en el A380
Unos le llaman el avión más grande del mundo, otros el Súper Jumbo. Sin embargo, ambos sobrenombres están únicamente ligados a sus dos niveles y capacidad de pasajeros. Con unos 238 pies de largo, unos 12 menos que el Boeing 747-800; y una línea aerodinámica que no parece ser tan impresionante como la de su contrincante estadounidense, el muy europeo A380, fabricado por el consorcio Airbus, es capaz de transportar a más de 800 pasajeros en clase turista.
No obstante, Lufthansa optó por dedicar la planta superior a las cabinas First y Business, con tan sólo 8 espléndidas y 98 cómodas butacas respectivamente, y dedicar el lado inferior al viajero regular con 426 asientos.
A Fráncfort puedes volar en el A380 desde Miami, operado diariamente por Lufthansa. Si pagas los 17,900 dólares del billete “round trip” en Primera Clase, tendrás la oportunidad de disfrutar el nuevo diseño de la First de Lufthansa. Un atractivo espacio minuciosamente confeccionado en tonos ocre que, además de contar con amplias butacas convertibles en camas absolutamente planas y dos amplios baños que serían la envidia de un buen apartamento, cuenta con el servicio más esmerado y personal de la aerolínea alemana. Espacios dedicados que puedes personalizar e incluso aislar del pasajero vecino si aprietas el botón que dispone de una pared mecánica y divisoria que aumenta la privacidad.
En el aeropuerto de Francfort, Lufthansa cuenta con un inmenso salón muy bien montado dedicado a First Class, donde literalmente miman al pasajero de Primera Clase con un sin fin de comodidades, bar abierto y restaurante incluido. Lugar donde incluso puedes facturar equipaje, ducharte y hasta sostener una reunión de negocios.
A diferencia de otras aerolíneas, que cuentan con un bar a bordo del A380, Lufthansa optó por evitarlo para librarse de lo que ellos denominan “el ruido” que produce la reunión de pasajeros en una zona común. Decisión que ciertamente evita “el ruido” pero prácticamente confina al viajero Premium al asiento y lo inhibe de disfrutar la grandeza del nuevo avión.
Asimismo, el A380 de Lufthansa tampoco cuenta con servicio de Internet, como otras aerolíneas ofrecen. Servicio que planean instalar próximamente.
Si prefieres pagar menos y optar por Business Class, el billete es tuyo por unos 5,000 dólares e incluso más durante el verano. Butaca cómoda y espaciosa que Lufthansa sorpresivamente no diferencia de la existente en la Clase Ejecutiva del avión B747-400 con sus tonos grises. Cabina Business que cuenta con una buena oferta de entretenimiento muy personal acorde a su categoría, además del buen descanso que ofrece reclinar el asiento hasta una posición que se acerca a la forma plana. Buen servicio, algo menos esmerado que el anterior, como es de suponer; pero mucho más detallista que el próximo, como también es de suponer.
Finalmente la Clase Turista. Billete que oscila en unos 1,300 dólares durante el verano y unos 900 a partir del 15 de septiembre. La típica silla en cabina turista con espacio limitado pero mejor confeccionada y algo más cómoda que la usual, gracias a las nuevas tecnologías y la presencia de una pantalla personal de entretenimiento con juegos didácticos, otros menos productivos, películas con selector de idiomas y un nuevo programa muy detallista, servido por el radar, que muestra la posición y ruta del avión en tiempo real.
Unos hablan del gran peso del avión que provoca abruptos al aterrizar, otros del mismo peso que hace a la aeronave más sensible ante la presencia de turbulencias. No obstante, yo particularmente no percibí ninguna de esas advertencias.
De todos los aditivos que encontramos en el A380, sea la configuración particular de la aerolínea o el ahorro sistemático de combustible a pesar del tamaño, sus inmensas alas se llevan la mayor atención. Dos esbeltos remos del aire que rememoran el vuelo de un pájaro en asenso y acogen unos motores que hacen mucho menos ruido del esperado.
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