Playa Knip en Curazao Fotos J. Hdez
Publicado el 07-16-2011
Islas con esencia
Por Jesús Hernández JHernandez@DiarioLasAmericas.com
Si sol, playa y naturaleza tropical quieres, cualquiera de las islas del Caribe lo tiene. Pero visitar una o la otra depende del interés personal que tengas por sus atractivos y el ahorro necesario que ansías. Dos componentes que determinan el destino de unas vacaciones en uno de los mares más codiciados del mundo.
La manera más económica y tal vez diversa suele ser el crucero. Uno de esos gigantes con todo a bordo que surcan la mar y van de puerto en puerto en busca de la variedad. No obstante, hay quienes prefieren volar para ahorrar tiempo y dedicarlo a un lugar específico. Destinos que además del esperado paraíso tropical tengan esencia propia.
Por ejemplo, San Martín. Pequeña isla que apenas supera la centésima parte de Puerto Rico, pero tiene por cultura una singular mezcla dada por franceses y holandeses. Peculiar ingrediente que unido al arraigo afro caribeño la hacen precisamente diferente.
La isla fue descubierta por España, pero repartida caprichosamente entre Francia y Holanda más tarde. División imaginaria que aún persiste hoy, pero sin la discordia de antaño ni el paso de fronteras. De hecho, la zona administrada por París apuesta por la moneda euro, mientras el lado regido desde Ámsterdam utiliza el guilder o el dólar estadounidense. Separación que incide en el modo de vivir y la manera de divertirse.
Además de la abundante oferta de deportes acuáticos y las zonas protegidas que puedes disfrutar, está la buena cocina que proviene precisamente de la mezcla franco holandesa africano caribeña, si no resulta muy largo decir.
Del lado holandés de la isla, donde está Philipsburg con algunos precios atractivos en joyerías, está la zona de Maho Bay muy cerca del aeropuerto. Refugio de los jóvenes y todo aquel que se sienta igual. Lugar donde los restaurantes pululan junto a las discotecas y casinos de moda.
En la zona de Marigot, la villa capital del lado francés, las opciones para comer abundan. Además de los típicos comedores populares que encuentras en algunos caminos, donde usan los productos más frescos y el sabor es genuinamente casero; están los restaurantes de la buena cocina francesa y la típica de la isla que tiene al mar por ingrediente principal.
Algo más al sur, sin alejarnos del lado norte del arco de las Antillas Menores, está Saint Kitts libre aún de la invasión de turistas y la omnipresencia de las grandes construcciones. La pequeña isla de 25 millas de largo y 5 de ancho fue descubierta por el mismísimo Cristóbal Colón en 1493, llamada San Cristóbal y cedida a los ingleses más tarde.
Maltratada por el correr de la historia, Saint Kitts luce su modesta capital nombrada Basseterre. Nombre francés que significa bajío, terreno bajo. Tan modesta y sosegada que ni semáforos tiene. Un pequeño enclave urbano situado entre el mar y las montañas que no supera los 19,000 habitantes y cuya efervescencia comercial gira en torno a una plaza acentuada por una fuente de agua que sujeta un reloj estilo victoriano. Lugar a donde llegan los turistas procedentes de los cruceros que atracan en el puerto marítimo.
No obstante, la mayor atracción de Saint Kitts radica en su exuberante geografía. Una muy irregular topografía coronada por un gran monte, que guarda un volcán dormido, en medio de un espeso bosque. Punto de atracción que cuenta con excursiones dirigidas para los seguidores del turismo ecológico y aventurero.
Al caer la tarde, cuando una tenue brisa refresca el ambiente, la gente acude a los bares y restaurantes que abundan en las playas de Saint Kitts. Está la zona The Strip en Frigate Bay, muy cerca del Marriott Hotel; con variada música y un menú que incluye mariscos, carnes y una suculenta cocina autóctona que tiene a la fritura de caracola (conch fritter) por plato principal.
Mucho más al sur, a unas 40 millas de Venezuela, está Curazao con sus costas rocosas que albergan pequeñas playas de ensueño. Peculiar geografía matizada por escondites tropicales rodeados de planicies áridas, entre los que se destacan la playa Knip, declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO. Un enclave que parece esconderse entre pequeñas colinas y se abre en forma de ensenada al color turquesa del mar.
La imagen más conocida de esta pequeña isla es el centro histórico llamado Punda. Colorida estampa que señala la existencia de edificios construidos durante la época colonial. Incluso el antiguo puente flotante, edificado en 1888, aún funciona. Plataforma que conecta ambas orillas del puerto y lentamente hacen girar en 90 grados para abrirle el paso a las embarcaciones mayores.
En Punda está la mayoría de las tiendas con buenos productos y precios, y un extenso mercadillo de frutas, legumbres, granos y quesos servido mayormente por comerciantes venezolanos que traen sus productos desde el vecino país. Allí también abunda el buen comer. Una atractiva propuesta que incluye mariscos, carnes y una suculenta cocina internacional confeccionada por italianos, holandeses, chinos y venezolanos.
¿Cómo llegar allí?
Cada una de las islas mencionadas cuenta con servicio directo en avión desde Miami, así como otros aeropuertos de la Nación. Servicio que debes adicionar a la reserva de hoteles y transporte para crear un paquete turístico que te ayude al ahorro.
Recuerda, no cambies dinero. Tampoco compres cheques de viajero. Los bancos y casas de cambio cobran una comisión que muchas veces es excesiva e incluso te ofrecen una tarifa de cambio muy inferior a la media internacional. Mejor deposita el dinero en tu cuenta bancaria aquí en casa y cuando llegues al destino acude al cajero ATM en el aeropuerto. Operación que puedes repetir cuantas veces quieras en los cajeros automáticos de la isla o ciudad.
Si viajas con pasaporte estadounidense no necesitas visa. En caso diferente, debes consultar el consulado del país a visitar.
|