Muralla de Jerusalén. Fotos J. Hdez
Publicado el 07-23-2011
A Tierra Santa
Por Jesús Hernández JHernandez@DiarioLasAmericas.com
No existe otro lugar con tantas repercusiones históricas y religiosas como Tierra Santa. Las antiguas Judea, Samaria y Galilea que hoy juntas llamamos Israel. Un conmovedor territorio que vuelve a respirar la calma necesaria. Destino turístico, religioso y cultural que conocemos mejor de manos de un guía especializado.
Mirando al Mediterráneo
Tres viajes a Tierra Santa me confirman que no hay mayor seguridad que la engendrada por su misticismo. No sé si es el entorno encantado que habita en los lugares sagrados o la historia que abunda en cada paso. Una historia entretejida entre amor y conquistas, muerte y resurrección. Cúmulo de sensaciones y experiencias que tiene en Tel Aviv su primer testigo. Una moderna ciudad que mira al mar Mediterráneo y apenas supera los cien años de fundada, pero es vecina de la milenaria Jaffa a donde llegaron los cedros del Líbano que el rey judío Salomón ordenó para construir el Templo de Jerusalén.
Sobre el lado oeste del litoral, camino al vecino país Líbano, está Cesárea donde el rey Herodes tuvo su palacio frente al mar y cuyas escasas ruinas se encuentran hoy. Lugar de puerto y punto de partida de las grandes peregrinaciones de los apóstoles San Pablo y San Pedro, donde aún perduran magníficas construcciones romanas dadas por un teatro, un anfiteatro e incluso un hipódromo, también llamado circo, en muy buenas condiciones.
Norte verde
A diferencia del sur, que es árido, aunque atractivo, el norte del país es verde y montañoso. Amplia zona dada por una llanura que descansa entre el mar y las montañas, donde el viento sopla y parece contar las leyendas de grandes batallas y pasajes bíblicos.
Hacia el centro del gran valle, camino a las alturas de Golán, sobresalen los otros muchos capítulos de la historia antigua y moderna de Galilea. La provincia donde creció Jesús, según las santas escrituras del Nuevo Testamento, en una entonces pequeña aldea llamada Nazaret. Una ciudad hoy de mayoría árabe, donde un tercio de ellos profesan el cristianismo entorno a la Basílica de la Anunciación, donde el Evangelio cuenta que un ángel anunció a la Virgen María que sería la madre del redentor.
En Galilea Jesús realizó la mayor parte de su predicación y muchos de sus milagros. Especialmente en la zona alrededor del llamado mar de Galilea, donde perduran los restos de las comarcas bíblicas de Capernaum, Betsaida y Magdala. Un sobrecogedor lago de amplias dimensiones cuyas aguas parecen mostrar la travesía del Maestro y sus discípulos.
Siguiendo la ruta
Sobre el extremo sur del mar de Galilea está el río Jordán. Un largo afluente de agua mansa que fue testigo del bautizo de Jesús en Yardenit. Lugar a donde acuden cientos de cristianos a diario en busca de la bendición que aseguran encontrar allí. Río desde donde se divisan pequeños pueblos fronterizos del país Jordania y la milenaria ciudad bíblica de Jericó, a donde los israelitas aseveran haber estado tras la huída de Egipto, dirigidos por Josué, el sucesor de Moisés.
Algo más al sur está el mar Muerto, situado en una profunda depresión tectónica a 416,5 m bajo el nivel del mar. Un inmenso lago cuya agua es diez veces más salada que los océanos. Rica fuente de barro y minerales con facultades curativas e incluso renovadoras para la piel.
Cerca de allí está Belén en medio de unas áridas elevaciones que anuncian la austeridad del lugar. El enclave bíblico situado en unas tierras que antes llamaron Judea y hoy denominan Cisjordania. La ciudad donde nació Jesús, hoy bajo administración palestina, a donde miles de peregrinos del mundo acuden tras pasar un puesto de control militar israelí.
Belén es muy diferente a la que allí existió hace veinte y un siglos. Hoy la mayoría de la población no es judía, ni tan siquiera cristiana. Abundan las mezquitas y la lengua que predomina es la arábica. Pero aún así, sin mayor pretensión, perdura la fe en torno a la Basílica de la Natividad. Un antiquísimo templo construido alrededor de la gruta del Niño y cuya edificación comenzó en el año 326.
El lugar más importante es precisamente el altar de la Estrella, donde se encuentra la escalera que conduce a la gruta y en ella el punto preciso donde aseguran descansó el pesebre de Jesús. Místico lugar denotado por una estrella de plata, la presencia de ricos iconos alegóricos y un sin fin de lámparas que hoy siguen siendo alimentadas por aceite.
Allí, asegura la Biblia, que la Virgen María dio a luz a su único hijo. El que, en la ciudad de Nazaret, anunciaran los ángeles como el gran redentor. Un día que ha sido marcado por el primer 25 de diciembre de nuestra era. Hace exactamente 2,011 años.
Destino final
Fundada por el rey judío David hacia el año 1004 a.C. como la capital del Reino de Israel, Jerusalén tuvo por lugar sagrado el Templo, donde se cuidaba del Arca de la Alianza. Lugar ocupado por la mezquita de La Roca hoy, desde donde los musulmanes aseguran que el profeta Mahoma ascendió al cielo.
Jerusalén fue el destino final del peregrinaje de Jesús. Calvario, crucifixión y resurrección de su entrega. Ciudad ocupada por romanos, bizantinos, árabes, turcos, ingleses y jordanos, es hoy la discutida capital del Estado de Israel.
Cuatro barrios principales, habitados por judíos, cristianos, musulmanes y armenios, estos últimos portadores de la iglesia cristiana armenia establecida allí a principios del siglo XX, componen la Vieja Jerusalén y ese enigmático entorno, único en su clase, que recoge una historia hecha entre guerras y paz, amor y odio, destrucción y resurrección.
Aún cuando sus calles siguen guardando los recuerdos del pasado, la Jerusalén bíblica ha sufrido muchos cambios y buena parte de ella descansa bajo la actual. Por ello resulta imposible encontrar, como viajero de hoy, la Jerusalén de hace 2000 años.
Sin embargo, un interminable laberinto de callejones, muchas veces subterráneos, componen un antiquísimo mercado popular donde el olor de las especias, la artesanía y muchos otros enseres de interés enaltecen el encanto del lugar.
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