“La escoliosis es una deformidad de la columna vertebral en las tres dimensiones, es decir, en los planos coronal, sagital y axial”, señala José Fernández Alen, neurocirujano del Hospital USP San Camilo de Madrid. (EFE/Kai Försterling)
Publicado el 10-25-2011
A la espalda de la escoliosis
Por Purificación León. Agencia EFE
Existen diferentes tipos de escoliosis, aunque la más común es de origen desconocido. Según indican los especialistas, la desviación de la columna vertebral se puede corregir mediante el uso de un corsé ortopédico o, en los casos más graves, a través de la cirugía.
Las personas que padecen esta patología presentan una curvatura de la columna. “La escoliosis es una deformidad de la columna vertebral en las tres dimensiones, es decir, en los planos coronal, sagital y axial”, señala José Fernández Alen, neurocirujano del Hospital USP San Camilo de Madrid (España).
Según explica este especialista en neurocirugía de la columna, existen tres tipos de escoliosis en función de su origen: idiopática, neurogénica y escoliosis degenerativa del adulto.
“La escoliosis idiopática, es decir, la de causa desconocida, es la más frecuente con diferencia”, comenta.
“Se da de manera más habitual durante la adolescencia y tiene una prevalencia de entre el dos y el cuatro por ciento de la población, si se toman en cuenta para este dato las curvas mayores de diez grados”, afirma el especialista.
Este tipo de escoliosis “es más común en niñas que en niños. De hecho, ellas se ven afectadas hasta seis veces más que los varones. También hay escoliosis idiopática en edades más tempranas, pero son más raras”, sostiene.
La escoliosis neurogénica, por su parte, “tiene su origen en problemas neurológicos como la siringomielia, la diastematomielia, la médula anclada o los tumores intramedulares. Suele presentarse y progresar de manera rápida y cursa con un intenso dolor, sobre todo nocturno”, apunta el facultativo.
Por último, “la escoliosis degenerativa del adulto se produce como consecuencia de la degeneración asimétrica de los discos, la osteoporosis y las fracturas vertebrales producidas por dicha osteoporosis”, indica.
“El pronóstico depende de la causa, localización y severidad de la curvatura. En el caso de los más jóvenes, cuanto mayor sea esta, mayores serán también las probabilidades de que empeore la afección una vez finalizado el crecimiento”, advierten los expertos del sitio web “medlineplus”.
¿CUÁNDO HAY
QUE SOSPECHAR?
Se puede sospechar que una persona padece escoliosis cuando se observa una musculatura desigual de un lado de la columna vertebral, cuando hay una costilla o un omóplato prominente debido a la rotación de la caja torácica, si los hombros están a diferente altura, si lo están las caderas o si la longitud de las dos piernas no es igual.
“En las mujeres, un tamaño asimétrico o la ubicación a diferente altura de las mamas también podría ser un signo de escoliosis”, declara el doctor Fernández Alen.“En estos casos se debe consultar al médico, que hará las exploraciones oportunas”, recomienda el especialista.
La gravedad de la escoliosis se mide en grados y estos se calculan mediante una radiografía. “Un adolescente con esqueleto inmaduro y una curva de más de diez grados debe ser seguido con radiografías cada seis meses. Pero si la curva tiene más de veinte grados, se realizarán radiografías cada cuatro meses”, indica el médico.
“Si una curva de veinte grados demuestra una progresión de más de cinco grados en un intervalo de entre cuatro y seis meses y al paciente le queda al menos un año de crecimiento, se debe aplicar un tratamiento con ortesis externa, es decir, con corsé ortopédico”, precisa el neurocirujano. También se debe emplear el corsé en los casos de pacientes con esqueleto inmaduro a los que se haya diagnosticado una escoliosis de entre treinta y cuarenta grados. No obstante, si a pesar de esta medida presentan curvas superiores a cuarenta grados, la solución pasa por una corrección quirúrgica.
Mediante el corsé en los casos más leves o con cirugía en los graves, “el tratamiento puede conseguir una corrección prácticamente completa de la enfermedad”, sostiene Fernández Alen.
“Se puede hacer una lista interminable de opciones de tratamiento alternativo, pero sólo unos pocos han superado las pruebas basadas en la evidencia científica”, advierte.
El especialista destaca también que “muchos estudios han demostrado la ineficacia del ejercicio, la manipulación, los estímulos eléctricos o los medicamentos para corregir la curvatura o frenarla”.
“Si bien el ejercicio es beneficioso para mantener un buen tono muscular y una buena función pulmonar y cardiaca, no hay evidencia de que tenga efectos en la progresión de la curva. Sin embargo, puede ayudar a reducir el disconfort”, matiza.
No obstante, algunos traumatólogos recomiendan a quienes padecen escoliosis que practiquen natación.
Según comenta Mario Lloret, especialista en medicina de la educación física y el deporte, en el informe “Natación y Escoliosis”, “la natación terapéutica bien programada y planificada es un método contrastado y eficaz, complementario a la acción médica ante las desviaciones de espalda”.
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