Complejo arquitectónico Taj Mahal. Foto Efe
Publicado el 11-26-2011
Destino espiritual
Por Isabel Martínez Pita EFE Reportajes
Nadie lo duda. La India es el país más espiritual del Planeta. De norte a sur, este país asiático está salpicado de templos y lugares sagrados donde los hindúes profesan sus oraciones a los dioses. Todo esto matizado por la fuerza de las religiones hinduista y budista que han hecho surgir decenas de gurús y líderes espirituales, muchos de ellos, incluso han seducido a miles de extranjeros que dedican su tiempo vacacional a aprender de estas corrientes espirituales. Algunos de ellos, admirados por la capacidad de comprender el mundo de una forma tan diferente, han optado por quedarse allí a vivir.
Los paisajes de la India también aportan el marco ideal para sentir plenamente un estado especialmente elevado. Se dice de la India que los que la visitan optan por alguna de estas dos opciones diametralmente opuestas: no volver nunca o se quedan completamente enamorados.
Uno de los sitios más admirados es el Taj Mahal. Un complejo arquitectónico construido entre 1631 y 1654 en la ciudad de Agra, a orillas del río Yamuna, por el emperador musulmán Sha Jahan de la dinastía mogol. El imponente conjunto se erigió en honor de su esposa favorita, Arjumand Bano Begum, más conocida como Mumtaz Mahal, quien murió dando a luz a su décimo cuarto hijo, y se estima que la construcción demandó el esfuerzo de unos 20.000 obreros.
El Taj Mahal es considerado el más bello ejemplo de arquitectura mogola, estilo que combina elementos de la arquitectura islámica, persa, hindú e incluso turca. El monumento ha logrado especial notoriedad por el carácter romántico de su inspiración. Aunque el mausoleo cubierto por la cúpula de mármol blanco es la parte más conocida, el Taj Mahal es un conjunto de edificios integrados reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad y nombrado una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno.
Además de los impresionantes palacios del antiguo marajá del Rajastán, los paisajes de la cordillera del Himalaya, las paradisíacas playas del sur y la arquitectura mogol, la India ofrece a los turistas cursos de yoga, meditación, tantra, masajes, medicina ayurvédica y multitud de disciplinas para tratar el cuerpo y la mente.
En todo el territorio se pueden encontrar gran cantidad de ashram (centros espirituales), algunos de ellos dirigidos por un gurú y visitados por sus seguidores, y otros destinados simplemente a la práctica del yoga o la meditación, a los cuales acuden multitud de extranjeros que optan por pasar su verano de una forma diferente.
En muchos de estos lugares se debe respetar una rígida disciplina en lo referente al ruido, la vestimenta, las horas de despertarse y acostarse, y las comidas, en casi todos ellos estrictamente vegetarianas.
Uno de los más conocidos es el Centro de Meditación de Osho, que exige a quienes quieran pasar una temporada allí realizar previamente un examen de sida. Esta organización ofrece, entre otros, cursos de diferentes tipos de meditación, tratamientos de hipnosis y un programa para estar durante 21 días aislado y en silencio.
Otro de los más visitados por los occidentales es el ashram Sivananda Yoga Vedanta que ofrece diversos paquetes, como las “Vacaciones de Yoga”, con actividades de pensamiento positivo, meditación, cantos devocionales, conferencias de filosofía y asesoría de salud. También tiene el “Programa de Ayuda y Ayuno”, en el que durante dos semanas sólo se consumen zumos, se reciben los tradicionales masajes de aceites y se siguen “terapias de purificación”.
Lugares como Haridwar y Rishikesh, en el norte de la India , este último conocido por la visita que hicieron The Beatles, atraen cada año a miles de occidentales que buscan un poco de paz y ampliar sus conocimientos de yoga.
Estas ciudades santas, donde no se permite la venta de alcohol, son atravesadas por el sagrado Ganges, que desciende con fuerza en los meses de verano, en los que el agua de las lluvias del monzón y el deshielo de las nieves del Himalaya se unen para hacer aún más poderoso este venerado río.
A orillas del Ganges se agrupan decenas de templos, de ashrams y de shadus (hombres sagrados) vestidos con prendas de color naranja o blanco, de los que los occidentales tratan de aprender lo que no pueden conseguir en sus civilizados países.
Algunos de los extranjeros que acuden a estos lugares sólo quieren mejorar su estado físico y aprender las técnicas de yoga dónde se originaron, pero la mayoría quiere también practicar la meditación y conocer las artes orientales en busca de un crecimiento espiritual que les lleve a vivir su vida con más plenitud, ser más felices o imponer un poco de paz en sus estresantes vidas de occidente.
A pesar de todo, iniciar un camino espiritual en este país asiático implica no sólo una gran devoción sino también una gran fortaleza para poder resistir las imágenes de miseria en las que la mayor parte de su población sobreviven y a las que los occidentales no estamos acostumbrados.
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