Publicado el 12-27-2011
Violencia y Desórdenes
en Días Festivos
Hay que hacer un esfuerzo – que no necesariamente debe ser muy grande – para que fiestas que deben ser patrimonio de los valores espirituales no se conviertan, muchas veces, en motivo de violencia entre los miembros de una misma familia o dentro de un barrio. Lo normal, lo absolutamente lógico, es que días de fiesta, como la Navidad, estén rodeados de prestigio moral dentro del cual haya regocijo hermosamente proyectado en el seno de la familia, de los integrantes de un barrio o de todos los que conforman una ciudad o un país entero.
El argumento de que la aglomeración de mucha gente estimula esos vicios contra la paz social no debe tener vigencia si se considera que los alborotos y los choques de gente de distintas edades en zonas comerciales, por ejemplo, no tienen justificación a la luz de la lógica. La razón de ser de esto es cuando hay una deformación de cultura y de espiritualidad entre jóvenes y personas mayores que, con el pretexto de una fiesta popular, inclusive de carácter religioso como es la Navidad, desatan violencia y hasta pánico en tiendas o en parques públicos. Esos actos salvajes que son incompatibles con la normal naturaleza humana no deben encontrar justificación alguna de parte de los que dirigen la sociedad y las autoridades correspondientes.
Evidentemente, en muchos aspectos se demuestra que hay una crisis en la existencia de muchos hogares que, en realidad, no ostentan este título en forma correcta porque una cosa es que exista una casa donde viva gente y otra es que dentro de una casa se respire un espíritu de moral y de disciplina a favor de la paz social, haciendo de esa casa un verdadero hogar.
Es totalmente absurdo que días que corresponden a motivos de grandes sentimientos espirituales o religiosos se conviertan en escenario de pandillas, si son grupos grandes, o de elementos que actúan más o menos individualmente contra la paz social sembrando el pánico en lugares donde debe prevalecer todo lo contrario, la cordialidad y la paz.
Los días festivos alrededor de la Navidad, por ejemplo, no debe ser motivo para desórdenes de múltiples aspectos en muchos lugares y en muchas ciudades.
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