Cerveza, vino y licores no son buenos aliados para una alimentación equilibrada. Según revela un estudio.
Publicado el 01-10-2012
Dieta saludable: siempre sin alcohol
Por Purificación León Agencia EFE
Según revela un estudio, quienes consumen alcohol tienen muchas posibilidades de padecer un desequilibrio en su dieta, incluso si se bebe en cantidades moderadas.
Según afirma José Valencia, miembro del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid (España): “Además de los conocidos efectos nocivos directos que puede tener el consumo de bebidas alcohólicas para el propio bebedor y su entorno, hemos observado que este consumo incide negativamente en la calidad de su dieta”.
“Una ingesta alimentaria desequilibrada o inadecuada produce, a su vez, numerosas enfermedades y problemas de salud crónicos, por lo que la asociación de estos dos factores de riesgo incrementaría de forma indirecta los efectos negativos que podríamos atribuir al consumo de alcohol”, matiza el experto.
El investigador señala también que la dieta ideal “depende la edad y de la actividad física que desarrolle cada persona. En cualquier caso, recomienda repartir la ingesta alimentaria en pequeñas cantidades y comer “entre tres y cinco veces a lo largo del día sin suprimir el desayuno, el almuerzo ni la cena, ya que esto también puede tener consecuencias negativas para la salud”, apunta.
Algunos alimentos como los derivados de cereales y patatas, verduras, hortalizas, lácteos y aceite de oliva deben ser ingeridos a diario, según aconseja la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) en su “Guía para la alimentación saludable”.
Otros “como las legumbres, el pescado, los frutos secos, los huevos y las carnes magras se tomarán alternativamente varios días a la semana”, añade este organismo.
Por el contrario, los expertos de la SENC aconsejan moderar el consumo de carnes grasas, pastelería, bollería, azúcares y bebidas refrescantes.
Mantener una adecuada hidratación mediante la ingesta de agua, infusiones y caldos; practicar diariamente ejercicio físico moderado y ajustar el consumo de alimentos al nivel de actividad habitual son otras de las recomendaciones de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.
EL PELIGRO
DEL ALCOHOL
Beber alcohol no es saludable, ni siquiera cuando se hace con moderación. Tomar bebidas alcohólicas durante las comidas se consideraba un hábito seguro, sin embargo, los resultados de un estudio elaborado por los investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid muestran que esta práctica está relacionada con un menor cumplimiento de las principales recomendaciones dietéticas.
“No existe ningún umbral saludable para el consumo de alcohol. En muchas situaciones como la conducción, la infancia, el embarazo y varias enfermedades crónicas, el único nivel seguro es cero, por lo que no es apropiado el consumo de bebidas alcohólicas por pretendidos efectos beneficiosos para la salud”, asegura José Valencia que es uno de los autores del trabajo.
“Es posible que los beneficios que con frecuencia se atribuyen al consumo moderado de alcohol se deban en realidad a otros factores como unos hábitos de vida más saludables entre las personas que consumen alcohol de forma moderada o un mejor estado general de salud que permita mantener este consumo. Algo que ningún estudio ha podido contrastar de manera adecuada”, comenta.
No obstante, el trabajo elaborado por los científicos revela que es más probable que aquellos que abusan del consumo de alcohol, tanto de forma regular como episódica, tengan además una dieta poco saludable. Dicha dieta se caracteriza por un exceso de determinados grupos de alimentos como los cárnicos y por una cantidad insuficiente de frutas, verduras y lácteos respecto a lo recomendado.
“El consumo de determinadas bebidas, como los destilados, o la ingesta de alcohol durante las comidas afecta negativamente al tipo de dieta, incluso si se bebe en cantidades moderadas”, recalca Valencia.
RIESGOS
Asimismo, el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y la toma de destilados se asocia a un mayor riesgo de no realizar alguna de las comidas principales del día, especialmente el desayuno y la cena, señala el investigador.
El citado estudio deriva de una encuesta realizada a 12.037 personas residentes en la región de Madrid (centro de España) con edades comprendidas entre los dieciocho y los sesenta y cuatro años.
“El 4,3 por ciento de los entrevistados consumía bebidas alcohólicas de forma excesiva y regular (entre estos, un 2 por ciento también consumía alcohol de forma excesiva y episódica”), otro 8 por ciento tenía un consumo moderado de alcohol, pero con episodios de consumo excesivo, el 56,7 por ciento tuvo un consumo moderado sin episodios de consumo excesivo, el 7 por ciento eran exbebedores y el 24 por ciento nunca había consumido bebidas alcohólicas”, precisa Valencia.
“Entre los bebedores, la preferencia de bebidas alcohólicas fue la siguiente: un 15,4 por ciento consumían sobre todo cerveza, el 12,6 por ciento vino; el 6,5 por ciento destilados y el resto no mostraba preferencia por ninguno de estos grupos. Por último, el 24,2 por ciento declaraba consumir bebidas alcohólicas durante el almuerzo o la cena”, añade.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el consumo nocivo de bebidas alcohólicas causa 2,5 millones de muertes cada año.
Además, la ingesta de alcohol ocupa el tercer lugar entre los factores de riesgo de la carga mundial de morbilidad. Concretamente, es el primer factor de riesgo en el Pacífico Occidental y en las Américas y el segundo en Europa.
El alcohol también está relacionado “con muchos problemas graves de índole social y del desarrollo, en particular con la violencia, el descuido y maltrato de menores y el absentismo laboral”, destaca esta entidad.
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