Publicado el 01-21-2012
Estados Unidos y Latinoamérica
Por Juan Larraín*
Es muy frecuente escuchar y leer comentarios quejosos acerca de la supuesta indiferencia de Estados Unidos hacia Latinoamérica, donde además habría perdido gran parte de la influencia y ascendiente que tenía hasta hace poco.
Esta aseveración que puede ser parcialmente valedera, amerita que se le desmenuce para analizarla con cuidado ya que es muy general y amplia. Efectivamente, la política exterior estadounidense tiene otras prioridades, tanto en lo económico como en lo político, así como en lo que se refiere a la seguridad internacional; nuestra región ha ocupado siempre un discreto segundo plano. Las relaciones transatlánticas, Rusia, el Medio Oriente, China y el Asia, acaparan como es lógico el grueso de la atención pues es en esas zonas del mundo donde están sus intereses estratégicos. Hay que ser realistas, con la excepción del momento en que la Unión Soviética pretendió usar a Cuba para instalar armas nucleares a escasas millas de las costas americanas, dichos intereses no han estado, ni están -y muy probablemente tampoco estarán- en Latinoamérica.
A pesar de ello, Estados Unidos ha tratado infructuosamente de tener una relación más profunda y madura con la región, más allá de la ayuda asistencial, proponiendo una serie de iniciativas para ayudar a su desarrollo. La última de ellas, el Area de Libre Comercio de las Américas, encontró toda clase de obstáculos y reticencias, que lo hicieron optar por la negociación bilateral de acuerdos comerciales con aquellos países interesados al respecto, tales como Chile, Colombia, Panamá, Perú y Centroamérica, que han resultado mutuamente beneficiosos. En todo caso, a pesar del desinterés, Estados Unidos sigue siendo por muy lejos el primer socio comercial y el primer inversionista en Latinoamérica.
Por otra parte, nuestra región hace gala con nuevos bríos de un anti-americanismo el que, expresándose con algunos matices dependiendo del país que se trate, no invita a establecer otros contactos que los ya existentes, mientras algunos de los cuales se han visto menoscabados por la acción de los gobiernos del ALBA y de aquellos que siguen sus aguas. Lo curioso es que todos ellos solo saben denostar al “imperio”, no obstante que directa o indirectamente comen de él... Brasil, como la potencia emergente del hemisferio, no desea compartir su sitial con Estados Unidos en materia comercial y aun política, pero su participación es indispensable para el éxito de cualquier proyecto integrador.
En las circunstancias actuales es difícil imaginar un mayor involucramiento de Estados Unidos en el hemisferio, si se considera también que todas las últimas iniciativas latinoamericanas apuntan a excluirlo al igual que por extensión a Canadá, al que además nadie ha acusado de tener pretensiones imperiales o coloniales. Mientras la OEA se torna cada día más irrelevante e ineficaz, han nacido por obra de Chávez, Lula y Castro y el silencio cómplice o timorato de los demás gobernantes, UNASUR y la CELAC, cuyos objetivos son lo suficientemente vagos como para servir cualquier propósito. Baste recordar que apenas esta última fue creada, emitió un virulento comunicado en el que se atacaba a Estados Unidos por el “bloqueo” a Cuba... Seguramente el próximo será en apoyo a Irán y su programa nuclear.
Es poco lo que puede esperarse de la próxima Cumbre de las Américas, que se realizará en abril próximo en Colombia con la presencia del Presidente Obama. El panorama internacional, pero sobre todo el ambiente que impera en la región, no favorece la discusión de temas que tengan algún impacto a futuro pero si se preste para darle escenario a los exabruptos y dicterios del líder bolivariano y sus asalariados. De ser así, lamentablemente, será lo único que quede y se sepa de ella en el exterior, como ha ocurrido en ocasiones anteriores.
En consecuencia, antes de mirar lo que otros países supuestamente pueden o deben hacer por ella. Latinoamérica tiene que impulsar políticas sensatas que promuevan su desarrollo, levanten a sus pueblos y sirvan realmente sus intereses y no las ambiciones descabelladas de algunos de sus gobernantes, por impertinentes y vociferantes que ellos sean.
* * *
*El autor es profesor de la Universidad de Miami y ex Embajador de Chile en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la OEA.
|