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Publicado el 01-21-2012

Entre inmigrantes, hispanohablantes y académicos

Por Marcos Antonio Ramos


Es importante dar a conocer las actividades de la Academia Norteamericana de la Lengua, Correspondiente de la Real Academia Española y sus miembros, pero cuando se habla de nuestra lengua en territorio estadounidense, a principios del siglo XXI, es imposible pasar por alto temas como la cuestión inmigratoria y la preservación del idioma.

Cada día aumenta aquí la influencia de los que hablamos español. Y nuestra hermosa lengua ha sobrevivido todos los períodos en que se ha dividido la historia de esta gran nación a la que los “hispanos” hemos contribuido. Pero vivimos en días complejos en los medios de comunicación social ya que hasta la campaña electoral ha atraído comentarios de todo tipo acerca de hermanos nuestros de lengua española. Independientemente de que aceptemos, como buenos ciudadanos, el ordenamiento legal en cuestiones como la inmigratoria no resulta agradable escuchar constantemente ciertas referencias a “inmigrantes ilegales”, o simplemente a “ilegales” e “indocumentados”.

En la presente campaña la inmigración ilegal es un tema principalísimo. Algunos han cerrado las puertas a una solución razonable, aunque puedo comprender algunos de los razonamientos utilizados por los candidatos. A pesar de esa situación, no deja de ser conveniente y adecuado el recordarles a los ilustres aspirantes a ocupar la Casa Blanca que la mayoría de los millones de habitantes “indocumentados” permanecerán en territorio norteamericano sin importar las deportaciones del presidente Barack Obama y los discursos apasionados de los candidatos republicanos. Es probable que hasta el próximo candidato oficial del partido de Lincoln sea un hijo y nieto de personas nacidas en el vecino México.

Esta ha sido generalmente una nación generosa con los inmigrantes y se ha beneficiado con ellos, a pesar de problemas propios de ese tipo de movimiento demográfico. También nuestra Madre Patria España ha abierto sus brazos a la inmigración y hasta ha llegado, en gesto supremo de generosidad, a conceder su ciudadanía a quienes tenemos abuelos obligados a vivir en otras geografías. En Miami tenemos otro privilegio. España está representada por una figura egregia que ha extendido su mano a los que hablamos español, la Cónsul General y Embajadora doña Cristina Barrios.

El crecimiento de la población de habla española exige muchas cosas, entre ellas mantener la identidad sin renunciar a la nacionalidad y cultura de esta nación, tan cercana a la América española que se ha ido convirtiendo en parte integral de la misma. Pronto celebraremos cinco siglos de presencia de nuestra querida España en la Florida y al vestirnos de gala proclamaremos la historia, lengua y cultura de parte de la población. No debemos ser cómplices de algún intento de ocultar el gigantesco aporte cultural de los hispanohablantes y del glorioso legado que nos regaló España. Ese es uno de los peligros que se esconden detrás de esta conversación de los políticos. Y es hora de explicar la existencia de una vida intelectual de muy alto nivel entre los hispanohablantes de la América Septentrional.

En medio de condiciones tan complicadas, y polémicas en un renovado ambiente de xenofobia y de pretendida superioridad por parte de un sector, los hispanohablantes, tanto inmigrantes como nativos, debemos redoblar esfuerzos para que se nos tenga en cuenta, así como para preservar el idioma y defender la identidad. Al referirme a esas situaciones reales quiero mencionar un dato positivo. La Academia Norteamericana de la Lengua Española ha aumentado su prestigio e influencia bajo la extraordinaria dirección de don Gerardo Piña Rosales. Nuestra Academia desarrolla sus labores en un país de habla inglesa con más de cuarenta millones de hispanohablantes y publica periódicamente un Boletín con especial atención al uso del español en los Estados Unidos. Pero eso no es todo.

La Real Academia Española (RAE) fue fundada en 1713 con el fin de combatir las sucesivas oleadas de galicismo que amenazaban la lengua de Cervantes. Pero tan temprano como en 1726 aparece el “Diccionario de Autoridades”, precursor de versiones futuras, enmendadas y ampliadas del “Diccionario de la Lengua Española” que en 2001 alcanza su vigésima segunda edición. Posteriormente surgen otras Academias de la Lengua, Correspondientes de la Española. Hace unos días, el XIV Congreso de Academias, celebrado en Panamá, reeligió a don Humberto López Morales como su Secretario General. El doctor López Morales, cubano por nacimiento y Numerario de la Academia Puertorriqueña y Correspondiente de la Norteamericana ha realizado una labor tan reconocida que se ha ganado un nombre cuyo prestigio resalta ya en todo el mundo de habla española.

También recientemente, la ilustre comentarista de asuntos culturales Olga Connor hizo resaltar en el ambiente local la labor de uno de los académicos el doctor Orlando Rodríguez Sardiñas que presentó en esta ciudad su libro “Fundación del Centro”. El poeta ha realizado una labor extensa con versatilidad admirable. Recuerdo su documentado estudio sobre el poeta colombiano León de Greiff, publicado con el título “Greiff: una poética de vanguardia” que comenté en varios artículos en Miami y la República Dominicana. Su autor preside actualmente el grupo de académicos que reside en esta ciudad. La docta corporación cuenta aquí con varios académicos tanto Numerarios como Correspondientes: Los numerarios son Beatriz Varela, Rodríguez Sardiñas y este servidor, y nos acompañan con su trabajo ilustrísimos Correspondientes como Horacio Aguirre, Luis Angel Casas, Armando Alvarez Bravo, Uva de Aragón, Alfredo Ardila, Yara González Montes, Luis Mario, Maricel Mayor Marsán. Un miembro muy joven y con una actividad incansable a favor del idioma merece un reconocimiento especial, Joaquín Badajoz. Y un Numerario que como este columnista lleva más de un cuarto de siglo en la Academia, Emilio Bernal Labrada, pasa buena parte del año en Miami.

Una demostración de la efectividad de las labores de la Academia, se demuestra con el trabajo de Rodríguez Sardiñas, autor de “La última poesía cubana”, “Canto en la Florida” y otros libros, con su significativo aporte a la “Enciclopedia del español en los Estados Unidos” del Instituto Cervantes y al “Diccionario de Americanismos” de la Asociación de Academias de la Lengua Española”, en el que dirigió esfuerzos que resultaron fundamentales para su publicación. A través de la América del Norte, otros Numerarios y Correspondientes de la Academia laboran incesantemente por preservar y difundir el idioma en los más altos niveles imaginables. Son profesores universitarios, hispanistas, poetas, narradores, ensayistas, dramaturgos, historiadores, artistas y otros trabajadores intelectuales.

Los hispanos que trabajan en otras profesiones y oficios, que brillan en la política y el mundo empresarial prestigian como estos académicos y sus muchos colaboradores no sólo a nuestra Academia sino a toda la comunidad hispanohablante, demostrando la posibilidad de que otros hermanos nuestros, los que viven y trabajan en Norteamérica sin siquiera el reconocimiento de la documentación inmigratoria adecuada, contribuyan con una vida entera de servicio y superación.

El Honorable Alcalde Tomás Regalado entregó recientemente las Llaves de la Ciudad de Miami al doctor Piña Rosales, nuestro director. Me propongo dar a conocer próximamente algunas contribuciones de ese gigante de la lucha por el idioma y la hispanidad. La Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) está, pues, presente en Miami y en toda esta nación de inmigrantes e hispanohablantes y también de académicos de la lengua española.

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