Publicado el 01-23-2012
La Seguridad y la Libertad
en Ciudades y Campo
En los Estados Unidos de América, en la actualidad, desde hace años se están afrontando graves problemas económicos y de paz social. Mucho se insiste en la parte económica porque tiene aspectos agobiantes que han surgido de inmediato. Sin embargo, los relacionados con la paz social, con la seguridad colectiva, tienen ya muchos años y van aumentando en alarmante progresión. Los primeros minutos, a veces muchos, de los programas noticiosos de televisión, por ejemplo, reflejan espeluznantes casos de crímenes de distinta índole que demuestran una inseguridad pública acaso inimaginable.
Cuando se cree que ya se ha llegado al límite de lo que puede ser un crimen contra un niño recién nacido o a un anciano, pasando por todas las etapas de una vida normal, hay que enfrentarse a la sorpresa de algo inimaginable en materia de delitos. Los robos a mano armada, por ejemplo, se han vuelto cosa común y corriente a distintas horas del día y de la noche. Lo mismo ocurre con los asaltos domiciliarios.
Las estadísticas que supuestamente reflejan en muchos casos descenso en la cantidad de crímenes no responden verdaderamente a la realidad, aunque desde determinado punto de vista “científico” lo que se dice tenga algo de veracidad. Pero es una veracidad que no destruye la realidad de los espantosos crímenes clasificados según las circunstancias y casos de distintas maneras.
Hay que multiplicar esfuerzos de parte de las autoridades encargadas del orden público para combatir esta delincuencia que afecta gravemente la seguridad de las personas, de las familias y de los barrios incluyendo, desde luego, los sitios de estacionamiento en los centros comerciales. Se necesitan agentes de la autoridad – policías – para esa vigilancia y, muy importante, se necesitan agentes encubiertos que, en forma secreta, se encarguen de descubrir los focos de criminales que generalmente se encuentran en los ambientes donde el consumo y venta de drogas es de permanente y vasta proporción. Es decir, la policía tiene que cubrir esos dos aspectos, el de los agentes uniformados y el de los que actúan sin uniforme. Unos y otros son necesarios, se complementan.
Hay que tener presente, como algo fundamental, que sin seguridad de hecho no hay libertad porque de nada sirve que las autoridades no la restrinjan si no la protegen.
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