Publicado el 01-24-2012
Otro hombre entrega
Por Rogelia Castellón
En nuestras gestas libertadoras cada muerto se ha convertido en sombra sin perder su nombre, sin que el dolor de su partida haya podido alejar la idea. La idea es siempre la misma queremos ser libres. Nos detiene un defecto, no sabemos apretar las manos para mantener nuestras libertades. El hombre y la mujer cubanos nos hemos convertido desde el año 1959 en caminantes de tierras prestadas y desde ellas buscamos el encuentro con la palabra hermosa y amada, pero con alas capaces de alejarse del deseo de los pueblos de mantenerla en el abrazo cercano.
Amor, amor a la palabra que te hace caminar por ella. Entrega a la idea por la cual puedes dar tu vida. Regalo precioso a los hijos llegados al mundo para ser libres. Nuestra carne, la sangre empujando nuestras vidas, el amor hacia ese primer latido, todo nos lleva al deseo de crecer hijos felices soñadores de libertades. Por eso no detenemos el camino. Por eso hombres como Wilman Villar Mendoza no temen a la muerte. Aman la vida que ofrecen para lograr la existencia de la palabra buscada, para ser libres, para sembrar un árbol portador de belleza y de sombra, para escribir un verso…para amar.
Cuba la isla amada quiere ser libre, lo ha querido desde sus primeras generaciones y tiene hijos con deseos de hacer patria. Hijos haciendo historia en un mundo de miradas indiferentes de oídos cerrados al dolor del hombre esclavo.
El esclavo no lleva necesariamente grilletes para atar sus cadenas. El esclavo de nuestra tierra de ahora se hace por la fuerza de un arma y especialmente por las decisiones de los hombres que forman tribunales en los cuales la ley no esta escrita, es solamente una orden para mantener a la tiranía libre de peligros.
Wilman Villar Mendoza no quiso ser esclavo y protestó. Quería hablar con sus palabras. Quería vivir caminando por su camino, deseando alcanzar lo soñado. Quería vivir sin fronteras que detuvieran sus pisadas y sus determinaciones. Quería enseñar a sus hijos a ser libres. Fue pacífico cumplidor de las leyes. La tiranía lo acusó de desacato a la autoridad y la justicia lo condenó a cuatro años en una prisión castrista para silenciarlo, para quitarle su palabra derecho.
Wilman Villar Mendoza ha muerto. Un hombre más muere sin alcanzar la palabra, pero muere por la palabra. Ha muerto por protestar, por no aceptar la decisión de la tiranía de hacer silencio de un pueblo amante de las palabras y de sus sonidos. Un pueblo crecido con las enseñanzas de los maestros que pisaron tierra de montes para buscar el sueño con un machete en la mano.
Ha costado sangre, mucha sangre tener nombre de patria libre, nacer y morir en el lugar escogido, escuchando en la brisa las palabras de un himno, buscando en las nubes los colores de una bandera mientras la tierra cubana va cubriendo el cuerpo de un hombre ya libre de la tiranía. Pienso en este caso y recuerdo a tantos hombres jóvenes y viejos muriendo frente a un paredón dejándonos sus últimas palabras “Viva Cuba libre” “Viva Cristo Rey”. Muchos de ellos sin tumbas, pero recordados como semilla nueva para una Cuba nueva. En este caso igual que en los de los demás oponentes de la tiranía, no debemos olvidar la tragedia producida al juzgar a un hombre por reclamar dignamente sus derechos civiles, reconocidos por la Ley Suprema de la nación y la voluntad de un gobierno de condenar tales peticiones sin tener en cuenta el derecho de cada hombre y de cada mujer a recibir un trato justo y humano.
No podemos aceptar que la verdad como parte de un pedido de justicia pueda ser calificada de desacato a la autoridad y castigado con cuatro años de cárcel. ¿Cuántas preguntas se habrán hecho Roberto López Chávez primer hermano muerto en una huelga de hambre en las prisiones castristas, Pedro Luís Boitel, Orlando Tamayo y tantos otros, al verse despojados de sus derechos de hombres nacidos en libertad? ¿Soy un hombre libre cuando no puedo reclamar los derechos entregados a mí por la Constitución de mi país? ¿Soy un hombre libre cuando mi reclamo justo se premia con la injusticia de una cárcel tan cruel?
Vivir en la injusticia, sentir el dolor del abandono, y del bayonetazo dado por la mano de un traidor empujan al hombre a realizar estas acciones desesperadas, siempre para beneficio de otros hombres del futuro. Los muertos en estas huelgas y en todas las acciones buscadoras de libertad han ido siempre con la idea del sacrificio. Eso debería servir para empujar a los hombres libres de pueblos libres a protestar por tales crímenes, a pronunciar las palabras prohibidas a los cubanos y a levantar altas muy altas sus voces pidiendo la libertad del pueblo cubano y el castigo para los tiranos.
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