Publicado el 02-03-2012
Indolencia y Complicidad
Por Angel Cuadra
No siempre el bando de los que tienen la razón, o la verdad, triunfa en el conflicto; incluso, ni siquiera en el campo de la opinión internacional obtiene el reconocimiento, ni acaso el respaldo moral, para su causa, y se vuelven sordos, en tácita complicidad, los oídos del mundo.
Tras instaurarse en Cuba un gobierno dictatorial de índole comunista, los primeros opositores tenían como motivación de su lucha, el hecho cierto de que en la insurrección contra el gobierno de fuerza de Batista, todas las partes que tomaron parte en dicho proceso, incluido el organismo que encabezaba Fidel Castro, plantearon y se comprometieron en restablecer la institucionalidad que había sido vulnerada; y en reafirmar la libertad y la democracia. Ese era en síntesis el programa.
Tenían, pues, la razón en el conflicto contra una dictadura foránea por la que no se había luchado. Los miles de fusilados, las decenas de miles de presos políticos (hombres y mujeres), los crímenes y atropellos, los centenares de miles de exiliados por los motivos antes citados, durante años no encontraron apenas oídos receptores en el mundo, para su razonable causa. Dolorosa situación que muy bien sintetizó un documental en su título “Nadie escuchaba”.
La nueva promoción de luchadores en Cuba, por la resistencia cívica y los derechos humanos, que ha sido, y es, también una lucha heroica, si bien ha logrado alguna atención en foros internacionales, ha sufrido también bastante desamparo e indolencia, con la excepción de algunos países, en especial los de la antes Europa del Este.
Pero, por lo regular, el régimen castrocomunista siempre ha encontrado colaboradores y cómplices que acuden a apuntalarlo, en sus etapas de crisis, en vez de propiciar los caminos para la recuperación de los valores de la libertad y la democracia, de los que la dictadura ha despojado a la nación cubana. (Incluso cabe señalar la paradoja de que países en los que existen libertad y democracia, apoyan y auxilian al régimen castrocomunista, que niega, amordaza y reprime a sangre y muerte, a los que en Cuba reclaman –y mueren también- por el rescate de esos valores).
A auxiliar al régimen castrocomunista en una de sus crisis dentro y fuera de Cuba, tras la muerte de Orlando Zapata Tamayo, los atropellos monstruosos con activistas no violentos, como las Damas de Blanco y la existencia de muchos presos políticos, con el entredicho de la opinión internacional, entre otros factores, incluida la necesidad de ayuda económica, el pasado año se dio la conjunción de: el gobierno castrocomunista, la Iglesia Católica local y el Ministerio de Exteriores de España, más la “coincidencia” de de un representante del Vaticano en visita a la Habana. Se procedió a la excarcelación de varios presos políticos, para así crear condiciones para acciones de salvamento al gobierno, tales como proyectos de inversiones extranjeras, y más aperturas de flujo económico hacia la Isla, propiciadas por la actual Administración norteamericana.
Auxiliado con un nuevo oxígeno, o nueva posibilidad del mismo, el gobierno arreció la represión, con otras nuevas formas brutales y masivos arrestos de disidentes, con el saldo, hasta ahora, de la muerte a golpes de Wilfredo Soto García, de la muerte propiciada de Laura Pollán y la reciente muerte de Wilman Villar. Y con este trasfondo doloroso en la Isla, se dio en estos días la visita de la nueva presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.
Fue a Cuba con ofertas salvadoras para el régimen, entre otras la inversión de 840 millones de dólares, para la ampliación del Puerto del Mariel, con vistas a incrementos económicos futuros, y otras inversiones en la industria azucarera, renglón económico que el gobierno castrocomunista llevó a la ruina.
¿Y la situación interna del país? ¿Y la atención a la oleada represiva brutal contra pacíficos disidentes? Ah, no; eso no interesa a la señora Rousseff que, al no querer oír a los disidentes, se niega a tener contactos con esos cubanos; y ante el señalamiento que le han hecho algunos medios de prensa extranjeros al respecto, la visitante respondió, despectiva e irónicamente, que sí hablaría de derechos humanos, pero de todo el mundo; con lo que cínicamente minimiza este latente problema cubano, diluyéndolo dentro de un abanico global, aunque, sin embargo, sí individualiza a los Estados Unidos y la base naval de Guantánamo con los presos allí recluidos, como repitiendo las consignas del comunismo internacional.
Activistas de la lucha cívica por la libertad, la democracia y los derechos humanos dentro de Cuba, conscientes de la complicidad de la señora Rousseff con el régimen, no esperan atención alguna de esta visita a la Isla, porque si con los medios técnicos modernos de información de hoy en día, no cabe aplicar aquella expresión de hace años: ¡Nadie Escuchaba!; ante la indolencia y complicidades como las de esta señora, ahora sí cabe decir que sí escuchan, pero vuelven el rostro para el otro lado.
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