Joseph Armando y Ana María
Publicado el 02-04-2012
Carta a mis nietos, Joseph Armando y Ana María
Por Armando Álvarez Bravo
No quiero dejar pasar más tiempo sin escribirles esta carta. De decirles la enormísima dicha que es tenerlos junto a mí. Al hacerla tengo plena conciencia de que la leerán y comprenderán cuando pasen los años, al igual que los libros de poemas que escribí para ustedes: La belleza del físico mundo (para ti, Joseph Armando) y Poemas para la Princesa (¿para quién va a ser, Ana María?). También mis cartas, correspondencia y otros textos en prosa. Abuelo, no tengo que decírselos, ha escrito y escribe caudalmente. Y como va este mundo al revés sé que no tendrán mucho tiempo para leer tanto. Eso sí, lean siempre buenos libros. Es algo que enriquece vuestras vidas, tanto en momentos difíciles que nunca faltan, y en la dichosa andadura que quiero para ustedes y no ceso de pedir a Dios les prodigue.
Uno de los privilegios de la libertad que disfrutan es la posibilidad de elegir. El que la tengan es producto de muchos sacrificios, trabajos y pisadas en el corazón. Aunque injustos, no nos pesan ni a Abu Tania ni a mí por lo que significan para ustedes y, por supuesto, para Mami Liana y Tía Lourdes. Nunca olviden que el Señor, cuyos designios son inescrutables, nos somete a esas pruebas desde Su infinito amor a nosotros.
No dejo de pensar tenazmente cómo serán vuestras vidas, qué harán en ellas. Es una incógnita imposible de descifrar. Pero sea lo que fuere, decidan hacer lo que os gusta y quieren. No tomar esa decisión os hará infelices. No alberguen la menor duda de que ser fieles a vuestros más legítimos deseos os deparará una inmensa paz soplen los vientos que soplen.
Ahora ustedes están en el precioso dominio de vuestra inocencia. Es una época en que vuestra imaginación y vuestros sueños os regalan una inexplicable plenitud porque encarnan en todo lo que hacen y de cuya realidad estáis convencidos. El inexorable paso del tiempo va inevitablemente alejando de la inocencia. Ese es uno de los precios a pagar cuando se crece. Deben creerme cuando les digo que no dejarán de añorarla, de necesitarla. Lo sé muy bien porque la vida se me va en ello. Lo que no pueden ignorar cuando sean mayores es que no importa en lo que estén empeñados para dejarse dominar por el espíritu de la inocencia. Constituye una singular iluminación que otorga pleno sentido a lo hecho.
Con el correr de los días tendrán cada vez menos tiempo para jugar. Tendrán que estudiar mucho, comenzarán las obligaciones, vendrá el trabajo y las responsabilidades familiares. Es algo así como ser expulsados del paraíso que ahora disfrutáis. Pero no caigan en el error de dejar de renunciar al juego cuando sean personas mayores. Claro que esa actividad puede tener muchas facetas. Busquen el tiempo para dedicarlo al juego que os tiente. Será una caricia, un alivio, un horizonte dadivoso. Otra vez, aunque no tengan conciencia de ello, lo paradisíaco.
En vuestro futuro sean fieles a vuestra fe, den siempre gracias a Dios por lo que les concede y pídanle lo que en verdad necesiten. Infinita es Su misericordia. Cumplan con vuestras obligaciones al máximo y siempre tratando de hacerlo de óptima forma. Ayuden al que lo necesite. Quiéranse como ahora el uno al otro y cuídense mutuamente. Prodiguen su amor, cariño y cuidado a vuestra familia, que con la edad los necesitará más. Lean, escuchen música, disfruten las obras de arte, pero también cualquier cosa que encuentren y conserven porque en cuanto la vieron significó algo para ustedes. Tengan un pasatiempo, háganse de una colección de algo que verdaderamente os interesa. No caigan en deuda, uno de los desastres de este tiempo que despoja de la tranquilidad. Viajen porque los nuevos paisajes os enriquecen en todos los órdenes. No dejen que vuestro creciente dominio de la tecnología os haga perder el aprecio por la sencillez. Sean fieles a vuestros valores y principios, aunque esto muchas veces no es fácil. Háganse ilusiones pero no sean presa del engaño y falsos reclamos que pueden perderlos o hacerles daño. Guarden celosamente vuestros recuerdos porque son parte esencial de vuestro patrimonio. Lean poesía y la amarán como Abuelo, que se jugó la vida a las palabras que la hacen. Y nunca dejen de desear ni de soñar. El deseo y el sueño, aunque es imposible de comprender, son el latido de lo que se es y se puede ser.
Y aquí, mis adorados Joseph Armando y Ana María, termino está carta. Sé que constituye una detallada lista de recomendaciones y razonadas reflexiones. Es muy importante para mí porque vivo y viviré en ustedes. Además, Abuelo no sería Abuelo si no la escribe. Que Dios los bendiga.
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