Publicado el 02-07-2012
De Becket pasando por Moore
Por Manuel Márquez-Sterling
En el siglo XII surgió un gran conflicto entre la Iglesia y el Estado en Inglaterra. Dos hombres formidables se enfrentaron: Al frente de la Iglesia estaba el recién instalado Arzobispo de Canterbury, Thomas Becket, quien defendía los derechos de la Iglesia que se remontaban a siglos antes. Al frente del estado estaba el formidable rey Plantagenet Enrique II que sentía que mientras la Iglesia tuviera esos derechos él no era de verdad rey de todos sus dominios. Después de muchos dimes y diretes y de choques políticos agrios un cuarteto de señores del rey cruzaron el Canal de la Mancha y en la Catedral de Canterbury asesinaron al formidable arzobispo que moría mártir por no traicionar a su conciencia pues él había hecho un voto por defender a su Iglesia.
Siglos más tarde el rey Enrique VIII, el de las seis esposas y otras locuras más, y Sir Thomas Moore chocaron por una serie de principios y cuestiones que en un breve artículo como este no nos es posible entrar a detallar, pero que se trataba también de un problema de traicionar a su conciencia, Moore se negó rotundamente a ceder ante los designios de un déspota como era Enrique VIII y pagó su gesto siendo decapitado por una orden real.
Estos dos casos se hallan profundamente enraizados en la historia de los pueblos anglo-sajones y han sido por los últimos setecientos años parte integral del complejo histórico-legal de esta formidable cultura.
Hoy, como el lector ya debe saber, el régimen de “Barack I” por medio de sus ordenes reales contenidas en la nueva ley de la salud, la llamada “Obama Care” le ha ordenado a la Iglesia Católica que tiene un año, hasta el 2013, para que cumpla con una serie de reglas, tales como el dispensar los contraceptivos, los abortos, etc., en todos sus hospitales e instituciones caritativas so pena de incurrir en severas multas y hasta posible cierre de tales instituciones.
La Iglesia ante este “decreto real” se encuentra en la imposible disyuntiva de que para cumplir con la ley tiene que traicionar su conciencia y su libertad religiosa. El problema es muy serio, pues estamos aquí por primera vez en la historia de este país que el estado agrede a una fe religiosa y rompe con la Constitución y con uno de los grandes principios constitucionales que establecieron los llamados “padres fundadores” hace ya más de 200 años.
La enormidad de esta disposición es tal que el que escribe estas líneas espera que Su Majestad “Barack I” rescinda su real orden y le conceda a la Iglesia la excepción a la que por la constitución de la nación tiene todo el derecho. De no ser así, vamos camino a una crisis de consecuencias incalculables. Esto puede ser causa de grandes males… En esta confrontación Estado-Iglesia no es a ésta a la que le toca transigir, sino al estado que se ha salido de los cauces constitucionales. En este caso es el estado el agresor inconstitucional.
La realidad es una y es que desde el primer día que “Barack I” fue instalado como presidente, hace ya más de 3 años, él y su administración se han dedicado a socavar metódicamente las bases de la Constitución para implantar una especie de “dictablanda” de facto que cada día se expansiona más y más hacia horizontes impensables. Hoy por hoy la economía, la industria y las finanzas y muchas otras cosas se hayan regidas por los llamados “zares” que no responden al Congreso, como ordena la Constitución, sino directamente a su majestad real “Barack I”. Una vez perdida la Cámara en las elecciones de 2010 por una reacción electoral que no era nada más ni nada menos que la voz del pueblo diciendo “no estamos de acuerdo con lo que se está haciendo ni como se está gobernando, “Barack I” ha prescindido por completo de la misma gobernando por “órdenes presidenciales.” Y sin ambages frente al pueblo ha declarado públicamente que si tiene que proceder sin la aprobación o consentimiento del Congreso así lo hará. ¿Qué es todo esto sino el andamiaje en donde se monta una dictadura?
Y, ¿cuál es el propósito de esta agresión que a todas luces es un error electoral, ya que “Barack I” se echa así de enemigos a una gran parte de los millones de católicos del país para las elecciones de noviembre? ¿Qué hay detrás de todo este aparente error garrafal? ¿Se puede pensar que el “Consejo Real Consultivo” ( otrora llamado gabinete) del monarca sea tan torpe? ¿Podrá algún católico seguir sirviendo a “Barack I” bajo esta agresión? Aquí hay algo extraño… De lo que sí estamos seguros es que Becket, y Moore deben haber dado una vuelta en sus tumbas. Sepa nuestro “Barack I” que actúa a su propio riesgo y que las urnas quitan y ponen a aquellos que violan la Constitución. Cuando se discutía como dirigirse al presidente, de “su excelencia” o “su alteza” Jorge Washington claramente respondió: “No, simplemente díganme, Señor Presidente.” Y señor presidente seguirá siendo.
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