Publicado el 02-08-2012
En peligro el sueño de
una carrera universitaria
Por Marco Rubio
El lunes, el Vicepresidente Joe Biden visitó Tallahassee para discutir cómo hacer la universidad más costeable para los jóvenes de la nación. Hacer una educación universitaria realidad para más estadounidenses es una noble meta que yo comparto, pero las fallidas políticas económicas del Presidente Obama están haciendo más difícil lograr este objetivo.
Bajo su administración, el gobierno se ha hecho demasiado grande y demasiado caro. Nuestra deuda nacional ahora es de $15 millones de millones ($15 trillones), y tenemos un débil mercado laboral y una economía infectada por la inseguridad sobre lo que nos depara el futuro.
Entre los jóvenes cuyas posibilidades de empleo mejorarían con una educación universitaria, el desempleo es especialmente abismal. Este verano pasado, la tasa de desempleo entre los jóvenes de 16 a 24 años era de 18.1 a nivel nacional, con tasas aún más altas para los afroamericanos (31.0 por ciento) y estadounidenses de ascendencia hispana (20.1 por ciento).
Si el Siglo Veintiuno ha de ser otro Siglo Americano, hacer una educación universitaria de calidad más accesible es un componente esencial para una mayor prosperidad. Yo sé por mi propia experiencia cuán cierto es esto.
Durante mi vida, yo tuve la bendición de unos cuantos factores clave. Primero, he vivido bajo el sistema estadounidense de libre empresa donde las buenas ideas, el talento y el trabajo duro ayudan a la gente a progresar económicamente. Segundo, tuve unos padres que se sacrificaron mucho para darme las oportunidades que ellos nunca tuvieron. Y tercero, yo pude costearme la universidad con programas de préstamos y becas estudiantiles posibilitados por un gobierno limitado que hacía las cosas que debía hacer.
Después de la secundaria, fui al Tarkio College en Missouri para jugar futbol. Yo nunca había vivido fuera de mi casa y mis padres no podían ayudarme económicamente. Lo que lo hizo posible fue la ayuda financiera que recibí. En vez de una beca atlética tradicional, la escuela me preparó un paquete de ayuda que hizo posible realizar mis dos sueños: ir al college y jugar fútbol. Después de una temporada (lamentablemente perdiéndola, porque estábamos 4-5-1), yo decidí regresar a la Florida y dedicarme más a mis estudios, primero en el college comunitario, luego en la Universidad de la Florida y finalmente en la escuela de derecho de la Universidad de Miami. De nuevo, yo dependía de préstamos becas y trabajo.
Estas experiencias me sirvieron bien para comprender los retos que enfrentan los estudiantes para cubrir sus gastos en la universidad y luego, ya graduados, tratando de pagar sus préstamos estudiantiles. Yo estuve en su lugar como estudiante. Y todavía me encuentro como muchos, debiéndole a Sallie Mae más de $100,000 en préstamos para la escuela de derecho, por los cuales pago unos $700 mensuales. Es una experiencia que espero mis hijos no tengan que pasar, por lo que les hemos abierto programas de matrícula prepagada para los cuatro.
Mis experiencias son como las de muchos de los votantes que yo represento, y millones más en todos los Estados Unidos. Ellas me han enseñado que hacer el college más accesible comienza por tener un gobierno disciplinado que no desperdicia dinero en cosas en las que no debe, para poder dar prioridad a ayudar a los jóvenes a progresar económicamente. Mis experiencias también me enseñaron que simplemente no hay una forma mejor de ayudar a los estadounidenses a liquidar sus préstamos estudiantiles que tener un fuerte mercado laboral esperándolos al graduarse y sosteniéndolos a través de sus carreras quitando el gobierno obstáculos impositivos y regulatorios que impiden que los empresarios abran nuevos negocios o expandan los existentes.
Desgraciadamente, a pesar de las mejores intenciones del Presidente, él continúa impulsando aumentos de impuestos a los empleadores con los cuales contamos para que empleen a nuestros mejores y más brillantes alumnos. El se niega a dirigir un gobierno que gaste solamente lo que recibe. El se niega a hacer algo para quitar la inseguridad a largo plazo que parte de nuestra deuda nacional. El se niega a arreglar nuestro complicado código de impuestos, y se niega a frenar a los burócratas de Washington que hacen de nuestro sistema regulatorio una pesadilla para los creadores de empleo.
Ha llegado el momento de cambiar de curso y darles a los Estados Unidos un gobierno que viva dentro de sus posibilidades, un gobierno que pueda pagar por las cosas que el gobierno debe de hacer porque no desperdicia dinero en las cosas que el gobierno no debe hacer. Para la juventud de nuestra nación, tenemos la oportunidad de construir unos Estados Unidos excepcionales cuyo futuro sea más grande que su pasado. Hacer realidad una educación universitaria para más estadounidenses debe ser un componente vital de este imperativo generacional, pero las fallidas políticas económicas del Presidente Obama lo obstaculizan.
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