Profesor Jorge Sanguinetty durante la conferencia. (Foto Álvaro Mata)
Publicado el 06-29-2012
Sanguinetty propone
unidad y compresión
Por Jesús Hernández Diario Las Américas
Cincuenta y tres años después, “muchos cubanos seguimos sin asimilar lo que sucedió en Cuba”, manifestaba el profesor Jorge Sanguinetty al comienzo de la conferencia temática ¿Por qué ha durado tanto el castrismo? que dictaba en Casa Barcadi el miércoles pasado. Situación que reclama importancia para comprender las realidades que afectan la instauración de una sociedad democrática en la isla caribeña.
“Los diagnósticos sociales pueden ser tan dolorosos como los médicos. Así que debemos ser honestos y valientes”, afirmaba el académico, quien fuera economista y profesor universitario, además de ser fundador de la firma consultora DevTech Systems y la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana.
“Hay que entender como un pequeño grupo de inexpertos no sólo tomó el gobierno, sino todo el país”, planteaba el conferencista y autor del libro Cuba, Realidad y Destino (2004). Entendimiento que Sanguinetty exponía sobre la comprensión del pasado y el estado real de la sociedad cubana, dentro y fuera del país.
“Antes de 1952 existía inseguridad institucional, violencia y corrupción”, planteaba categóricamente. “Después hubo quiebra institucional, además de violencia, fuerza y corrupción”, acentuaba. Un caldo de cultivo que dio paso a la falta del estado institucional y el totalitarismo en 1959, además de la violencia, la fuerza y la corrupción.
“Batista se apoderó del gobierno aprovechando sus debilidades pero no se apoderó de la sociedad ni de la economía”, mencionaba para luego aludir al mal del caudillismo. “El país esperaba un salvador y parecía ser Fidel Castro”, rememoraba durante la conferencia que dictaba en casa Bacardí del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-americanos.
“Castro pudo llenar los espacios institucionales con muy poca oposición”, recordaba. “Las instituciones públicas y privadas se desvanecieron, así como la prensa dejó de tener influencia en la ciudadanía”, añadía.
Asimismo, el profesor Sanguinetty recordaba como la sociedad cubana se dejó despojar del capital financiero y surgió el éxodo como remedio inmediato “ante la falsa creencia que los americanos no permitirían un régimen comunista en Cuba”.
“El enfoque (del análisis) no debe ser que un (hombre) malo venga y se apodere del poder, sino que la sociedad se lo permita hacer”, puntualizaba.
“Hoy la sociedad cubana está mucho más debilitada que en 1959”, aseguraba. “No existe sector privado organizado, la sociedad civil apenas comienza a sentirse y la capacidad productiva está devastada. El gobierno persiste en mantener la represión, el bloqueo económico interno y el monopolio de los poderes”, recapitulaba.
“La oposición (interna) está viva pero fragmentada. Incluso las organizaciones del Exilio tienden a ser excluyentes y el apoyo financiero es insuficiente”, declaraba justamente antes de recordar el error histórico de una buena parte de los grupos exiliados cuando eludieron el apoyo al Proyecto Varela (1998). El célebre trazado que fomentaba reformas políticas en la Isla a favor de mayores libertades individuales.
“Hay que reconocer que Oswaldo Payá (y el Movimiento Cristiano Liberación, entre otros disidentes) logró algo que nadie antes pudo hacer en Cuba”, invocaba el profesor Sanguinetty. Logró reunir más de diez mil firmas para cambiar la ley a pesar de la represión”, recordaba.
“Debemos enfocar nuestro trabajo en los que nos une y no en lo que nos divide”, sugería al mismo tiempo que señalaba la necesidad de mejorar la capacidad de mantener acuerdos y el poder de reflexión ante la dañina “emoción impulsiva” que caracteriza al cubano.
¿Otro caudillo? Según el profesor, un escenario probable, además de la típica violencia que nadie verdaderamente desea, es la aparición de un caudillo en Cuba. El típico líder portador de alguna idea que el pueblo convierte en jefe.
No obstante, hay espacio para una solución mejor. “La transición pacífica es el escenario deseado”, subrayaba.
¿Qué hacer para lograr la transición pacífica? “Necesitamos una organización sólida del exilio con suficiente apoyo de los cubanos (en la Isla) y gobiernos de países”, recapitulaba. Una organización sólida que se sobreponga a la división que caracteriza al Exilio y los grupos disidentes en Cuba.
“Hay muchos núcleos de unidad que hacen su parte pero hay que comprender a los que dentro de la Isla quieren cambios”, aclaraba. “Hay que escuchar sus ideas. La disidencia cubana está allí adentro y conoce la situación mejor”, precisaba.
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