Publicado el 07-06-2012
El 13 de Julio
Por Lincoln Díaz-Balart
El Diccionario Ideológico del Catedrático Julio Casares de la Real Academia Española, define la palabra Genocidio como “Muerte o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, religión, opinión política, etcétera.” Hace 18 años, el tirano de Cuba, Fidel Castro, por motivos políticos, ordenó el hundimiento del remolcador “13 de Marzo” con más de 70 mujeres, hombres y niños a bordo.
Más de 40 de esos refugiados inocentes y desarmados fueron asesinados. El tirano, por lo tanto, cometió un acto de genocidio el 13 de julio de 1994, un acto por el cual tendrá que responder y responderá, más tarde o más temprano, en ésta vida o en la próxima. Es una obligación recordar para siempre a los mártires del 13 de julio y oramos por sus almas, como también por sus familiares. El genocidio es un crimen contra la humanidad que no prescribe, ni puede ser olvidado.
El crimen del 13 de julio de 1994, el asesinato de decenas de cubanos inocentes y desarmados, incluyendo a niños y mujeres, constituyó un crimen contra la humanidad. Por ese crimen pudiera ser y debería ser encausado por crímenes contra la humanidad el tirano cubano. Ahora que le ha entregado los títulos formales del poder a su hermano, debería ser aún más posible y factible. Ese crimen, además, constituye una clara violación de la Convención Internacional Contra la Tortura. Bajo ese tratado, también debería ser acusado y llevado a la justicia el tirano y los que cumplieron sus cobardes y espeluznantes ordenes esa trágica noche.
Recordemos que los crímenes contra la humanidad no prescriben. Por lo tanto, todos los responsables de esos actos más que condenables, más que brutales, más que inhumanos, tendrán que confrontar, más tarde o más temprano, a la justicia. No descansaremos hasta que se haga justicia por los crímenes contra la humanidad, como los viles asesinatos del 13 de julio de 1994.
Otro crimen contra la humanidad que ha cometido el tirano de Cuba y su camarilla de gángsters y asesinos es un poco más complejo y difícil de explicar, pero tampoco podrá quedar impune. Consiste en la utilización de Cuba como receptor de basura venenosa, de desperdicios químicos, a cambio de dólares. He titulado esa actividad que practican los hermanos Castro, la prostitución medioambiental. Tengo conocimiento de las actividades de una empresa minera canadiense, la Sherritt, que se ha llevado durante años níquel de la provincia de Holguín para el Canadá, para procesarlo allá y después devolver el desperdicio químico - el veneno - para echarlo en las aguas y la tierra cubana.
Esto se lo ha permitido y facilitado la tiranía a esa empresa canadiense, a cambio de dólares. Los canadienses se han ahorrado grandes cantidades de dinero al poder ignorar las estrictas leyes de su país que regulan el proceso de eliminación de los peligrosos desperdicios de la minería. Yo no tengo conocimiento de otro gobierno que, además de la tiranía de Cuba, haya practicado la prostitución medioambiental.
El daño que se le ha hecho a la isla de Cuba, a su pueblo, y a las futuras generaciones cubanas, es sencillamente incalculable. Es un crimen brutal y canallesco contra el desarmado pueblo cubano, es un crimen contra la humanidad que no prescribirá. Y yo estoy seguro que los canadienses que han estado involucrados, en complicidad con la dictadura, en la comisión de ese delito, tendrán que responder no solo moralmente sino penalmente, cuando los cubanos puedan restablecer un Estado de Derecho que proteja a Cuba en el futuro y héroes de la oposición cubana sean los dirigentes democráticamente electos de la República.
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