Publicado el 07-07-2012
El Civismo en el Vocabulario de los que Gobiernan
Cuando políticos o gobernantes se expresan en forma violenta con respecto a los que son sus adversarios, hay que tener presente que eso representa un peligro muy grande porque los dirigentes de partidos o los que están en el poder mismo deben observar una conducta básica prudente, si hay realmente preocupación ciudadana en lo que atañe a la vida pública de las personas que dirigen la sociedad o el gobierno.
Los jefes de partidos o de gobierno tienen la obligación cívica y política de mantener en alto ciertos valores sustanciales en sus actividades. Por supuesto, los que están en la jefatura del gobierno tienen la obligación de ser más cautelosos en el sentido de evitar injurias que no sólo afectan a los injuriados sino que también a la jerarquía del injuriante. En todo caso, los gobernantes tienen el deber de rodear de prestigio moral su categoría ofreciendo un ejemplo de sensatez a su país. Hay casos en que se llega a extremos en el vocabulario que desprestigian no sólo al que lo usa sino que, en alguna forma, al país mismo, tomándose en cuenta la posición del que usa ese vocabulario. El riesgo de que eso constituya el punto de partida para aumentar la violencia verbal es muy grande. Además, hay que tomar en cuenta que los gobernantes disponen de múltiples recursos para divulgar lo que puede considerarse como desplantes demagógicos y en todo caso ausencia de civismo y de urbanidad, de buenas maneras.
El civismo y la urbanidad, lo mismo que todo lo que se considera buenas maneras, no deben estar ausentes en la conducta de los que gobiernan, mucho menos cuando tienen la oportunidad de imponer su vocabulario a través de prolongados programas de televisión que controla el Estado. Los que gobiernan tienen el deber de no desprestigiar las instituciones que representan. Y la sociedad en general tiene la obligación de exigirles que no haya insultos ni vocabulario grosero que desprestigie no sólo al que los emplea sino también a la sociedad en general, al país entero.
No hay que confundir la democracia con la demagogia, ni mucho menos con el uso y abuso de expresiones repugnantes y desprestigiantes.
and discrediting expressions.
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